- Enders llegó a Managua convencido de que el FSLN apoyaba al FMLN con armas
Eduardo Marenco [email protected]
SEGUNDA ENTREGA.- De manera que cuando el Subsecretario de Estado para Asuntos Interamericanos de Estados Unidos, Thomas Enders, llegó a Nicaragua el 11 de agosto de 1981, su gobierno estaba firmemente convencido de que el FSLN estaba supliendo de armas al FMLN y puso sus cartas sobre la mesa: se deja de “exportar la revolución a El Salvador” y el gobierno de Estados Unidos mantiene cooperación internacional con Nicaragua, o de lo contrario se cortaba todo apoyo financiero.
Enders, de seis pies y seis pulgadas de estatura, fue recibido en el aeropuerto internacional “Augusto C. Sandino”, por el saliente embajador de su país, Lawrence Pezullo; el embajador nicaragüense en Washington, Arturo Cruz y el Vicecanciller sandinista Víctor Hugo Tinoco.
El influyente diplomático norteamericano se reunió con el Canciller sandinista Miguel D’Escoto Brockmann; el representante del Movimiento Democrático Nicaragüense (MDN), Alfonso Robelo; el Cardenal Miguel Obando; el Consejo Superior de la Empresa Privada (COSEP) y la Dirección Nacional del FSLN.
“Los resultados de la visita de Enders marcaron el viraje de la política exterior de Estados Unidos hacia Nicaragua”, comenta años después un ex alto dirigente del Departamento de Relaciones Internacionales (DRI) del FSLN.
Enders le dijo claramente a los sandinistas que debían dar punto final al apoyo militar al FMLN, reducir el Ejército Popular Sandinista (EPS) a 15,000 hombres, a cambio de la no intervención de EE.UU. en la revolución sandinista, pero la Dirección Nacional del FSLN decidió no dar marcha atrás.
La propuesta de Enders, de un acuerdo bilateral de no agresión, vino acompañada de un despliegue militar de Estados Unidos en la región pero aún así los sandinistas se negaron a llegar a un acuerdo. Es más, estaban orgullosos del apoyo a la guerrilla salvadoreña.
El 19 de julio de 1981, en el acto del segundo aniversario de la revolución que se celebró en Masaya, los cayuqueros del Golfo de Fonseca que trasladaban el armamento al FMLN, todos de vieja experiencia y varios de ellos reclutados entre contrabandistas, estaban sentados en la tribuna, “en homenaje a su arrojo”, una fila más abajo de la que ocupaba el presidente Luis Herrera Camping, de Venezuela, recuerda en sus memorias el ex vicepresidente sandinista, Sergio Ramírez.
CABLE SECRETO DE HAIG
Un cable secreto del Secretario de Estado, Alexander Haig, fechado el 22 de agosto de 1981, calificado de “secreto” y dirigido a todas las delegaciones diplomáticas de Estados Unidos, hace un resumen de la visita de Enders a Nicaragua.
“Al reunirse con seis líderes en Managua, Nicaragua, el 11 y 12 de agosto, el asistente del secretario, Enders, indicó que el gobierno de EE.UU. había determinado que era el momento para medir el nivel de las relaciones entre ambos países y se abordaron conversaciones de los tres temas más importantes en las relaciones existentes”, dice el cable secreto de Haig.
Los tres puntos abordados en la reunión fueron:
– El tráfico de armas y otro apoyo militar nicaragüense a la guerrilla salvadoreña.
– La carrera armamentista y las amenazas impuestas a los países vecinos de Nicaragua por la rápida construcción del ejército de Nicaragua y sus milicias, además de la adquisición de sistemas de armas sofisticadas y otros equipos militares.
– Los temores nicaragüenses de sospechosos esfuerzos de desestabilización por parte de EE.UU.
“Enders subrayó un proceso y un marco de tiempo dentro del cual las posibilidades de acceso para que las relaciones entre Nicaragua y EE.UU. sean positivas y normales. El departamento está ahora preparando propuestas específicas para el sometimiento al gobierno de Reconstrucción Nacional. Vemos las próximas ocho o diez semanas como un período crucial para valorar a la Junta de Gobierno y su voluntad y capacidad de responder positivamente a nuestro enfoque”.
En el cable, el secretario de Estado refiere “bajar el tono de las declaraciones del gobierno de EE.UU. sobre las acciones de la Junta de Gobierno, para refrenarse de lo retórico, y no hacer ninguna declaración pública sobre los actuales esfuerzos estadounidenses”.
“El final definitivo al tráfico de armas indicará la voluntad de la Junta de Gobierno de responderle a EE.UU. su deseo de una relación más normal”, concluyó el cable.
Pero el gobierno sandinista, desde el “Buró Ernesto” coordinado por la Dirección V de la Seguridad del Estado y el Departamento de Relaciones Internacionales (DRI), continuó enviando armamento a los primos.
El primero de diciembre de 1981, tras el fracaso de las negociaciones entre sandinistas y Estados Unidos, el presidente republicano Ronald Reagan firmó la autorización de las operaciones encubiertas militares y paramilitares de la CIA contra el gobierno sandinista.