Amalia Morales [email protected]
El llanto de una criatura interrumpe la quietud de la comunidad. Tiene dos años pero grita como un recién nacido, cada vez que la sukia Susana Alicio le hunde la mano en el estómago.
Alicio parece que no escucha los chillidos del pequeño Johny Vanegas, sujetado por su madre. Mientras, una de sus manos frota con vehemencia la panza inflada del niño. Con la otra lleva a su boca un vaso de Gerber que contiene manteca Corona. En él deposita su aliento.
En ese trance que demora varios minutos, Alicio permanece con los ojos cerrados. Sólo los abre cuando deja de frotar la panza de Johny, durante la sesión jamás apaciguó su llanto.
Con un escaso castellano, la mamá de Johny explica que su hijo tiene empacho, como popularmente se llama a la congestión estomacal que algunas comidas causan en los niños.
Ese malestar se resolvería fácil con unas cuantas cucharadas de “leche magnesia”. Pero conseguir ese antídoto en Siksa yari suena a veces tan imposible como que Nicaragua recupere el territorio de La Moskitia.
Aunque el niño no se va curado, la madre se va conforme. Asegura que los masajes de Alicio han mejorado bastante a la criatura, a quien sin éxito alguno llevó primero donde la desabastecida enfermera, que permanece en la comunidad.
En Siksa yari como en muchas otras comunidades situadas sobre las márgenes del Río Coco, no hay médicos. Tampoco medicamentos.
La curandera Susana Alicio y la enfermera Laura Lampson, que trabaja para la organización Idsin, son el único consuelo médico para la gente de Siksa yari.
Con yerbas Alicio cura distintas enfermedades. “Tiene un secreto para curar los riñones”, dice Mariano Padilla. “Saca el diablo del cuerpo”, agrega el poblador.
La curandera dice que aprendió mucho de lo que sabe con su madre, una mujer a quien la comunidad consideraba casi una sukia, porque con oraciones sacaba males del alma y del cuerpo.
Alicio, en cambio que no conoce todos los secretos de sus antiguos, no es considerada una sukia. Sin embargo, con sus precarios conocimientos es capaz de resolver algunos malestares que padece esa población excluida de atención médica.
Otra ventaja con la curandera Susana Alicio es que no cobra. Limpiar o cocinar en su casa por un día son algunos de los favores que la sukia solicita a las madres de sus pacientes.