- Misas, actos públicos, violencia y declaraciones en recuerdo de hace 27 años
EFE y AP
Santiago de Chile. Incidentes aislados y vigilias de familiares de las víctimas frente a antiguos centros de reclusión, pusieron término la madrugada del martes a un nuevo aniversario del golpe de Estado que en 1973 derrocó al presidente socialista chileno Salvador Allende.
Los disturbios se concentraron en recintos universitarios de Santiago y de las principales ciudades, como Valparaíso, Iquique y Concepción, además de barriadas populares de la capital chilena.
Las marchas por el centro de Santiago y los actos conmemorativos duraron toda la noche y 38 estudiantes fueron detenidas por causar desórdenes.
En varios puntos de la capital hubo cortes de luz provocados por la acción de grupos de manifestantes que lanzaron cadenas a los cables del tendido eléctrico.
La jornada se caracterizó por los llamamientos de pinochetistas y oficialistas a la reconciliación, al arrepentimiento y al perdón, además de actos marcados por la confraternización y el recuerdo, más que por la exaltación del enfrentamiento.
La notoria ausencia del general Augusto Pinochet en los actos organizados por sus partidarios, debido a que los médicos le ordenaron reposo absoluto, fue uno de los hechos que marcaron la celebración del 27 aniversario del golpe.
La izquierda conmemoró la fecha con ofrendas florales frente al monumento al desaparecido mandatario socialista y al número 80 de la Calle Morandé, el lugar en que se encontraba la puerta de accceso de los presidentes al Palacio de La Moneda hasta 1973, y por donde fueron sacados los restos de Allende el día del golpe militar.
El Ejército recordó la efeméride con una misa en la Escuela Militar a la que asistieron las viudas de los miembros de la Junta Militar que se estableció tras el golpe para gobernar el país, a las que se sumó Lucía Hiriart en representación de su esposo, Augusto Pinochet.
NO DEPIRAN PERDON
La viuda de Allende, Hortensia Bussi, pidió “justicia en Chile y no impunidad” y llamó a Pinochet a pedir perdón y “derramar una lágrima” por lo ocurrido.
La esposa de Pinochet, Lucía Hiriart, afirmó sentirse “feliz” porque el golpe militar de 1973 derivó en algo que “resultó muy bien”, pero dijo sentirse “triste” por los muertos que se produjeron en esta verdadera “guerra civil”.
Asimismo, dijo que su marido no pedirá perdón, porque sólo “una persona que se siente culpable pide perdón”.
“Nunca va a pedir el perdón político. No tiene por qué hacerlo”, dijo ayer por su parte el general retirado Guillermo Garín, coordinador de los asesores del octogenario general.
La dictadura de Pinochet dejó un saldo oficial de 3,197 muertos, de los cuales más de un millar permanecen desaparecidos.