Detrás de la magia del circo

Como Garrick, los escasos artistas circenses nicaragüenses ríen para no llorar Moisés MartínezEspecial LA [email protected] Cuando uno piensa en el circo se imagina luces multicolores, payasos sacándoles sonoras carcajadas a niños y adultos, trapecistas desafiando a la muerte, contorsionistas en las posturas más difíciles e inverosímiles, bellas bailarinas y todo un ambiente lleno de magia […]

  • Como Garrick, los escasos
    artistas circenses nicaragüenses
    ríen para no llorar

Moisés MartínezEspecial LA [email protected]

Cuando uno piensa en el circo se imagina luces multicolores, payasos sacándoles sonoras carcajadas a niños y adultos, trapecistas desafiando a la muerte, contorsionistas en las posturas más difíciles e inverosímiles, bellas bailarinas y todo un ambiente lleno de magia y colorido. Pero ¿qué hay detrás de todo ese ambiente de fantasía a la hora de caer el telón?

En Nicaragua, el sector circense atraviesa una situación extremadamente difícil. Mientras la crisis económica los asfixia, la falta de organización y ciertas pugnas en el gremio complican aún más la situación y alejan la luz al final del túnel que tanto ansían estos especiales artistas.

Pese a lo anterior, sumado a la dura lucha contra las modernas alternativas de diversión como la televisión, el cine y los juegos de video, los artistas del circo no desfallecen. Siempre que salen frente al público dejan atrás todas sus penurias y dificultades y dan lo mejor de sí, para que los pocos asistentes se lleven a su casa un feliz recuerdo.

El circo Handal fue fundado hace cuatro años. Su dueño, Franklin Handal, fue miembro de la Asociación Sandinista de Artistas de la Cultura que funcionó entre 1985-1989 y era dirigida por Rosario Murillo. Esta agrupación aglutinaba a todos los cirqueros del país.

Recordó que en esa época, estar afiliado significaba un salario básico y la oportunidad de viajar a lugares tan lejanos como la ex Unión Soviética. Durante esos viajes, Handal tuvo la oportunidad de actuar en los circos de Moscú y Leningrado, además de estudiar en una escuela circense en Cuba. “¿Cuándo hubiéramos podido ir al otro lado del mundo de manera gratuita?. Era un tiempo en que nos apoyaban bastante”, evocó.

A partir del gobierno de Violeta Barrios de Chamorro, los artistas circenses dejaron de recibir apoyo del gobierno. Esta política se mantiene hasta el presente. “Necesitamos que este gobierno no apoye. El gobierno bien podría contratarnos para montar una función gratuita para los niños de la calle, ya que el circo es una diversión sana”, planteó.

En la actualidad, los circos sobreviven de lo pueda generar un mercado poco entusiasmado ante este tipo de espectáculos. “Por lo menos en Managua no pagamos impuestos, aunque la Policía en ocasiones nos cobra el derecho a usar un espacio público. Pero en los departamentos no nos salvamos. Allí nos cobran la Policía y la Alcaldía. Por lo menos en la Alcaldía se hace un arreglo de pago, el cual se efectúa dependiendo del ingreso de taquilla”, aseveró.

Los circos, así como otros espectáculos tienen lo que se llamaría temporadas “buenas” y “malas” que se rigen por las estaciones climáticas. La temporada de invierno se conoce como el “tiempo malo”, en el cual apenas se consigue para la comida. Durante ese tiempo, el circo se mantiene en la capital. “Lo que sucede es que las lluvias nos afectan las funciones. Si llueve sábado y domingo, la gente no llega a los circos y se pierde la semana de trabajo”. El verano es la temporada buena y la dedican para viajar por los departamentos. “Chinandega, León y Corinto son las plazas más importantes. A veces vamos hasta Chontales y El Rama”, contó Handal.

Para Handal, Nicaragua adolece de una escuela de artistas de circo como la que había en los 80. “Es necesaria una escuela para formar nuevos artistas. Los relevos actualmente son muchachos que vienen de la calle con el interés de aprender. Los entrenamos unos tres meses y luego, en la práctica, aprenden el resto”, finalizó.

MANAGUA ES MALA PLAZA

– El elenco del circo Handal está conformado por diez personas entre payasos, contorsionistas, trapecistas, bailarines y malabaristas. A cada artista se le paga por función y de acuerdo con el ingreso de la taquilla.

– Dichos ingresos oscilan entre 30 córdobas cuando la función es mala y 200 cuando la noche ha sido un éxito total. “Pero eso de ganar 200 córdobas en una noche ocurre unas tres veces al año”, dijo Franklin Handal, dueño del circo.

– Según Handal, las mejores plazas son Chinandega, León, Corinto, Chontales y El Rama. “Managua es una mala plaza; a veces con costo sacamos para la comida”, comentó.

– Los artistas circenses tienen que hacer en ocasiones presentaciones particulares para poder obtener un dinero extra. Esto, en el argot circense, se conoce como hacer un chivito. “Yo dejo que hagan sus chivitos de vez en cuando. Ellos vienen y me dicen que consiguieron algo y yo los dejo ir”, comentó Handal.

– Pero los ansiados chivitos se presentan sólo en ocasiones esporádicas. “ Son escasas las ofertas particulares. Desdichadamente, del circo no se puede vivir”, reconoció.

– Pese a llevar el circo en sus venas, Handal reconoce que ser cirquero es una profesión dura y sin un futuro económico estable. “El arte del circo es muy bonito pero yo hubiese preferido que mis hijos fuesen profesionales. Es más, si yo tuviera dinero no lo invertiría en el circo porque el circo es duro”, aseveró.

– No obstante, a pesar de lo duro de la situación, Handal asegura que siempre dan lo máximo a la hora de presentarse delante del público. “No importa si tenemos problemas económicos o personales, siempre damos lo mejor de nosotros. Recuerdo una vez que discutí muy fuerte con mi hermano. Pues hicimos el acto del trapecio sin decirnos ni una sola palabra. El me sostenía y yo lo sostenía y no nos dijimos ni una sola palabra”, recordó.   

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