Tito Rondó[email protected]
Es terrible la politiquería en que se ve envuelto Carlos García.
Ya vivimos uno de los pasajes más bochornosos en la historia del béisbol nicaragüense, cuando un grupo de directivos que salvó una franquicia y que por consiguiente tiene el agradecimiento de toda una fanaticada, y de toda persona honrada que ame el béisbol, ha sido apartada de la forma más grosera y prepotente, aunque Carlos hizo todo lo posible para suavizar la situación.
Otra forma de politiquería es la que emplea Carlos García dándole a los directivos la potestad de legislar sobre el reglamento que debe regir durante el próximo campeonato de Primera División 2000-2001, de esa forma abdicando lo que debe ser potestad de Feniba (la federación local) y dejando las decisiones en manos de aquellos que no están capacitados para tomarlas. Aunque algunos lo creen, solamente porque tienen dinero o manejan dinero ajeno.
Ejemplo, el número de juegos.
La lógica más elemental indica que primero se determine entre qué fechas se va a jugar, luego se calcule el número de partidos que alcanza entre esas dos fechas, y luego se fije la cifra.
Para poder estar en el calendario internacional, poder traer importados activos en el Béisbol Organizado, para que podamos ver en acción a nuestros profesionales, y poder montar una Serie del Caribe dentro de las fechas acostumbradas, Carlos García ha cambiado el calendario al que podemos llamar “invernal internacional”.
Pero los directivos ni se han enterado. Ellos están en los ochentas, o quizás en los setentas. Que se juegue en todo febrero… después vienen las burlas a los aficionados, como la final del año pasado, donde el Rivas tuvo que jugar sin Jimmy González ni Jairo Pineda ni Santiago Henry. Pobre fanaticada con esos genios.
Otros no quieren nóminas de más de 22 peloteros, cuando todo el que sabe un poquitito de pelota (o sea más que los directivos) se da cuenta de que se necesitan unos once o doce lanzadores por conjunto, y una banca de unos cinco peloteros. Acaban con los brazos de los lanzadores, pero ni siquiera se les puede llamar criminales, por que no saben lo que hacen. Son ignorantes.
Otro directivo (o directivos) acaba de salir con la “perla” de que no se necesitan los permisos internacionales. Por lo tanto, el Rivas puede tranquilamente firmar al cubano radicado en Costa Rica, Alberto Hernández, sin importarles las reglas olímpicas, ni Copabe. Eso a su vez causó que otro equipo firmara a Julio César Ráudez, y al diablo con el Béisbol Organizado y los Gigantes de San Francisco…
En qué manitos está nuestra pelota.