Hijalmar Padilla [email protected]
Impartía clases en El Chilamate, poblado rural del Departamento de Zelaya, cuando un anuncio radial cambió su vida para siempre.
Corrían los primeros años de la década de los 60, cuando Francisco José Ruiz Morales, conocido como Pepe Ruiz, se enteró que sus verdaderas habilidades de maestro estaban frente a un micrófono y en una cabina de locución.
A Pepe Ruiz no le deparaba un destino para vivir entre el sopor de una aula de clase, lidiando con el deber de educar a diversas generaciones.
Su lugar y éxito estaba en la locución deportiva pese a que una vez olvidada su pasión magisterial, cuando se trasladó a la capital, también se distinguió en la dramatización, animación musical y locución comercial.
“En ese tiempo no era cuestión de que vengo y me quedo”, recuerda Ruiz Morales al memorar sus días de primerizo.
“No eran tiempos de que si se te antojaba podías ser locutor. Primero te probaban. Si había talento y futuro después te preparaban. No había improvisaciones”.
De hecho el popular Pepe Ruiz nunca comenzó de golpe en las transmisiones deportivas.
Con el devenir del tiempo, tras exitosas intervenciones en diferentes especialidades radiales, fue que este notable de la narración deportiva se topó con su genuina estrella.
“Me descubrió José Castillo Osejo. Él se enamoró de mi voz. Fue quien siempre más me apoyó”, asegura acerca de cuando se entrevistó con este reconocido personaje radial mientras intentaba convencer de que su voz y pericia podían brillar en la radiodifusión nacional.
Luego de permanecer unos seis años bregando por diferentes faenas radiales, micrófono en mano, finalmente Pepe Ruiz incursionó de lleno en la narración deportiva tras el terremoto de 1972.
“A Castillo Osejo se le metió que debía ser narrador. A veces me tocaba narrar de manera imaginaria y eso no es jugando”, cuenta este peculiar locutor deportivo que hizo novelas entre 1965 y 1974, atrapando el interés de muchos oídos en especial del sexo femenino.
Actualmente no necesita actuar tan románticamente, ni fingir la voz con aparente ternura para pegar como lo logró interpretando a imaginarios personajes por medio de incontables radionovelas.
Le bastan aproximadamente 30 años de experiencia, locutando y narrando distintos acontecimientos del deporte con exclusividad en el béisbol, para ubicarse como uno de los cronistas deportivos preferidos del país.
A FONDO CON PEPE RUIZ
¿Dónde naciste?
“En Acoyapa City, sucursal del cielo”
¿El mejor locutor?
“Locutores habemos buenos, pero el único que ha marcado la diferencia entre bueno y el estamento superior, un narrador fuera de serie, se llama Sucre Frech”
¿Y Pepe Ruiz?
“Un buen locutor y en béisbol un excelente narrador”
¿Tu lugar en un ranking?
“Bueno, cada cual tiene su clientela y eso depende del estilo. Todos tenemos nuestra clientela y estilo y en eso por ejemplo Enrique Armas, que no narra el béisbol, te lo cuenta, ha creado uno nuevo, porque no narra el béisbol, te lo va contando, no lo va describiendo, pero le ha gustado a la gente”.
¿Y los otros?
“Julio ‘Porteño’ Jarquín, un hombre de mucho respeto. Carlos Reyes con lo suyo. Enrique ha aprendido bastante. Hay que ponerle atención a Agustín Cedeño”.
¿Quién más?
“Ah bueno, se me olvidaba Francisco Pavón. ‘Voz de barítono’, una linda voz, un hombre que sabe mucho de béisbol, centrado”.
¿Pero…?
“Tiene un problema, Pavón se mete a Las Flores y no sale de ahí. Sólo sale a narrar y después se encueva, como las iguanas. Él debería escribir ‘Desde la Cueva’”.
¿Su hijo, Nelson?
“De los nuevos es este muchacho, tiene una linda voz porque la radio es voz”.
¿Los secretos de tu éxito?
“Los aprendí haciendo novela. Con ella se aprende el dominó del micrófono, del escenario”.
¿Tu modo de ser?
“No lo voy a romper. Nunca he cambiado, lo juro por mi madre que la tengo bien delicada. Siempre he sido y he tratado de ser humilde”.
¿Un afortunado?
“Tuve el mundo en mis manos. En primer lugar estuve en una radio que fue un poder, la Corporación, emisora de primer lugar. Y segundo fui apoyado por dos de los hombres más poderosos de este país en la radio, Fabio Gadea Mantilla y José Castillo Osejo, dos escuelas”.
¿Tomaste bastante?
“Armando Proveedor, Mario Díaz y yo, nos bebimos la mitad del lago de Managua con todo lo que tiene adentro”.
¿Lo peor que te pasó?
“Eso, beber guaro. Mi posición fuera otra. Lo que gané en dinero y el prestigio que logré alcanzar aún así tomando es una prueba. Imagínese dónde estuviera sin tomar”.
¿Tu estilo?
“Al comienzo uno trata de captar diversos estilos para después imponer el propio. Uno no puede ser igual a otro”.
¿Lo propio?
“Un carácter muy alegre. Nunca he dejado de ser yo. Un tipo jodedor, no grosero, con una picardía que no sea hiriente, ni ofensiva”.
¿Y el humor?
“Viene con uno. Digo cosas que a veces después me quedo y me pregunto: ‘¿Qué fue lo qué dije? ¿Las habré metido?’. Son chispazos que se le disparan”.
¿Cómo te salís del hoyo?
“Con la experiencia. Y en eso la experiencia mía por más bruto que sea después de 30 años algo he aprendido”.
¿Peluca o pelo original?
“Ve ahora mi pelo ya está muerto, mustia. Si yo fui hippie. Mi pelo era tan… y muchos aquí se ponen celosos porque yo les digo que las niñas me decían: ‘¡Ay mi John Lennon!’”.
Pero… ¿te lo teñís?
“Hombré, ‘Pelo de lluvia’ (Arcángel Urcuyo Báez) me ha enseñado a que use un tinte especial que me lo mandan de Acoyapa. En serio, seguro. Sinceramente, sí me lo tiño”.
¿Comprometido con el León?
“Así es y es por una amistad muy bonita que cultivé con Alfredo Fernández, hoy ministro de la Presidencia”.
¿Verdadero amor al equipo?
“Comenzaron pagándome y lo siguen haciendo. Si le estoy narrando al León y me pagan para que le narre, no puedo serle desleal”.
¿Amor o interés económico?
“Lo económico desapareció, ya me enamoré del equipo”.