Edgard Rodríguez C. [email protected]
Se desplaza como proyectil sobre las almohadillas y su guante atrapa lo que se mueve… Tiene electricidad en su juego y se mantiene permanentemente enchufado, con ganas de jugar, de divertirse y divertir a la gente.
A Ernesto Garay es cuestión de verlo salir, y ya está uno disfrutando… Pero cuando sus brazos azotan la bola, ahí es cuando comienzan a aflorar ciertas dudas. Justamente ahí radica el inconveniente que por ahora enfrenta.
Como jardinero central, Ernesto tiene varias de las herramientas que la posición requiere, pero por sobre todo, tiene juventud y tiempo para trabajar. Y aparte de eso, un corazón que debe sacarlo a flote y empujarlo a la grandeza.
“Voy a trabajar horas extras para sacar a mi mamá de las limitaciones”, me dijo una tarde mientras era observado por scouts de los Yanquis. Y lo ha hecho. De aquel Garay tímido al enseñar su potencial, ha saltado ahora a un joven deseoso de mostrar su evolución.
A Ernesto lo han visto los Marlins, Yanquis, Gigantes, Indios y Marineros. Todo se han excitado cuando corre y defiende. Incluso cuando tira, pero al verlo batear como que el entusiasmo disminuye y se empieza a hablar de observarlo en otro momento.
Los jardineros centrales son por sobre todo, tremendos defensores, de buen brazo y amplia capacidad de cobertura. Pero desde los días de Willie Mays se les exige que muevan el bate con mucho tacto y que presenten una buena cuota de poder.
Quizá no requieran tanto punch como los patrulleros que juegan en los extremos (letfielder y rightfielder), a quienes se le pide disponer de un pesado bate y brazo poderoso, antes que una excelente defensa y un par de piernas de velocidad relampagueante.
Pero jardineros del calibre de Ken Griffey Jr., Andrew Jones, Bernie Williams y Ray Lankford, pueden ir a los confines del parque en pos de un elevado y luego venir hacia el home a volarse la cerca sin mucho alarde.
Por ahora eso no lo puede hacer Ernesto en nuestro medio, pero está trabajando para ello.
Abrirle un espacio en el Bóer fue un acierto tremendo y convocarlo a la selección, es casi una genialidad. El necesita trabajar duro, fortalecer sus músculos para luego explotar.
Por ahora su razón de ser es la velocidad. Corre, luego existe. Pero necesita mover el bate con propiedad para ser firmado. Aún no es permitido robarse la primera base. Y la gran ventaja que tiene, es que parece disponer del tiempo necesario y el deseo para lograrlo.
Nadie esperaba que ya estuviera construido. Apenas comienza a aterrizar en este béisbol, pero necesita conseguir con urgencia el complemento de sus herramientas. Sólo así podrá dar el salto a la pelota rentada, en la que podría aguarle un futuro promisorio.
En Dominicana dicen que “hay que mover el bate para salir de la isla”. Eso es extensivo a nosotros.