Maricely LinarteCorresponsal/Leó[email protected]
Para muchos el sentido histórico del 30 de octubre pasó inadvertido por la realización de las próximas elecciones municipales, donde se encuentran inmersos cientos de nicaragüenses que ejercerán su derecho al voto.
Sin embargo, para Alonso Rodrigo Hurtado, la frase que dice “recordar es volver a vivir”, se confirmó cuando volvió a su mente el trágico día donde 25 integrantes de su familia, entre ellos dos de sus hijos menores y su madre, fueron arrebatados de su existencia producto de la corriente de lodo que descendió de la cumbre del volcán Casita.
Hace dos años, recuerda este sobreviviente de la tragedia, el viernes 30 de octubre de 1998, el mismo día en que cumplía 36 años, eran las 11:00 a.m. cuando se encontraba conversando con un vecino, frente a su casa de habitación en la comarca El Porvenir, escucharon un estruendo como el sonido de cuatro helicópteros que pasaban por encima de ellos.
“El cerro se nos viene encima”, fue el grito espeluznante de un amigo de Alonso, mientras corría a su casa, en el mismo instante que la tierra comenzó a temblar, “parecido como cuando pasa cerca una aplanadora”, cuenta la víctima, recordando que la pared de enfrente le cayó encima y lo sepultó por completo.
“Miré cuando una corriente de agua sucia de unos cuatro metros de altura, venía sobre nosotros, mi mamá lavaba maíz en el patio de su casa que quedaba cerca de la mía y fue levantada por el aire, después de la corriente de agua, continuaba la de lodo que llevaba troncos, piedras, animales, ésta me arrastró como 600 metros de donde estaba”, narró Alonso.
Al observar que la corriente de agua sucia se dirigía hacia él, Alonso tomó de las manos a tres de sus hijos que se encontraban más cerca de él, sin poder hacer nada para salvar a sus dos niñas menores de tres años que se encontraban durmiendo dentro de la vivienda.
“Después del arrastre, con el brazo desgonzado, raspaduras y todo adolorido, busqué a mis hijos, uno de ellos tenía un ojo casi salido y los otros tenían desprendidos algunos de sus músculos, como mi niña mayor; me llevé sobre el hombro al que necesitaba mayor atención y dejé a los dos sobre una piedra, fue la última vez que miré a mi niña”, dijo en tono triste Alonso Hurtado, porque según otro sobreviviente murió de dolor al no ser rescatada en el momento preciso.
DOS AÑOS DESPUES
Actualmente Alonso Hurtado, su esposa y sus niños, viven en “Santa María” a tres kilómetros al oeste del municipio de Posoltega, en una extensión de 90 manzanas entre urbanas y agrícolas, en compañía de otras 349 familias sobrevivientes del deslave que eliminó del mapa a las comunidades de El Porvenir y Rolando Rodríguez.
“Ahora tenemos casa autoconstruida, algunos recibimos atención sicosocial, pero demandamos cunetas para las calles, alumbrado eléctrico y sobre todo 320 lavanderos porque sólo tenemos 30 para que laven todas las familias; además necesitamos, más baños y sumideros”, dijo Alonso, quien también es presidente de la Asociación de Sobrevivientes del Casita (ASCA).
Agregó que contribuyen en la siembra de los 2,000 árboles que se encuentran en el Parque Memorial de ocho manzanas, sitio donde cada planta representa la muerte de cada uno de los que perecieron en la tragedia, “esperamos que cada árbol lleve el nombre de cada uno de nuestros muertos”, afirmó el líder.
CONMOVIO A CLINTON
Alonso Hurtado, sobreviviente de la tragedia del Casita, fue la única víctima de la tragedia que conversó durante una hora con el Presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, en su visita a Nicaragua en marzo de 1999. “Lloró junto conmigo, las heridas estaban abiertas y yo estaba sensible”, finalizó su testimonio, comentando que por su beligerancia después del huracán Mitch, fue elegido por un partido para que lo represente en la contienda electoral por Posoltega.