Ranking de proezas en los Juegos Olímpicos

Edgard Tijerino [email protected] La intención de Marion Jones, de obtener cinco medallas de oro en el marco de los eventos de pista y campo en los Juegos de Sidney, algo sin precedentes, mantiene abierta la vieja y apasionante interrogante: ¿Cuál ha sido para usted la mayor proeza realizada en la historia de los Juegos Olímpicos? […]

Edgard Tijerino [email protected]

La intención de Marion Jones, de obtener cinco medallas de oro en el marco de los eventos de pista y campo en los Juegos de Sidney, algo sin precedentes, mantiene abierta la vieja y apasionante interrogante: ¿Cuál ha sido para usted la mayor proeza realizada en la historia de los Juegos Olímpicos?

En Atletismo, lo máximo logrado a través de un esfuerzo eficaz y gigantesco, son cuatro de oro…Primero, Jesse Owens en 1936 y después, Carl Lewis en 1984.

Una de las actuaciones más impactantes en la historia de los Juegos, fueron las 7 medallas de oro ganadas por Mark Spitz en la pileta de Munich 72 dejando a medio mundo con la boca abierta…¿Cómo fue posible eso? nos preguntamos todavía.

Obviamente es una excelente escogencia…Ganar 7 medallas de Oro, y todas ellas con récords mundiales (100 y 200 metros libres, 100 y 200 metros mariposa y otras tres en relevos), es una proeza que parece inalcanzable, pero según los expertos en natación, en cualquier momento puede surgir un “Monstruo” como Spitz, y recomiendan no perder de vista al australiano Ian Thorpe.

¿Se acuerdan de Kornelia Ender?…Si, la super-nadadora de la RDA que en 1973, estableció 4 récord mundiales en el Torneo de Belgrado y fue parte de otras dos victorias en los relevos antes de llegar a Montreal en 1976 a ganar tres medallas de Oro en pruebas individuales y otra como parte del relevo combinado.

Quienes disfrutaron de la década de los 60, pueden decir que la máxima hazaña ha sido el salto de 8 metros con 90 centímetros en longitud, logrado por Bob Beamon durante las Olimpiadas de México 68, o los fantásticos 43 segundos con 8 décimas de Lee Evans en 400 lisos en esos mismos Juegos…Fueron marcas de otra galaxia, y una prueba de ello es el tiempo que resistieron tantos embates hasta ceder frente a Mike Powell y Butch Reynolds.

Si usted pertenece a la vieja generación, seguro que se apunta a las cuatro medallas de Oro ganadas por Jesse Owens en las Olimpiadas de Berlín en 1936, cuando hizo palidecer a Hitler y estremeció el planeta, ganando los 100 y 200 metros lisos, el salto largo y participando en el relevo triunfador del 4×100.

Esa hazaña de Owens, fue por largo rato, la referencia obligada de la grandiosidad, hasta que Carl Lewis lo igualó con cuatro de oro en las mismas pruebas durante los Olímpicos de Los Angeles…Cierto que no asistieron los países del Este europeo por las controversias políticas que más adelante afectaron los Juegos de Seúl, pero aún con todos en la estufa, Lewis lo hubiera logrado.

Y hay más historias fabulosas que pueden aspirar a la nominación de “La más grande proeza olímpica” como el puntaje de Nadia Comaneci en Montreal o el de Alexander Ditiatin en Moscú durante las pruebas de Gimnasia…Esa calificación de 10 obtenida por la gimnasta rumana, es irrepetible. Todos sus movimientos fueron perfectos en las diferentes especialidades. Ella parecía estarse moviendo sobre el arco iris de la mano de los Dioses del Olimpo…Ditiatin en tanto, ganó 8 medallas en Moscú, tres de oro, cuatro de plata y una de bronce en Gimnasia. ¿Qué les parece?

El ganar descalzo la prueba de maratón como lo hizo Abebe Bikila en 1960 para repetir en 1964, con zapatos, nos obliga a incursionar en el territorio del asombro…¿Y qué decir de lo hecho por Emil Zatopek, “la locomotora checa”, que ganó el oro en 5 mil, 10 mil y el maratón, durante los Juegos de Helsinki en 1952…Zatopek hubiera sido capaz de correr de Nueva York a Buenos Aires sin permitir que alguién estuviera adelante.

Todas esas argumentaciones, contundentes vistas desde cualquier butaca, rebotan a la hora de compararlas con la proeza de Al Oerter, el lanzador de disco norteamericano que ganó medallas de Oro en cuatro Juegos Olímpicos consecutivos, compitiendo en lanzamiento de disco.

¿Saben ustedes lo que es eso?.. Pues equivale a dominar el panorama olímpico durante 12 años retando a los rivales y sobre todo al almanaque.

En 1956 durante los Juegos de Melbourne, Oerter de 20 años, se impuso a su compañero Fortune Gordlen y Desmond Koch, con un disparo de 56 metros y 36 centímetros…Cuatro años después en los Olímpicos de Roma, Oerter volvió a dominar la prueba con un disparo de 59 metros y 18 centímetros…Volvió a escena en 1964 en Tokio y nadie le daba posibilidad de conseguir su tercera medalla de Oro, debido a que estaba inscrito el checoslovaco Luduvic Danek, dueño en esos momentos del récord mundial de la especialidad y que tenía largo rato de no perder una prueba…Fue una lucha durísima y Danek que había llegado a rascar los 63 metros, no pudo pasar más allá de los 60 metros con 52 centímetros, en tanto, Oerter enviaba el artefacto a 61 metros para su tercer medalla de Oro en tres olimpiadas increíbles.

Oerter llegó a México en 1968 con 32 años encima. Hizo un esfuerzo supremo para clasificar en el equipo olímpico de los Estados Unidos, pero al igual que en Tokio, no fue colocado entre los favoritos…El récord mundial era de su compañero de equipo Jack Silvester quien había logrado disparar el disco más allá de los 60 metros.

Doce años después de Melbourne, Oerter sorprendió a medio mundo superando a Silvester en la lucha por la medalla de Oro con un lanzamiento de 64 metros con 78 centímetros, mientras Silvester “encocado”, se conformaba con 63.50 metros…Lo más llamativo, es que en ninguno de los cuatro Juegos Olímpicos, Orter fue considerado favorito.

Naturalmente, era la escogencia segura para “La más grande hazaña” antes de Atlanta…En esos Juegos de 1996, se le ocurrió a Carl Lewis, obtener su novena medalla de oro precisamente en salto largo…El había dominado esa especialidad tanto en Los Angeles, como en Seúl y Barcelona, y al ganar en Atlanta, se abrazó con Oerter en un equilibrio espectacular.

¿Cuatro medallas de Oro en cuatro Olimpiadas consecutivas?…Quizás Teófilo Stevenson lo hubiera conseguido en Los Angeles, pero los cubanos decidieron no asistir, y tal posibilidad se desvaneció.

Stevenson ganó la medalla de Oro en la categoría pesada durante los Juegos Olímpicos de Munich en 1972, repitiendo en Montreal 76 y Moscú 80.

Otras dos proezas dignas de estar en el Ranking los triunfos de Juantorena en 400 y 800 durante los Juegos de Montreal, y la demostración de Michael Johnson ganando 200 y 400 en Atlanta…Claro, hay más, pero no podemos estirar el espacio.  

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