- Esa región es un mundo aparte. Un paraíso lleno de paradojas. En ellas, se encuentran cosas que no conoce la ciudad como el silencio, el aire puro y la seguridad, cimentadas en esa selva espesa
- Como toda cultura, las etnias Mayangna y Miskita no están exentas de cambios, sin embargo, los indígenas siguen viviendo de las mismas actividades de hace varios siglos atrás: la caza y la agricultura
Amalia [email protected]
La montaña y el río son testigos de su existencia. Fueron concebidos en el bosque. Brotaron de los flancos de transparentes y fibrosos brazos de agua. Se trata de los cuatro territorios indígenas de la reserva de Bosawás, situados en unos 300 kilómetros sobre las riberas de los ríos Coco y el Bocay.
El tenue celeste con que se pinta en el mapa al río Coco, frontera entre Nicaragua y Honduras, no refleja ni en su más mínima expresión el mundo olvidado y exuberante de los mayangnas (mal llamados sumos) y miskitos que allí palpita.
Esa región es un mundo aparte. Un paraíso lleno de paradojas. En ellas, se encuentran cosas que no conoce la ciudad como el silencio, el aire puro y la seguridad, cimentadas en esa selva espesa.
La reserva de ahí también es humana. Bosawás esconde el reino de la etnia Mayangna. A la orilla de ríos como Lakusta, Amak y Wina superviven los mayangnas. Los miskitos dominan en las riberas del Coco.
Como toda cultura, las etnias Mayangna y Miskita no están exentas de cambios, sin embargo, los indígenas siguen viviendo de las mismas actividades de hace varios siglos atrás: la caza y la agricultura.
La población sabe que el río Coco es frontera y que al otro lado, por aquello de la división política es Honduras. Pero eso no impide que muchos tengan sus cultivos en suelo catracho y que además sostenga con ellos una relación comercial.
Actividades como la pesca y la güirisería (sacar oro) han perdido apogeo en la zona, sobre todo después del huracán Mitch, según la población.
Los frutos que crecen en la zona dan pie a la creación de platos tradicionales, como el guabul y la buña.
La religión es un aspecto que sobresale en el transcurso de las 72 comunidades. Tres iglesias tienen presencia en la zona: Morava, Católica y Adventista. La primera tiene mucho peso, sobre todo en las comunidades indígenas que pertenecen a Waspán, de donde proviene la influencia de la misión morava.
Esas tierras indígenas prácticamente son territorios sin Ley. Los consejos de ancianos, son quienes por tradición dictan las normas de conductas de esos pueblos. Otra autoridad que infunde respecto, son los reverendos o delegados de la palabra.
Las casas, la comida, la religión, su música -en peligro de extinción-, su idioma, su concepción de la producción y del trabajo, son rasgos que distinguen a estas sobrevivientes culturas indígenas que habitan Nicaragua.
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