- Aunque sin ser brillante, fue a Harvard y Yale, sabe tender puentes con otras fuerzas para lograr sus objetivos y es más simpático que Gore para el ciudadano promedio
- El gobernador tejano no gusta de leer mucho y es conocido por su dificultad de expresión y sus lapsus
María Luisa AzpiazuWashington/EFE
Poco después de ganar la Gobernación de Texas en 1994, George W. Bush llamó a los líderes demócratas estatales e, inmediatamente, empezó a construir con ellos una relación que ahora unos y otros no dudan en calificar de “amistad”.
Seis años más tarde, los demócratas tejanos que en otros tiempos dieron al país líderes de la talla del ex presidente Lyndon B. Johnson o el legendario “speaker” (presidente) de la Cámara de Representantes en los 40, Sam Rayburn -”Mr. Demócrata”- están, según los analistas, “desarticulados”.
Y no es que George W. Bush haya desencadenado una “caza de brujas” contra sus oponentes políticos, sino que ha tendido tantos puentes que las antiguas rencillas partidistas en el llamado estado de la “estrella solitaria” se han convertido en inusitada colaboración.
Este apoyo llegó a su punto culminante cuando el vicegobernador de Texas, el demócrata Bob Bullock, terminó por apoyar la candidatura de Bush a la reelección en 1998 por considerar que era “el mejor gobernador” que Texas ha tenido nunca.
Bullock no era el único que pensaba esto ya que Bush ganó con el 68 por ciento de los votos y se convirtió en el primer gobernador de Texas reelegido para un segundo mandato consecutivo de cuatro años. Para muchos, esta victoria fue consecuencia de la capacidad de Bush de aunar esfuerzos partidistas para conseguir, simplemente, que “las cosas se hagan”. Y eso es lo que Bush, desde su “conservadurismo solidario” que esconde a un republicano moderado, pretende decir qué sucederá ahora: que las cosas se hagan también en Washington.
UNA FAMILIA CASADA CON LA POLÍTICA
Bush cuenta además con toda su familia: su popular madre, Bárbara; sus hermanos que, con Jeb a la cabeza (gobernador de la Florida), han formado una piña en torno a él, su sobrino hispano George P., a quien él llama “el guapo”, y su padre, el ex presidente de quien ha heredado, según le gusta decir, “la mitad de sus amigos y todos sus enemigos”.
Con esta mezcla de ganchos, familia y atractivo personal, George W. -de quien su madre dice que fue un “estudiante más que decente” y es graduado de Yale y Harvard-, está a punto de instalarse por méritos propios en la Casa Blanca ante la perpleja mirada del razonable y preparado Gore que no da crédito al “fenómeno Bush”.
Quizás, en la borrachera de la campaña electoral, a Gore se le ha olvidado el consejo que en su día le dio la ex gobernadora de Texas Ann Richards, a quien el joven Bush le arrebató el puesto en 1994: “Sobre todo -repite siempre Richards- nunca minusvaloren a George W. Bush”.
TIPO CAMPECHANO, QUIEN NO GUSTA DE LEER INFORMES MUY LARGOS
A pesar del pasado patricio de su familia en Nueva Inglaterra, George W. Bush se presenta como un hombre campechano, un “grandón” de Texas que sabe poco de la gran política pero mucho de cómo “sumar fuerzas en lugar de dividirlas”.
– Mucho más desenfadado, simpático y superficial que su contrincante, el vicepresidente Al Gore, Bush ha conseguido contactar con millones de estadounidenses indecisos que prefieren tener en la Casa Blanca a una persona de carne y hueso.
– A Bush, dicen, no le gusta leer informes largos -de hecho no pasa más de 15 minutos leyendo un dictamen del que depende la ejecución de un recluso, la “decisión más difícil de cuantas hay que tomar”-, y no quiere que sus asesores le hagan planteamientos prolongados ya que, sobre todo, es un hombre de acción.
– Es partidario de planes de gobierno limitados para conseguir resultados concretos y odia perderse en burocracias que considera estériles.
– Allan Litchman, profesor de la American University y uno de los máximos expertos de política electoral estadounidense, aseguró a EFE que el sistema político de EE.UU. tiene los recursos suficientes como para lidiar con una situación así.
– Mientras muchos comparan a George W. con Ronald Reagan -que descansó en su equipo mucho más de lo que nadie se imagina-, Litchman afirma que, aunque así fuera, no pasaría nada porque el joven Bush está rodeado de experimentados políticos amigos de su padre, entre los que se cuentan no sólo el candidato a vicepresidente Dick Cheney, sino también el competente general Colin Powell.
SE APOYARA EN SU EQUIPO
Si llega a la Casa Blanca, la Presidencia de Bush descansará en el trabajo de un sólido y experimentado equipo, como sucedió con el ex presidente Ronald Reagan. Sin embargo, la superficialidad de su mensaje, sus ligeros conocimientos de política exterior, sus dificultades para expresarse de manera fluida incluso en inglés, han servido de munición para la campaña demócrata de Al Gore y Joe Lieberman que han repetido una y otra vez que este hombre “no está preparado para gobernar”.