Pueblos de sequía eterna

Llueva o haya sequía más de 600 mil nicaragüenses pierden sus siembras cada año. Ellos malviven en la llamada zona seca, que comprende unos 20 mil kilómetros cuadrados de tierras en vías de desertificación. Son los pobres más pobres de Nicaragua, muchos de los cuales, poco después de la última sequía, están decididos a irse […]

  • Llueva o haya sequía más de 600 mil nicaragüenses pierden sus siembras cada año. Ellos malviven en la llamada zona seca, que comprende unos 20 mil kilómetros cuadrados de tierras en vías de desertificación. Son los pobres más pobres de Nicaragua, muchos de los cuales, poco después de la última sequía, están decididos a irse a “buscar vida” en los cinturones de miseria de las ciudades.

Fabián Medina [email protected]

Si no Dios, por lo menos San Isidro, el santo de los agricultores, parece haberse olvidado de Santa María, un pueblo fronterizo del norte de Nicaragua, al que se llega después de hacer 54 kilómetros desde Ocotal, por una carretera de macadam, por ratos regular, por ratos mala. El suelo amarillo rojizo, generalmente pelado, a veces cubierto ralamente de pinos, o milpas secas, da un aspecto de desolación a esa tierra que acaba de pasar una de sus peores sequías.

Casi nunca llueve, y cuando lo hace es a destiempo, y el agua corre por las lomas peladas dejándolas más peladas aún. Es tierra de sequías y hambre crónica. Año con año los campesinos del lugar apuestan su trabajo y futuro al maíz y los frijoles y casi siempre pierden. Este año lo perdieron todo.

La zona seca alcanza 20 mil kilómetros cuadrados de tierra de 54 municipios de Nicaragua. Ahí viven los más pobres. Los pobres que se ven en la ciudad son generalmente campesinos salidos de estas tierras, que encontraron una mejor vida en los cinturones urbanos de miseria. Y según como se ven las cosas, el viaje del campo a la ciudad está lejos de detenerse.

“Aquí ya no hay vida”, dice Andrés Llanes, de 40 años, contemplando con los brazos sostenidos por el alambre de una cerca, lo que fue su milpa. Puras varillas secas. La sequía pasó implacable por la comunidad El Hato, y la cosa está tan fea que Llanes ha decidido irse a “buscar vida” a otro lado con su esposa y sus seis hijos.

“Puede ser a Ocotal”, dice con el mismo dejo de desconsuelo. “Yo me gano los reales como sea, ya sea al machete o como albañil”.

“Guineos, por amor de Dios…”

Y mientras alista sus bártulos para irse a la ciudad, sobrevive haciendo incursiones ocasionales en las “montañas” aledañas para ofrecerse como jornalero en alguna finca. Veinticinco córdobas, treinta cuando hace un buen trato, por cada día de trabajo.

Ahora mismo su esposa anda en Brujil, una comunidad de Las Manos, buscando “guineítos” para alimentar a los niños. El dinero que consigue Llanes a duras penas sirve para comprar la Maseca, harina de maíz industrializada que se ha vuelto muy popular en las zonas de hambre.

Pedir guineos (bananos verdes) en las zonas semihúmedas vecinas es para algunas comunidades de esta zona la única actividad de sobrevivencia que realizan a la espera de ayuda oficial.

Un día de estos, un grupo de 10 campesinos de la comunidad El Aguacate, tal vez la más golpeada por el hambre en Santa María, salió hacia Ocotal en busca de comida. El grupo, encabezado por Felipe García, permaneció tres días en Ocotal pidiendo “al menos plátano” para calmar el hambre de sus familias.

En El Aguacate 400 personas esperaban en vilo.

“Sentimos largos esos tres días. Todos esperábamos a Lipe (Felipe García). Llegó el segundo día y nada, teníamos que acostarnos con el estómago vacío, hasta que llegaron. Hubiera visto qué alegría cuando vimos al camión cargado de guineos”, relata don Santos Bautista. Y hubo fiesta en El Aguacate esa noche. El menú daba para escoger entre plátano asado y plátano cocido. Solamente.

Que haya empezado a llover no alivia la crisis, sólo da esperanza en una siembra de postrera que generalmente rinde más que la de primera. Sucede que ahí, aunque llueva a cántaros hay sequía, según los expertos.

El ingeniero Eduardo Marín, Coordinador de la Unidad de Estudios Territoriales del MAG-FOR, explica este aparente contrasentido: “Lo que pasa es que ahí tenemos dos tipos de sequía. La sequía climática es cuando no llueve y la sequía edáfica, o del suelo, que es cuando el suelo tiene poca profundidad y por lo tanto tiene poca capacidad de retener agua”. En la zona seca el suelo no sobrepasa los 25 centímetros de profundidad.

Múltiples caras de la sequía

El hambre es apenas una de las caras de la sequía. Junto con el hambre viene la desnutrición, la migración, el ausentismo escolar y la delincuencia.

“Las consecuencias de la sequía ya las estamos viendo. Hay migración. La gente se ha ido de las comunidades secas. ¿Y adónde viene? A las ciudades, a presionar servicio, otros se han ido para Honduras, para Costa Rica… Y otro dato interesante que nos han dicho es que los muchachos se están metiendo en el Ejército, porque ahí tenés aunque sea trescientos pesos y la comida asegurada”, dice Haydée Castillo, directora del ONG Ayuda en Acción que trabaja esa zona.

No se conoce la magnitud de la migración. Sin embargo, para Castillo es revelador que en junio pasado tres de cada cien niños de un programa de apadrinamiento a familias pobres ya no se encontraron en sus casas. De ese tiempo para acá la migración debe haberse incrementado, calcula.

“El otro problema grave es la desintegración familiar. La mamá o el papá se van y los niños quedan en manos de la abuela o del abuelo. O sólo con una figura. Los niños no llegan a clase… El hambre está afectando también la asistencia escolar y los grados de desnutrición son altos”, dice.

Según Castillo, el Ministerio de Salud reporta 30 ó 40 por ciento de desnutrición pero “nosotros sabemos que los datos son mucho mayores, por que lo vemos. Hay problemas de la vista y problemas auditivos que también son a causa de la desnutrición”.

La doctora Caritsa Tercero, que atiende en el Centro de Salud de Santa María, se muestra alarmada por los niveles que ha alcanzado la desnutrición en ese municipio. “Son altísimos”, dice, aunque reconoce que la desnutrición es un problema crónico del lugar.

Según los registros que lleva el Centro de Salud, 65 de cada cien niños de uno a cuatro años presentan problemas de desnutrición. Los desnutridos son menos en las edades de cero a un año: 33 de cada cien.

“Es que insistimos en la lactancia materna”, explica la doctora Tercero. Las madres que dan el pecho a su hijo reciben en el Centro de Salud media arroba de maíz y quince libras de cereal cada mes. Este alimento llega a través del Programa Mundial de Alimentos (PMA).

Comida y campaña electoral

Aunque no tiene cifras oficiales, el alcalde de Santa María, Luis Emilio Ordóñez, confirma la migración temporal o definitiva. “Están saliendo a la montaña a buscar plátano y a ver quien los contrata en la zona montañosa de Mata de Plátano, Jalapa. La gente está buscando cómo irse de aquí”.

Ordóñez, un ex combatiente de la Resistencia, encabeza un comité de emergencia para repartir otras 265 raciones de alimento que llegaron a través del PMA.

“Yo no voy a permitir que se me haga política con los alimentos que vengan al pueblo”, dice, saliéndole al paso a las acusaciones que se hacen a los alcaldes de aprovechar el alimento donado para conseguir votos para su partido en estas elecciones.

“En mi conciencia y en mi pensar no es así, por eso formé una comisión que verificara y estuviera al frente para que se mirara. Yo no voy a permitir que venga un político y me diga, deme a mí para repartir. No, no…”, asegura.

Tampoco cree que sea conveniente regalar el alimento. “A la gente no hay que acostumbrarla a darle regalado, que devuelva aunque sea trabajo para su misma familia, pero que se mire. Si a los campesinos les vamos a dar una arroba de maíz que busquen cómo sembrar piña, jocote, o pitahaya, para que en el tiempo de sequía tengan cómo sobrevivir”.

La ración de alimento del PMA comprende 45 libras de maíz, cuatro y media de arvejas y medio galón de aceite.

En Nueva Segovia, los municipios en emergencia por el hambre que dejó la sequía son Santa María, Macuelizo y Mozonte. En Madriz están peor las cosas, casi todo el departamento está pasando hambre.

El Mogote es una comunidad de San Lucas, Madriz, de 16 casas hechas de cañas secas y taquezal. Sólo mujeres y niños se ven, los hombres andan por las montañas ofreciendo su fuerza de trabajo para conseguir algún dinero con el cual comprar Maseca, porque maíz no se encuentra.

Cándida Gutiérrez tiene 26 años y tres hijos. El último, Santos Erick, de 18 meses, “salió enfermito”. Padece de Síndrome de Down. Llevan varios meses comiendo sólo tortilla y, cuando el marido de Cándida consigue algún dinero, frijoles. Carne de res no comen nunca, y sí recuerda un pollo que mataron hace unos 15 días. “Lo comimos porque tampoco él tenía qué comer”, dice sonriendo desde la puerta de su casa de taquezal.

Casi vecino de Cándida, es el niño Luis Alfredo, quien conoció Managua cuando lo llevaron de emergencia, inflamado, aparentemente por desnutrición. Casi muere.

En Somoto, según el alcalde Manuel Maldonado, hay 8,500 personas en emergencia, que “no prenden el fogón porque no tienen qué darles a sus hijos”. Las 560 raciones que entregará el PMA es insuficiente a criterio de Maldonado, y por ahora “la única esperanza es la postrera.

Sin embargo, Maldonado asegura que las crisis periódicas de la zona seca no se resolverán mientras no se busque una respuesta definitiva. “Riego es la única forma de sobrevivir”, afirma.

Agua, agua, aguaaa…

Pedro Gutiérrez, director regional de Auxilio Mundial, un ONG internacional que trabaja para el desarrollo de la familia campesina, en 1996 abrió oficina en el norte del país. Trabaja desde 1990 en Nicaragua.

“El problema de la zona seca se llama agua. A ese convencimiento llegamos después de cuatro años de trabajar aquí. De nada sirve repartir semilla o alimentos si no se soluciona el problema del agua. Es agua lo que se necesita, para consumo como para pequeños huertos. Una familia sobrevive con 50 metros cuadrados de huerto”.

“Estamos impulsando miniacueductos con retención de agua. Si logramos retener dos pulgadas de agua podemos abastecer a 40 ó 50 familias”.

“Regalar el alimento no sirve de nada. Nosotros entregamos el alimento a cambio de obras de conservación, pero el gobierno la entrega sin pedir nada a cambio, y la fuente es la misma: el PMA”.

“Hay que salir de los cultivos tradicionales”

Haydée Castillo, directora de Ayuda en Acción en Nueva Segovia. Ayuda en Acción es un ONG español con presencia en Nueva Segovia, León, Nueva Guinea y el Atlántico Sur.

“Hacen falta acciones para brindar seguridad alimentaria, que para los campesinos son los granos básicos. Con todo los riesgos que eso implica, pero los campesinos tienen esa tradición. Prefieren sembrar maíz y frijoles porque sembrar yuca, por ejemplo, para ellos implica mayores riesgos en la situación tan dura que tienen. Por otro lado planteamos que se hace necesario hacer un estudio de los potenciales que tienen estos suelos que permita ir saliendo de los productos tradicionales en una siembra más segura, más sostenida, y que pueda asegurarles además del autocosumo, un valor agregado”.

“¿Qué vamos a hacer? Empezar a pensar en microrriego. No podemos estar a expensas sólo de los inviernos, porque cada vez llueve menos. Por otro lado, hacerle frente a la postrera. Si llueve garantizar la semilla”.

“La gente va a necesitar acciones de emergencia para sobrevivir. Sin embargo, tenemos miedo de empezarle a repartir comida, porque volvemos a la situación anterior de seguir dándole a la gente el pescado y no enseñándole a pescar. Requerimos hacer un estudio más exhaustivo de los tiempos, de las sequías, del fenómeno de “El Niño” y “La Niña”.  

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