Las ruinas de León Viejo nos invitan a un encuentro con nuestra historia.

Ruinas de León Viejo

Un lugar infaltable en la visita a este municipio, independientemente de la época del año, constituyen las ruinas de la antigua ciudad de León Viejo, fundada por el capitán español Francisco Hernández de Córdoba, el domingo 19 de junio de 1524, día de la Santísima Trinidad de aquel año, en las inmediaciones de la costa […]

Un lugar infaltable en la visita a este municipio, independientemente de la época del año, constituyen las ruinas de la antigua ciudad de León Viejo, fundada por el capitán español Francisco Hernández de Córdoba, el domingo 19 de junio de 1524, día de la Santísima Trinidad de aquel año, en las inmediaciones de la costa suroeste del Lago Xolotlán.

Lo que el visitante encontrará en este lugar son los vestigios de lo que fue la primera capital de la Provincia Colonial de Nicaragua, durante la dominación española, hasta su traslación al asiento actual de la ciudad de León.

Como ya es sabido, una tremenda erupción volcánica del impetuoso Momotombo, ocurrida en 1610 sepultó con sus cenizas y arenas todas las casas, calles, edificios y hasta la primera catedral de la populosa ciudad colonial, la cual fue descubierta a mediados de los años 60 del siglo XX por arqueólogos y estudiantes nicaragüenses.

Visitar estas ruinas es como hacer un recorrido por la historia, donde los muros y gruesas paredes de ladrillos y adobes nos revelan los diferentes estilos de viviendas y algo de las costumbres de aquellos personajes que en ellas vivieron.

Recientemente, fueron encontrados, en las ruinas de lo que fue la Catedral, los restos del conquistador de Nicaragua y fundador de León, Francisco Hernández de Córdoba, así como también los restos de otros personajes españoles, supuestamente ejecutados por órdenes de Pedrarias Dávila, otrora gobernador de la Provincia.

En la misma área de las ruinas se encuentra otro lugar sobresaliente para el visitante como es el Museo de Imabite, antiguo poblado indígena del que ahora sólo quedan vestigios de su existencia en las piezas de cerámica policromada, ídolos de piedra, petroglifos, urnas funerarias, molinos de piedra, puntas de lanzas de oxidiana, collares de dientes de jabalí, incensarios para ritos religiosos y utensilios de uso doméstico como ollas, platos y vasos de barro cocido, entre otros. Además, allí mismo se pueden apreciar armas y algunos objetos de la presencia española encontrados en sus alrededores.  

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