- Para conocer las historias sobre el origen de El Ostional hay que buscar a don Leoncio, quien conserva su sentido auditivo casi perfecto y una memoria intacta
- Don Leoncio está casado desde hace 59 años con doña Justa Lidia Collado, de 77 años y asegura que durante todo este tiempo no han tenido discusiones, lo que atribuye a que siempre se han respetado y conservan su amor
Rosario Montenegro Z. [email protected]
Después de la reciente muerte de su suegra de 105 años, don Leoncio Lara Maltez, a los 97 años se convirtió en el habitante de mayor edad de la comunidad El Ostional, quien a pesar de su edad, sólo se queja de una pequeña dolencia en una de sus rodillas que le impide continuar sus oficios de cazador de venados y pescador.
Cuando sus familiares o habitantes de El Ostional desean conocer o volver a escuchar las historias sobre el origen de esta localidad, buscan a don Leoncio, quien conserva su sentido auditivo casi perfecto y una memoria lúcida.
Don Leoncio está casado desde hace 59 años con doña Justa Lidia Collado, de 77 años y asegura que durante todo este tiempo no han tenido discusiones, lo que atribuye a que siempre se han respetado y conservan su amor.
Señala que el éxito de su matrimonio se debe “a que antes uno se casaba porque el amor era de corazón, sincero, pero ahora no duran mucho porque se casan sin saber o por intereses y eso no es así”.
Su esposa le interrumpe un momento para reforzar las palabras de don Leoncio y aprovecha para también ensalzar a su marido y explicar que los únicos problemas que tuvieron era cuando “los muchachos hacían algo indebido, él me encomendaba a mí que los reprendiera, él nunca les pegó”.
Esa vida tranquila y la alimentación consistente básicamente en mariscos es lo que atribuye para conservarse sano en las vísperas de arribar a su primer siglo de existencia.
Dice que hasta hace poco salía a cazar venados y un poco más atrás también era pescador, alimentos que considera han sido vitales para llevar una vida sana.
En sus años mozos fue jornalero y durante 40 años trabajó para el Gobierno como guarda línea (en el telégrafo), donde ganaba 40 córdobas, él era uno de los mejores pagados ya que la mayoría ganaban 20 córdobas.
“Con ese salario pasábamos bien, criamos a nuestros hijos, ya que en ese tiempo los precios iban desde medio centavo, un centavo, pero ahora con 200 córdobas no se hace nada”, dice con nostalgia.
CUANDO EL BARCO SE HUNDIO
Un hecho que casi todos comentan, aunque nadie de sus actuales pobladores lo vivió, es el hundimiento de un barco hace más de 100 años, cuyas anclas aún se pueden observar en las playas de este lugar.
Según dice don Leoncio, el barco venía procedente de Panamá y su hundimiento se debió al mal tiempo y a que el capitán venía ebrio, pero como el hecho sucedió prácticamente en la playa no hubo muertes que lamentar.
“Han sido muchos los que han intentado entrar al barco, pues se cree que adentro hay oro, pero nadie lo ha logrado”, dice el anciano.
Su esposa, doña Lidia Justa de Lara, dice que hace unos 130 años ese lugar era muy alegre, ya que llegaban muchos barcos, procedentes de varios países, según le contaban sus antepasados.
“¡Mire! una tía me contaba que todos los sábados en la playa las muchachas organizaban fiestas para la llegada de los marinos”, rememora.
Y es que al parecer esa generación era mucho más alegre de lo que nos pudiéramos imaginar, pues según los relatos de doña Justa, sus antepasados le contaban que desde los viernes se empezaban hacer enramadas en la playa para preparar la llegada de los marinos, a quienes recibían con mucha alegría y música de violines y guitarras.