Vista satelital del huracán “Mitch” sobre Centroamérica en 1998.

Huracanes golpean a Centroamérica

Los huracanes, lluvias torrenciales, olas de calor intenso y sequías son secuelas del trastorno climático Leonel Rodríguez O.*/Especial para LA [email protected] Definitivamente, el clima mundial está trastornado; el cambio climático ya no es una amenaza, es un hecho y sus consecuencias también se sienten en Nicaragua. Apenas dos años de transcurrido los desastres del huracán […]

  • Los huracanes, lluvias torrenciales, olas de calor intenso y sequías son secuelas del trastorno climático

Leonel Rodríguez O.*/Especial para LA [email protected]

Definitivamente, el clima mundial está trastornado; el cambio climático ya no es una amenaza, es un hecho y sus consecuencias también se sienten en Nicaragua.

Apenas dos años de transcurrido los desastres del huracán “Mitch” y se acaban de sufrir algunas influencias del huracán “Keith”, lo suficiente para desbordar ríos e inundar la región del Pacífico y parte de la región central del país. Y no es que las sequías, lluvias intensas, huracanes y olas de intenso calor sean fenómenos de tiempos recientes, pero la frecuencia y la intensidad registrada por estos fenómenos meteorológicos extremos durante los últimos 30 años, es sensiblemente mayor.

Hoy está demostrado que el trastorno climático ha sido inducido por la intervención del hombre en los recursos naturales: aire, suelo, agua, animales y plantas todos ellos íntimamente interrelacionados y en delicado equilibrio.

La composición de los gases que conforman la atmósfera (esencialmente nitrógeno, oxígeno, gas carbónico y vapor de agua), es alterada cuando se incrementan el contenido de gas carbónico que se libera con la combustión de gasolina y diesel de vehículos y fábricas, las quemas antes de las siembras y los incendios forestales principalmente.

Con este aire atmosférico contaminado y denso se retiene mayor cantidad de calor en las primeras decenas de metros sobre la superficie del suelo, aumentando así la temperatura local.

Al aumento de la temperatura local, se le suma el aumento de la temperatura producido por las deforestaciones alrededor de las ciudades que cada vez aumenta su población y ahora los despales -indiscriminados y aparentemente sin control- de nuestros bosques por parte de los extractores de madera y leña. También está comprobado que los despales alejan las lluvias, porque ya no se produce la evapotranspiración de los árboles que alimentan el vapor de agua de las nubes.

CICLOS LLUVIOSOS HAN SIDO PERTURBADOS

A nivel mundial, aumentan también los calentamientos de las grandes corrientes marinas, como los fenómenos “El Niño” en el Océano Pacífico que produce sequías en ciertas partes del continente americano pero también inundaciones casi simultáneas en otras del mismo. La cuota mundial de agua realmente sigue siendo la misma, lo que se ha perturbado es la distribución y la intensidad de las lluvias: se ha perturbado su ciclo natural. Entonces ahora estamos más expuestos a los extremos climatológicos: lluvias torrenciales, huracanes o sequías prolongadas… y hay que tomar prevenciones para disminuir sus consecuencias.

Una información importante a tomar en consideración en relación a los huracanes, además de su intensidad, radio de acción y ruta posible que las técnicas meteorológicas modernas pueden predecir, es su rotación.

LOS HURACANES ENTRAN POR EL PACIFICO

Los huracanes en el hemisferio norte del planeta, giran en forma de espiral con rotación dextrógira, es decir, que giran de derecha a izquierda, en sentido inverso a las manecillas del reloj.

Por eso los vientos huracanados en Nicaragua entran por el Pacífico generalmente en dirección oeste-este, aunque el huracán se encuentre en latitudes norte del Mar Caribe como sucedió con el “Mitch” estacionado al norte de Honduras y el reciente “Keith” que se estableció en Yucatán.

Esto significa que la región del Pacífico de Nicaragua es la que recibe el impacto combinado de lluvia y viento. Por la misma razón, aunado a la textura arenosa de sus suelos generalmente desprotegidos, las laderas que miran hacia el oeste son las más susceptible de deslaves durante huracanes, de tal manera que los riesgos de otro deslave de las proporciones del Casita, siguen latentes.

¿QUE HACER?

Cualquier estrategia y acciones conducentes a promover la mayor infiltración de humedad en el suelo, lo mismo que canalice los excesos de agua por los drenajes naturales ayuda enormemente a disminuir el caudal y la violencia de las corrientes de agua y por lo tanto, ayudan a bajar las inundaciones en las tierras planas.

Lo antes señalado se da especialmente en las laderas donde el agua escurre más rápidamente sin tiempo para infiltrar y lo peor arrastrando las capas superficiales cuando el suelo está desnudo, se puede y se debe promover e implementar un plan masivo y eficaz (no puntual y disperso) de forestación.Asimismo, se puede implementar la protección del suelo con los rastrojos y si es posible, usar leguminosas de cobertura. Esto significa no quemar y no meter el ganado a la parcela para que no consuma todo el rastrojo.

De igual manera se puede canalizar los excesos de agua a través de zanjas o acequias en las laderas para desaguar conforme el drenaje natural. Colocar diques de piedras o de empalizadas en las cárcavas, criques o corrientes tributarias de los ríos mayores para disminuir la velocidad y caudal de las corrientes.

* Especialista en manejo, conservación y fertilidad de suelos.  

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