Edgard Rodríguez C. edgard.rodrí[email protected]
El chavalo que comenzó a ilusionar corazones mientras derribaba escepticismos, siente ahora que la realidad se le ha tornado más siniestra que una pesadilla… El peor sitio en el que Oswaldo Mairena desea estar, es el montículo de cualquier parque en este país.
“No sé qué hacer”, dice en un tono sin potencia y con palabras que más bien expresan una profunda tristeza y un sentido de pérdida… “Me siento acosado. Sé que he fallado, pero me han atacado sin piedad. A veces pienso que tendré que irme de aquí”, agrega.
Mairena fue recibido en el país en medio de una agradable atmósfera y se pensó que su presencia, al igual que la de Vicente Padilla, proporcionarían el impulso que esta liga necesitaba para proyectar su nivel y traer a los aficionados de regreso a los estadios.
El zurdo ha hecho su mejor esfuerzo. Tanto que encabeza la liga en efectividad (0.79). Sin embargo, un disparo por la espalda de Adolfo Matamoros el pasado domingo en su natal Chinandega, originó un debate sobre su comportamiento y le ha llovido fuego.
“Me han dicho de todo. Y lo que más me dolió fue que en Chinandega, la policía tuvo que sacarme del estadio porque me querían linchar. No me explico qué sucede. Yo te reto a que preguntés a los jugadores si yo los menosprecio como se dice”, asegura.
Para Oswlado, lo sucedido con Matamoros fue un problema particular que luego fue dimensionado por el periodismo. Y reafirma que en ningún momento ha tratado de hacerse pasar como el “superestrella” de la liga, como se lo ha proyectado últimamente.
“Los periodistas y los aficionados hacen sus propias interpretaciones de las cosas. Ellos tienen ese derecho, pero lo que no deben es meterse con mi vida personal. Y no bromeo cuando digo que quizá lo mejor para mí es que vaya a lanzar a Venezuela”, sostiene.
Estas expresiones, contrastan radicalmente con las emitidas la tarde del 3 de octubre por Mairena, cuando lleno de ilusiones y sueños, aterrizó en el país. Y la gran presencia de periodistas, dio la impresión de ser un agradecimiento por su ascenso a las Mayores.
“Nunca esperé encontrar un clima tan hostil. Yo sé que he cometido fallas. Que quizá se me ha ido la mano al bromear con algunos jugadores, pero quienes me conocen saben que no me he excedido. Otros en cambio, como Adolfo, quieren vulgarearme”, dice.