En balsas y cayucos como este se moviliza la gente en el Río Bocay, donde la escasez de recursos impide transportarse en botes a motor.

Bosawás invadida por mestizos

Se calcula que en Bosawás viven 35 mil personas: 25 mil indígenas, y 10 mil mestizos, empujados por la pobreza desde el norte de Nicaragua Es la madre de las áreas protegidas de Nicaragua y Centroamérica: con ocho mil kilómetros cuadrados es un poco más grande que el Lago Cocibolca Amalia Morales [email protected] Alrededor de […]

  • Se calcula que en Bosawás viven 35 mil personas: 25 mil indígenas, y 10 mil mestizos, empujados por la pobreza desde el norte de Nicaragua
  • Es la madre de las áreas protegidas de Nicaragua y Centroamérica: con ocho mil kilómetros cuadrados es un poco más grande que el Lago Cocibolca

Amalia Morales [email protected]

Alrededor de 10 mil campesinos de origen mestizo se refugian en Bosawás, la reserva natural más grande de Nicaragua y Centroamérica, que pega con Honduras y se localiza entre Jinotega y la Región Autónoma del Atlántico Norte (RAAN).

En la reserva también viven unos 25 mil indígenas de las etnia mayangna y miskita, quienes llevan siglos de permanencia en ese bosque.

Los campesinos migran por una razón simple: las tierras donde históricamente sembraron se lavaron y se volvieron improductivas. Eso los ha obligado a vender y adentrarse en la espesura de Bosawás.

A espaldas de cualquier autoridad, cada familia mestiza de las que se asienta en Bosawás toma entre 500 y mil manzanas. Una parte del bosque la talan para sembrar granos básicos y otra la convierten en potreros, lo que demuestra un inminente avance de la frontera agrícola en el pulmón verde del país.

La Secretaría Técnica de Bosawás del Ministerio de Recursos Naturales y del Ambiente (MARENA) considera manejable el problema de la invasión en la reserva, sin embargo, estima tomar medidas en coordinación con el Ejército de Nicaragua y la Policía Nacional.

Más que una mancha verde en el mapa, Bosawás es una reserva natural con muchos atributos. Su riqueza nace en su suelo, en su tierra negra. Se multiplica en sus bosques, entre flores y animales de distintas especies, que con suerte todavía se ven, y culmina en donde la vista no alcanza: en el aire, en el oxígeno que produce ese pulmón verde que ocupa el 15 por ciento del territorio nacional, situado entre Jinotega y la Región Autónoma del Atlántico Norte (RAAN).

Pero como ocurre en muy pocas reservas naturales del mundo, sobre esa tarima verde, que colinda con Honduras y mide ocho mil kilómetros cuadrados, se hilvana una obra de difíciles escenas humanas.

Juan José Rodríguez es un reciente habitante de la reserva que está de paso por Amak, una comunidad del territorio Mayangna Sauni Bu (Segunda Tierra Mayangna), en la que estacionan los que vienen por el río que da nombre a ese caserío, pero que se dirigen para Ayapal por El Bocay.

No es miskito. Tampoco mayangna. Sus rasgos, más parecidos a la gente de Matagalpa y Jinotega, delatan fácil que Rodríguez y el primo que lo acompaña, son un par de advenedizos en esa tierra indígenas

TIERRA POBRE, POBRE TIERRA

Rodríguez y su acompañante que van rumbo a Ayapal, son originarios de San Rafael del Norte, Jinotega. Ambos llegaron a Bosawás huyendo del hambre y la pobreza. “La tierra donde vivía ya no daba”, dice Rodríguez refiriéndose a la propiedad que vendió seis años atrás en San Rafael.

Cada uno carga un bulto en el que llevan sacos vacíos, ropa y algún aliño de comida para unos 10 días. Ni por un minuto apartan su mirada del Río Bocay. Ambos esperan que un bote arrime y los acerque a Ayapal, el pueblo más cercano al que “suben” para comprar cosas elementales que no producen como jabón, ropa y kerosene.

Rodríguez, que habla con bastante soltura, cuenta que se deshizo del terreno que tenía en San Rafael porque “esa tierra sólo producía con fertilizantes” y por el costo, la frecuente aplicación de agroquímicos al suelo, fue un lujo que Rodríguez no pudo darse. “Allí sólo se trabaja con esfuerzo propio. Para nosotros (los pequeños productores) no hay crédito”, dice en tono de queja.

Entonces decidió emigrar. Su realidad le abrió dos caminos: la carretera a la ciudad y la vereda a la montaña. Sin titubeos optó por la segunda. Se enmontañó. Para llegar a Kimakuas, el lugar mayangna donde ahora vive, Rodríguez siguió la ruta que un año antes hiciera su padre, quien se instaló primero en la reserva.

¡500 MANZANAS PARA CINCO PERSONAS!

Puesto en Kimakuas, Rodríguez se adueñó de 500 manzanas de bosque. Otras siete familias de mestizos acostumbradas al cultivo de granos básicos (arroz, frijoles y maíz) se afincaron con cantidades similares de tierra.

Por las condiciones de la tierra, esas ocho familias de mestizos o colonos, como los llaman los indígenas, cultivan de la forma más natural posible. Ni siquiera aran la tierra. Menos aún que usen agroquímicos. En Bosawás no hay necesidad de fertilizantes.

De las 500 manzanas que Rodríguez dice que tiene, ocupa seis para la siembra de granos básicos. El campesino reconoce que sólo produce para asegurar la comida de su familia, que en total son cinco.

La producción es buena. En el caso del maíz, Rodríguez logra un rendimiento promedio por manzana de 80 quintales. De arroz cosecha entre 45 y 50 quintales. Y de frijoles el único cultivo que de vez en cuando puede vender, logra entre 25 y 30 quintales. Sonriendo, dice que no recuerda cuándo dejó de sacar cosechas como esas en San Rafael.

Una de las cosas que lamenta de su producción es que no puede venderla. Sin carga, la salida desde Kimakuas hasta Ayapal es cuestión de cuatro o cinco días. La única vía de circulación son los ríos, el Amak y Bocay. Por ellos se transportan al remo en una balsa insegura, en la que es casi imposible trasladar carga. La única forma de hacerlo es en pipantes o ‘bató’ con motor, pero ese tipo de transporte cuesta un ojo de la cara. El traslado de una sola persona no baja de los 250 córdobas. Con esos atenuantes la cosecha se queda en casa.

LOS CERDOS NOCTURNOS

De vez en cuando lo que sacan hasta Ayapal es el frijol. Rodríguez dice que por un quintal no consigue más de 320 córdobas. Lo más rentable para ellos es la venta de cerdos, animales que deben trasladar a pie y por las noches para evitar que se ahoguen con el calor del día. Pero este viaje que se emprende en las noches de luna llena por la claridad, no dura menos de ocho días.

Además de la agricultura, las familias mestizas ya empezaron a introducir ganado en la zona de Kimakuas. Rodríguez dice que de las ocho familias, sólo su papá y él tienen animales: ocho en total, que pastan en 25 manzanas de bosque que despalaron.

Tomado del informe de Desarrollo Humano en Nicaragua


Datos sobre Bosawás

* Fue declarada reserva de biosfera por la UNESCO en 1997.

* La Secretaría Técnica de Bosawás, del Ministerio de Recursos Naturales y del Ambiente (Marena) la reconoce como el ecosistema de bosque tropical húmedo más grande e intacto bajo conservación de Centroamérica. Cumple con un sinnúmero de funciones de relevancia política, social, económica y ecológica, tanto en el ámbito local, como nacional e internacional.

* Comprende una extensión total de 20,000 kilómetros cuadrados, de los cuales ocho mil pertenecen a la zona núcleo, espacio de vida de la etnia mayangna y miskita, y de 12 mil kilómetros de zona de apoyo (amortiguamiento o desarrollo) habitada sobre todo por mestizos. En total, en Bosawás viven alrededor de 150 mil personas.

* Más de la mitad del área está localizada en la parte nor-oriental de la RAAN, donde los límites del área protegida coinciden con los municipios de Siuna y Bonanza, y parte de Waspán.

* La zona núcleo es casi congruente con los seis territorios indígenas, cuya legalización se encuentra ante la Asamblea Nacional. Existen varias organizaciones indígenas, tanto territoriales como en el ámbito nacional.

* La zona de apoyo no sólo funciona para amortiguar el avance de la frontera agrícola hacia la zona núcleo, sino también ha funcionado como receptáculo para aliviar la presión en las zonas de expulsión del litoral Pacífico. Los suelos son de eminente vocación forestal.

Fuente de información SETAB


¿Qué son las reservas de biosfera?

La Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) define que las reservas de biosfera son zonas que pertenecen a ecosistemas terrestres o costeros.

La Unesco las reconoce y promueve a través del programa internacional “El hombre y la biosfera” (MAB), que fomenta una relación equilibrada entre la humanidad y el medio ambiente.

Las Reservas Biosfera deben combinar tres funciones básicas:

* Conservación, contribuyendo a la conservación de paisajes, ecosistemas, especies y diversidad genética.

* Desarrollo, fomentando un desarrollo humano y económico, que sea ecológica y culturalmente sostenible

* Apoyo logístico, que comprende investigación científica, seguimiento, formación y educación, relativas a la conservación y desarrollo sostenible a escala local, regional, nacional y global.

Las reservas de biosfera constituyen una red mundial, en cuyo seno se promueve el intercambio de información, experiencias y personal científico, en especial entre las Reservas de Biosfera con tipos de ecosistemas semejantes y con experiencias similares en la solución de problemas relacionados con la conservación y el desarrollo.

De este modo, la Red Mundial de Reservas de Biosfera contribuye a alcanzar los objetivos del Convenio de Diversidad Biológica y el Programa 21, que nacieron de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo en 1992.


Causas por las que se pierde el bosque

Pese toda la riqueza que generan los bosques, la tónica es destruirlos

* La expansión de la agricultura:

El avance acelerado de la frontera agrícola en la segunda mitad del Siglo XX, llevó a miles de pequeños agricultores hacia las regiones tropicales húmedas de la vertiente atlántica del país.

* La expansión de la ganadería:

La conversión de bosques a pastos es una de las maneras más difundidas de obtener renta de la tierra, niveles bajos de inversión y tecnología.

* Los incendios forestales y las quemas incontroladas:

Provocados por agricultores, ganaderos, cazadores y madereros, son muy frecuentes en la época seca. En 1999 afectaron severamente más de 64,000 hectáreas, de las cuales unas 25 mil eran de bosques.

* La extracción de madera y de leña:

La extracción de maderas preciosas abre brechas para la colonización de las tierras forestales. La extracción de leña sustrae la biomasa de los bosques secos. El 66 por ciento de los hogares urbanos y el 92 por ciento de los rurales, usan leña como combustible principal. Alrededor de 2.6 toneladas de leña se consumen por año.  

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