Yankees dan el primer golpe

Edgard Tijerino M. [email protected] En un juego cargado de suspenso, con el sufrimiento cambiando de acera constantemente, caracterizado por mil encontradas emociones, los Mets salieron frustrados anoche del Yankee Stadium, aguijoneados por una derrota de 4 por 3. Cuando llegó el momento del desenlace después de la una de la mañana del domingo, mientras José […]

Edgard Tijerino M. [email protected]

En un juego cargado de suspenso, con el sufrimiento cambiando de acera constantemente, caracterizado por mil encontradas emociones, los Mets salieron frustrados anoche del Yankee Stadium, aguijoneados por una derrota de 4 por 3.

Cuando llegó el momento del desenlace después de la una de la mañana del domingo, mientras José Vizcaíno, el héroe inesperado con su estocada al corazón de Turk Wendell, trataba de saltar hacia las estrellas y Tino Martínez anotaba la carrera decisiva en ese cierre del inning 12, pocos se acordaban que Andy Pettite y Al Leiter se habían enfrascado en una tenso y apasionante duelo de ceros que fue quebrado por Dave Justice en el cierre del sexto con ese doble impulsador de dos, sólo para que los Mets arremetieran con tres en el séptimo haciendo girar el marcador y manteniendo al grueso de la multitud de 55 mil 913 aficionados, manos arriba y con el corazón en la garganta.

Los Mets continuaron acercándose sigilosamente hacia la victoria, pero Armando Benítez perdió el botín saliendo del banco cuando atravesando por un ineficiente relevo, llenó las bases para el fly de sacrificio de Knoblauch que facilitó el dramático empate de última hora 3-3.

Cuando Rivera y Stanton sujetaron del cuello a los Mets, los Yanquis ejercieron una intensa presión fabricando posibilidades, pero de diferentes maneras, el inseguro pitcheo de rescate de Valentine, logró desvanecerlas con el tiempo avanzando a través de una angustia que amenazaba con hacer explotar nuestros corazones… Finalmente, con otra situación de bases llenas en el fondo del inning 12, apareció José Vizcaíno, quien ya había conectado tres cohetes, y convirtiendo en un sinuoso slider su batazo de línea hacia el jardín izquierdo, empujó la carrera que dejó tendidos a los tercos y valientes Mets.

No pierdan el tiempo buscando el momento clave, y digo esto porque se vivieron tantos, que la grandeza del juego dependió de todas esas posibilidades malogradas.

Ah, si esa bola bateada por Zeile no pega en el canto de la verja del left fielder, y Jeter no saca en home a Timo Pérez con aquel gran tiro en relevo de Justice, justo al guante de posada, delante de los spikes del brioso corredor dominicano.

Que tal, si en el inicio del noveno, Valentine coloca un corredor rápido por el pesado Pratt, en primera, previo al largo doblete de Kurt Abbott que no produjo carrera.

O si O´Neill, experimentado, todavía con suficientes habilidades, no se precipita como un novato sobre el primer lanzamiento de un presionado Rush y entrega con las bases llenas y un out, un batazo para doble play en el cierre del décimo.

¿Quién le sopló a Joe Torre que trajera como emergente a Polonia?… ¿Se puede seguir tomando riesgos con Armando Benítez?… ¿Por qué esa inutilidad de los Mets para producir durante toda la primera parte del juego?… ¿Cómo fue posible que batazos de foul se convirtieran en outs afectando a los Mets y que dos hombres –uno de cada lado- fueran sorprendidos en primera amputando opciones?… ¿Cuál de todas las posibilidades viables que puedan presentarse en un juego, hizo falta por la noche del sábado y la madrugada del domingo en Nueva York?… ¿Por qué Torre y Valentine no usaron a Billy Crystal y Jerry Seinfield como emergentes, sacándolos de las tribunas?

Ciertamente fue un juego distraído, abierto a mil discusiones, disponible para ser ganado con cualquier uniforme, pero, finalmente mejor aprovechado por los Yanquis que sacaron del closet a José Vizcaíno para insertarlo en el line-up en vista de su sorprendente efecicacia contra Leiter, y lo dejaron para que se convirtiera en la re-encarnación de Ulises, y con una estacazo decisivo despues de 4 horas y 51 minutos de sufrimiento sostenido, empujara a los Yanquis hacia la victoria terminando con un largo calvario para los dos equipos.

PRIMER GOLPE

Dave Justice volvió a probar que se trata de la mejor adquisición realizada este año en las Mayores. Cargó con el equipo en la temporada, lo metió al play offs y la Serie Mundial y ahora empujó las dos primeras anotaciones de este primer éxito.

Y claro, la sensación fue Vizcaíno, con sus cuatro hits, de los cuales los últimos dos fueron los verdaderamente útiles. El tercero fue clave para propiciar el empate a tres que obligó el extrainning y el cuarto acabó la batalla espectacular y dramáticamente.

El juego duró 4 horas y 51 minutos, un nuevo récord. La marca anterior eran las 4 horas y 17 minutos del cuarto juego del clásico de 1996 entre Yanquis y Bravos.

Asistieron al juego 55,913 fanáticos, aún distantes de los 57,485 que constituyen el récord del “Yankee Stadium”.

La victoria de anoche fue la número 13 consecutiva de los Yanquis, que dejan atrás marcas de 12 de los Yanquis de 1927, 1928 y 1932.  

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