Edgard Tijerino M. [email protected]
El estaba ahí, en la pantalla de CNN, llegando a Sidney, lejos de aquella majestuosidad, moviéndose dramáticamente, encogiendo nuestros corazones…Me refiero, al más grande personaje producido por el boxeo mundial en su historia: Muhammad Alí.
Su imagen, no tenía nada que ver con “El Increíble”, “El Superdotado”, “El fantasioso”, “El espectacular”, “El Profeta”, “El irreverente”…Igual que en Atlanta hace cuatro años, el es una aproximación al Fatasma de la Opera.
Y es que el temible Mal de Parkinson, pasa golpes, neutraliza todo tipo de rectos y ganchos, y cuando arremete, va a fondo, sin la menor piedad.
Alí avanzaba vacilante, como si fuera el Empire State oscilando peligrosamente, y cuando quedaba mirando de frente a las cámaras, parecía la Estatua de la Libertad a punto de llorar.
El hombre que perfeccionó la jactancia, que disfrutó de los aduladores, que se burló de críticos y oponentes, que se creyó Dios, que retó al gobierno de USA negándose al Servicio Militar, que supo regresar brillantemente después de una confiscación de sus portentosas facultades por tres años y medio, que nos deslumbró por largos años con su fulgurante esgrima entre las cuerdas, que cobró bolsas increíbles estremeciendo el mundo de las finanzas, que se autocalificó y fue considerado –discutiblemente—como “el más grande púgil” que ha existido, es ahora una borrosa sombra de su glorioso pasado.
Sin embargo, tiene aliento para dar señales de vida e impresionar… Es sorprendente cómo alguien de 58 años, acorralado por el devastador Alzheimer, todavía puede manejar sus piernas y lanzar un par de rápidos jabs.
Los síntomas de la implacable enfermedad, son inequívocamente escalofriantes: la rigidez del paso, los movimientos retardados, una mirada en blanco y empañada, a veces hablar inaudible, terribles dificultades para hacerse entender, daño cerebral irreparable.
Alí cultivando la más grande egolatría en la historia del deporte, rechazó la posibilidad de un retiro a tiempo… Su verdadera grandeza, siempre estuvo entre las cuerdas aunque haya sido un invitado para hablar sobre poesía en la Universidad de Oxford, o brindar charlas y discutir con los estudiantes en la Universidad de Harvard, o un visitante en la Casa Blanca.
El gran problema de Alí fue intentar —contra todo tipo de riesgos— seguir siendo una leyenda para todos y para él mismo, considerando que siempre hay hazañas que intentar mientras se tengan fuerzas.
¿Cuántos golpes en la cabeza pudo haber evitado el profeta?… ¿‘No era su dramático y estrujante triunfo sobre Frazier en Manila el momento preciso para un retiro glorioso?.. ¿No fue una imprudencia temeraria retar a Larry Holmes cuando ya sus reflejos estaban adormecidos y el vigor de sus músculos estaba desvaneciéndose?
En el boxeo, deporte de impactante crueldad, una pelea puede ser el drástico recorte de la vida de un púgil, o como el caso de Alí, el ingreso a una vejez carcomida.
El volar como una mariposa y picar como una avispa, se convirtió en sólo flotar y molestar durante sus últimos combates, para desembocar en arrastrar los pies, levantar difícilmente la mirada y hablar en murmullos.
La última gran bolsa la obtuvo con esa Autobiografía escrita por Tomas Hauser, todavía vendiéndose con frecuencia llamativa en Estados Unidos.
Increíble.
El doctor Pacheco recomendó a Alí que se retirara después de un durísimo combate en el cual sufrió mucho castigo contra Norton, pero él siguió para encontrarse con Shavers, perdió y ganó con León Spinks, insistió hasta llegar a Holmes y todavía tuvo aliento para pelear con Berbick… Ah, si tan sólo Alí hubiera hecho caso a tiempo.
El fue víctima de su fantasioso ego hasta convertirse en un fantasma, pero inyectó presencia, personalidad e impacto en la historia del boxeo… Ciertamente, ha sido “El más grande”.