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La llegada al poder de doña Violeta Barrios de Chamorro en 1990 fue clave para el reconocimiento de la reserva de Bosawás.
Róger Román, director de la Secretaría Técnica de Bosawás por parte del Marena, dice que las autoridades del Instituto de Reforma Agraria llegaron a proponer a la nueva mandataria ocupar la actual reserva para reasentar a poblaciones que fueron desplazadas por la guerra.
Sin embargo, Román dice que el oportuno nombramiento de Jaime Incer Barquero en el Marena, que entonces era IRENA (Instituto Nicaragüense de Recursos Naturales y del Ambiente), contribuyó a que en lugar de reasentar gente se creara la reserva natural que posee este país.
En 1991 se oficializó la creación de la reserva natural de Bosawás, que debe su nombre al río Bocay, al cerro Saslaya y al río Waspuk.
ESFUERZOS
Durante los cuatro primeros años “no se hizo nada” por la protección de Bosawás. “Por la consabida falta de recursos y las dificultades para intervenir en una zona distante, que tenía y tiene problemas de grupos armados”, reconoce Román.
El director del SETAB dijo también que la creación de la reserva cultivó en la población indígena un sentimiento de rechazo. “Los mayangnas se molestaron muchísimo porque consideraron y -muchos todavía lo creen-, que se trata de un Estado interventor que está tratando de quitarle sus tierras y aprovechar sus recursos naturales”.
Sin embargo, Román dice que el Estado reconoce a los indígenas como dueños del 80 por ciento de ese bosque. Prueba de eso, es que ha respaldado el proceso de delimitación y legalización de los territorios indígenas de Bosawás que inició la organización ambientalista internacional TNC (The Nature Conservancy) en 1994 y que a la fecha no ha concluido.
La protección de la reserva requiere de una inversión que oscila entre los dos y tres millones de dólares anuales, pero la asignación real apenas alcanza los dos millones y medio de córdobas al año, según detalla el funcionario. De esa partida al menos un millón 800 mil se consumen en gastos de personal. El resto se destina en costos operativos, que en esa región del país son bastante elevados.
En la actualidad, la SETAB apoya el trabajo de 61 guardabosques en la reserva. Algunos devengan un sueldo de 1,000 córdobas, pero la mayoría lo que recibe es una ayuda de 200 córdobas, cantidad con la que no se conforman los indígenas que voluntariamente prestan servicio a favor del bosque.