- Considera que “la ignorancia tiene como principales aliadas las posturas cerradas y prejuiciosas que impiden que las personas inteligentes razonen…”
Karla Marenco L. [email protected]
“Cuando un pueblo no tiene satisfechas sus necesidades básicas, difícilmente podrá optar por el desarrollo de una vida afectiva y sexual, que son necesidades posteriores a la de sobrevivir”, sostuvo la reconocida sicóloga y sexóloga, Auxiliadora Marenco.
Según Marenco, los resultados de la investigación: “La Cultura Sexual en Nicaragua”, es una prueba de que “la sexualidad no es sólo lo referido al coito”, como se piensa, “sino a todo aquello que concierne a la forma de pensar y sentir de los hombres y mujeres de una sociedad”.
“La ignorancia tiene como principales aliadas las posturas cerradas y prejuiciosas que impiden que las personas inteligentes razonen, para encontrar explicaciones a los distintos fenómenos del comportamiento humano. La sexualidad siempre fue tratada como asunto de alcoba o como único motivo para la reproducción”, expresó Marenco.
Según la sicóloga, esa “miseria afectiva” de la que habla Sofía Montenegro en su libro y que afecta a las parejas nicaragüenses, puede ser vista de dos formas: la de ser incapaz de amar y la de sólo poder amarse a sí mismo.
“Cualquiera de ellas elimina la posibilidad de ser generosos y compartir. Destruye la intimidad, esa que lleva a los humanos a mostrarse y entregarse sin miedos y sin condiciones”, apuntó.
La especialista señala que a muchas personas no les gusta comunicar sus intimidades porque no saben cómo hacerlo o porque no quieren mostrarse en lo pequeño y disminuidos que están. “Es más fácil hablar de negocios, del tiempo o del tránsito, que de los sentimientos”.
Al parecer la mujer es quien está más identificada con este problema, pues al ser considerada “inferior”, le imprime a los sentimientos una disminución en su significado e importancia, apuntó Marenco.
EL PROBLEMA DE LA “FRACTURA AFECTIVA”
Sostiene la especialista que esa “fractura afectiva” en el ámbito íntimo es motivada por las frustraciones que hombres y mujeres tienen de no ver satisfechos sus deseos y necesidades, en un mundo donde lo material parece ser la prioridad.
“Hemos ido perdiendo el sentido de lo nuestro y de lo real, para vivir un mundo “plástico” e importado, con avenidas iluminadas, hoteles de lujo, centros comerciales, gasolineras con comida “fast food” al mejor estilo norteamericano, tiendas y negocios con nombres en inglés, traídos desde la vecina potencia del norte, que no son de allá pero tampoco son de aquí”, apuntó.
Marenco opina que el acto sexual cuyo verdadero significado y fin es la complacencia y la máxima expresión de comunicación, pasa a ser un “simulacro deformado” donde la mujer lleva la peor parte.