Hábil e intrigante, Vladimiro Montesinos, siempre se las arregló para estar cerca de personajes influyentes y con acceso a información valiosa. Así hizo carrera, a pesar de otras aptitudes mediocres.

Montesinos, un maestro de la intriga

LIMA/EL COMERCIO l hasta hace poco todopoderoso asesor del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), Vladimiro Montesinos Torres, nació el 20 de mayo de 1945 en Arequipa. Su familia era de situación económica modesta, pero su padre, Francisco, se las ingeniaba para darse sus gustos del buen vivir y el tomar. Montesinos nunca destacó en el […]

LIMA/EL COMERCIO

l hasta hace poco todopoderoso asesor del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), Vladimiro Montesinos Torres, nació el 20 de mayo de 1945 en Arequipa. Su familia era de situación económica modesta, pero su padre, Francisco, se las ingeniaba para darse sus gustos del buen vivir y el tomar.

Montesinos nunca destacó en el colegio. Sus amigos lo recuerdan como un alumno dócil, silencioso y hasta retraído. Se casó con María Trinidad Becerra Ramírez, con quien tiene dos hijas, Silvana y Samantha.

Tampoco destacó como cadete en la Escuela Militar de Chorrillos. Se graduó como alférez de artillería en 1966 ocupando el octavo puesto entre 14 artilleros. En una institución en la que la carrera se predetermina por la posición en los cuadros y evaluaciones, el destino de Montesinos aparecía gris y encaminado hacia una trayectoria sin mayor trascendencia.

Pero fue en sus primeros años como alférez que Montesinos descubrió y desarrolló su talento para crear intrigas que le permitieron lograr influencia e importancia tempranas dentro del Ejército. Muchos recuerdan que cuando era teniente, buscó y consiguió trabar amistad con el hijo homónimo del entonces comandante general del Ejército, el general Ernesto Montagne, que estudiaba para ser sacerdote.

El entonces seminarista lo llamaba con alguna frecuencia a su cuartel, tal como quería Montesinos, y desde el teléfono de la sala de guardia rápidamente se corrió elrumor en la guarnición de que era el general Ernesto Montagne quien llamaba al teniente. Sus jefes extremaron deferencias y aventuraron peticiones con él.

Montesinos se había vuelto un ávido lector y su supuesta amistad con el general Montagne le permitía conseguir los permisos para concurrir a la universidad a estudiar abogacía. Entraba y salía cuando quería y se movía a sus anchas en ambientes privados de la alta jerarquía militar, por donde cualquier teniente no osaba transitar.

w SU DEBUT

Cuando en 1972 el general Montagne pasó al retiro, Montesinos organizó un astuto plan para llegar al general Edgardo Mercado Jarrín, quien reemplazó a Montagne en el más importante cargo del Ejército.

Montesinos averiguó que Mercado Jarrín tenía ambiciones intelectuales, le gustaba pontificar sobre geopolítica y días después debía pronunciar un discurso sobre ese tema ante un grupo de empresarios. El oficial consiguió el libro del general chileno Augusto Pinochet sobre geopolítica y trazó un plan propicio para hacérselo llegar.

Montesinos se enteró que Mercado Jarrín se encontraba en su casa de playa, en Punta Negra, y allí se dirigió llevando el libro. También llevó un trabajo sobre los objetivos de las Fuerzas Armadas, que lo había preparado con el sociólogo Francisco Loayza, quien entonces trabajaba con los militares. Después de varias antesalas, Montesinos logró hablar con Mercado Jarrín, quien se quedó impresionado por la elocuencia y los halagos que le rindió el entonces teniente Montesinos.

Antes de retirarse, Mercado le indicó a Montesinos que se presentara al día siguiente en su despacho para asumir las funciones de ayudante. En un abrir y cerrar de ojos, Montesinos se encontró en el centro del poder y de la información.

w AL SERVICIO DE LA CIA

Fue cuando trabajaba con el general Mercado que Montesinos extrajo documentos con información secreta sobre la compra de armamento que había hecho el Ejército a la entonces Unión Soviética, y se la entregó a la Central de Inteligencia Americana (CIA). En ese entonces, los soviéticos y los estadounidenses se disputaban la supremacía en el mundo.

Una investigación descubrió que Montesinos había extraído sin permiso durante tres días dichos documentos, que luego dejó en un sobre por debajo de la puerta del despacho del general Mercado. Pero Montesinos fue perdonado. Años después, el mismo general Edgardo Mercado relató que Montesinos se le presentó con lágrimas en los ojos para responsabilizarse por la sustracción, originada, le dijo, sólo por su interés intelectual en el tema.

En 1974 Mercado pasó al retiro y le ofreció a Montesinos enviarlo a un curso avanzado para oficiales de artillería en Brasil. Pero Montesinos no aceptó, pues ya había logrado ubicarse como ayudante del general Enrique Gallego, entonces flamante ministro de Agricultura.

w SU CAÍDA

Pero en 1975 la suerte de Montesinos cambió cuando asumió la presidencia el general Francisco Morales Bermúdez. El nuevo comandante general del Ejército, Guillermo Arbulú, decidió desembarcar al capitán y lo envió a servir en la guarnición de El Algarrobo, ubicada en una recóndita zona del norte del país.

Montesinos sólo estuvo uno días allí, hizo abandono de destino, regresó a Lima, falsificó un permiso militar para viajar, sacó pasaporte y apareció en Washington, como invitado del Gobierno de EE.UU. En una reunión fue visto por un militar peruano, quien informó a Lima.

A su regreso, el capitán fue arrestado y encarcelado en el cuartel Bolívar. Montesinos fue dado de baja a fines de septiembre de 1976. Posteriormente fue acusado y luego absuelto por traición a la patria, no obstante desde esa época hasta el inicio del mandato del presidente Alberto Fujimori en julio de 1990, el ingreso de Vladimiro Montesinos en todos los cuarteles del país estuvo prohibido. Una foto con su nombre fue pegada en las paredes de las guarniciones militares, junto a la de otros efectivos del Ejército calificados como “indeseables”.

Nadie imaginó en ese momento que Montesinos se convertiría catorce años más tarde en el más importante e influyente funcionario del país. Lo demás ya es historia conocida.

(Tomado de la edición en internet del diario peruano El Comercio, 24 de septiembre, 2000)

Brazo derecho de Fujimori

Montesinos es considerado como el hombre de las intrigas durante los diez años de gobierno del presidente Alberto Fujimori, al punto que sus detractores lo llamaban “el poder detrás del trono”.

* Fue considerado por el propio mandatario peruano como el principal mentor de los planes contra la guerrilla y el narcotráfico desde su difusa presencia al frente del SIN, que manejaba sin control.

* Fujimori atribuyó siempre a su ex asesor un lugar preferencial en su entorno desde antes de ganar su primera elección en 1990, recordó Francisco Loayza, ex miembro del SIN.

* “Montesinos ingresó al servicio secreto por la ventana y prefirió mantenerse fuera del escalafón público para evitar ser investigado y castigado alguna vez por otro gobierno”, agregó Loayza, que escribió “El rostro oscuro del poder”, una monografía sobre el asesor de inteligencia.

* La presencia del enigmático personaje en el engranaje gubernamental no era percibida por la oposición política hasta abril de 1992, cuando se produjo el golpe institucional que encabezó Fujimori con apoyo de las Fuerzas Armadas.

* A partir de entonces y, paralelamente al incremento de la militarización de la lucha contra la guerrilla, empezó a crecer el mito Montesinos.

* Grupos de derechos humanos están convencidos que Montesinos no fue ajeno a la existencia de un grupo paramilitar conocido como Grupo Colina, cuyos integrantes -oficiales de los institutos armados- fueron sentenciados y luego amnistiados por una matanza de civiles supuestamente terroristas.   

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