Ella es la rusa Elena Zamolodtchikova, durante una de las rutinas en el difícil deporte de la gimnasia.

La Gimnasia

Edgard Tijerino M.Enviado de LA PRENSA a SIDNEY Hace un año la historia de Domenique Moceanu, tenía un agregado amargo, la explotación financiera a que la sometieron sus padres, aparte de la confiscación de su infancia. Considerando que la mayoría de competidoras se mueve entre los 16 y los 18 años, éste es un deporte […]

Edgard Tijerino M.Enviado de LA PRENSA a SIDNEY

Hace un año la historia de Domenique Moceanu, tenía un agregado amargo, la explotación financiera a que la sometieron sus padres, aparte de la confiscación de su infancia.

Considerando que la mayoría de competidoras se mueve entre los 16 y los 18 años, éste es un deporte mata-niñas

¿Preferiría usted como padre la gloria olímpica a cambio de la infancia y la adolescencia de una hija?

En varones, la Gimnasia está en manos de los mayores, porque la fortaleza muscular que se requiere, establece diferencia.

En mujeres, ninguna otra disciplina se basa tanto en la niñez como la Gimnasia femenina.

Quedemos claros, si se quiere alcanzar un nivel olímpico, es necesario secuestrar la diversión.

Yo había disfrutado por TV y leído mucho sobre Vera Cavlaska y Nadia Comanecci cuando fui a ver a Mary Lou Retton en Los Angeles 84… Su actuación, combinando lo magistral con lo emotivo, fue deslumbrante…Un angel lleno de gracia trabajando para el espectáculo entre la admiración del público.

Nunca pensé que llegaría a sentir pesar por estas muchachas capaces de asombrar a una estatua…Pero en Barcelona 92, mucho antes de martirizarme con la dramática historia de Dominique Moceanu, me estremecí viendo llorar en forma desgarradora a la norteamericana Kim Zmeskal, después de un error de cálculo que la empujó, mas allá de los límites territoriales para maniobrar, liquidando sus posibilidades de ganar el oro o cualquier otro metal…¿Cómo era posible ese desenlace después de haber mostrado una flexibilidad increíble y un control muscular computarizado, mientras giraba en el aire como si estuviera deslizándose con la ayuda de una cuerda invisible?

Un solo movimiento en falso, y doce años de adiestramiento de Zmeskal, fueron a parar al pozo de la inutilidad artística…Por Dios, ¿fue eso justo?

Desde los 4 años, Kim fue sometida por unos padres obsesionados con la gloria olímpica, a un entrenamiento tan intenso, que la llegó a atrapar por 8 horas diarias…¿Se imaginan un promedio de 8 horas diarias incluyendo los domingos por 12 años?…Agreguen todas las limitaciones colaterales a que obliga el cuido requerido.

Así que, ¿Cómo reembolsarle a esa chavala de mirada dulce y andar candencioso, llena de músculos bien cultivados y con una destreza fuera de serie, su infancia y su adolescencia?…¿Cómo explicarle después de fallar, esas etapas de su vida que se desvanecieron?.

La noche del jueves, en el Dome del Complejo Deportivo aquí en Sydney, vi frustrarse a la rusa Svetlana Khorkina durante un descenso aparentemente sencillo de las barras paralelas…Antes, había maravillado al público con su magia dejándolo absorto…¿Cómo diablos se le dobló súbitamente una de sus rodillas obligándola a perder pie?…Oh no, no puede ser…Tanto sufrir y tanto sacrificar, para desembocar en esto…Señor, no puedes permitirlo.

Svetlana llegó a su butaca y rompió a llorar, recordándome a la Kim Zmeskal de Barcelona, y actualizándome la historia de Dominique Moceanu…Yo, que tanto me emocioné con el aterrizaje heroico de Kerry Strug en Atlanta, compitiendo con un pie vendado, me hudí en la silla del palco de prensa…La pretensión de Svetlana, de ganar una medalla olímpica metiéndose entre las rumanas, se había derrumbado estrepitosamente en un instante…Por cumplir los 20 años, ella ha estado enclaustrada desde los 6 para ser Campeona de Europa y número uno en el Mundial del 97, en esa especialidad. Pero no pudo conseguir la gloria olímpica, un pasaporte a la inmortalidad.

Ahora que todo pasó, ¿Cómo entregarle todos los helados y pizzas que se perdió de comer?…¿O las salidas de viernes y sábado por la noche , y las alegrías juveniles por las que atraviesa toda chavala normal, como las mías o las suyas?…¿Cómo hacerla disfrutar de la despreocupación que nos caracteriza a todos a esas edades y que le fue robada en busca de la gloria olímpica?…Y lo más dramático: ¿Qué tan normal será su vida a partir de ahora?.

Yo me levanté para aplaudir a la vencedora rumana Andrea Raducan, y tambien a su compatriota y ganadora de la plata Simona Amanar, pero la imagen que me quedó, fue la de Svetlana, la rusa que vino por una medalla por la cual trabajó toda su vida…¿No es éste deporte de la Gimnasia, pese a su magnetismo, un sutil abuso de la niñez?  

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