- Los estadounidenses no tienen tiempo para sentarse en un café como lo hacen los europeos
Brigitte Dusseau (AFP)
WASHINGTON.- Pese a que la prosperidad económica que vive Estados Unidos fascina, no deja de ser una pesada carga para los norteamericanos que cada vez trabajan más a costa de su vida privada y familiar.
Ed Hahn es abogado de un importante bufete de Washington. Los expedientes se amontonan tanto que a veces duerme en la oficina, turnándose cada tres horas con su socio para descansar.
Semi Cece es esteticista, y durante el fin de semana ayuda a su esposo con encargos de comidas para pagar la universidad de su hija.
Charlene Bobel es empleada en la operadora telefónica Verizon. Este verano hizo huelga para que se limitaran las horas extras obligatorias.
Todos dicen lo mismo: el trabajo los devora.
“La prosperidad es real, pero tiene dos facetas”, explicó Jared Bernstein, uno de los autores del informe de EPI. “Los salarios han aumentado en los últimos años, pero no necesariamente la calidad de vida”.
Los pobres, explicó Bernstein, trabajan más, fundamentalmente las madres solteras, porque se ven obligados por los recortes en los beneficios sociales.
La clase media trabaja cada vez más duro para compensar el fuerte aumento en los costos de la salud, de vivienda y educación, y para pagar sus créditos al costo más elevado en los últimos 20 años.
“Los estadounidenses no tienen tiempo para sentarse en un café como lo hacen los europeos”, indicó. En consecuencia, en un país donde el 72% de las madres trabaja, la vida en familia ya no es más que una quimera.
El 70% de los norteamericanos encuentra que no pasa suficiente tiempo con sus hijos. La comida en familia se ha vuelto una excepción.
Ed Han pasa raramente un fin de semana entero con su esposa y sus dos hijas. El hijo de Semi Cece, 11 años, aprendió a vivir sólo con su televisión. “La gente tiene más dinero, eso representa más trabajo, él entiende”, explica su madre.
En un país en que el trabajo conserva un fuerte valor moral, algunos empiezan, sin embargo, a rebelarse contra la prosperidad económica considerada demasiado tiránica.
En Verizon, miles de empleados hicieron huelga en agosto durante 18 días antes de obtener que las horas suplementarias obligatorias pasen de 15 a 7 horas y media, por semana, y que el personal sea avisado… dos horas y medio antes.
Los pilotos de United Airlines crearon serias perturbaciones al negarse a hacer horas suplementarias. Y más recientemente, las enfermeras en huelga de un hospital de Washington denunciaron en sus reivindicaciones un empleo del tiempo demasiado pesado.
Algunos Estados tomaron conciencia de ello y recientemente se adoptaron leyes en Nueva Jersey y Maine, que limitan ahora el número de horas suplementarias.
LAS ESTADISTICAS HABLAN POR SI SOLAS
Según un voluminoso informe del Instituto de Política Económica (EPI), los hombres estadounidenses trabajan una media de 49 horas semanales, y las mujeres 42, en un país donde la norma de vacaciones pagadas es de dos semanas al año.
Un 20% de los estadounidenses trabaja más de 50 horas semanales, 13% más que hace 25 años. Y 20% de los empleados debe trabajar horas extras por lo menos una vez a la semana, sin aviso previo.
Y si los padres salvan algunas horas para sus hijos, no les queda para sí: los padres disponen de una hora por día para ellos, 54 minutos menos que hace 20 años. Las madres tienen 50 minutos, 42 minutos menos que hace 20 años.