- La fuerza del mar y el paso de los años están terminando con el histórico Muelle de Masachapa, al que según uno de sus constructores, nunca atracó barco, sólo una pequeña lanchita que trasladaba cemento a Costa Rica
- Desde arriba se observa la bella costa que luce muy limpia y despejada y al fondo del mar se miran pasar las lanchas pesqueras y los barcos anclados
José Luis Palacios G. – [email protected]
SAN RAFAEL DEL SUR.- El Muelle de Masachapa, aquel hermoso y bello lugar que todavía en la década de los años ochenta era un centro turístico muy visitado por veraneantes que llegaban de diferentes partes del país, cada día está sufriendo desgastes en su infraestructura, producto de la fuerza del mar y en cualquier momento podría sucumbir.
Este muelle fue construido en 1951 durante la administración de Anastasio Somoza García, está ubicado a kilómetro y medio al noroeste de la localidad de Masachapa, su estructura es de concreto, mide 80 metros de largo, tiene forma de “L” y al pie de la estructura existe un ojo de agua que permanece vivo.
Actualmente, su deterioro sigue avanzando porque los pilares de contención se están deshaciendo y el hierro está totalmente corroído, de tal forma que los postes ya no cuentan prácticamente con este material.
Ahora, este lugar está siendo poco visitado por los turistas nacionales y extranjeros, quizás porque se ha convertido en un peligro y los únicos que suben al muelle son personas del lugar que llegan quizás para olvidar sus problemas cotidianos, parejas de enamorados, familias de paseo y algunos jóvenes en busca de pesca.
Desde arriba se observa la bella costa que luce muy limpia y despejada y al fondo del mar se miran pasar las lanchas pesqueras y los barcos anclados.
Algunas personas prefieren ubicarse debajo del muelle para evitar el inclemente sol, quizás sin imaginar el peligro al que se exponen.
DON URSULO CUENTA HISTORIA DEL MUELLE
Don Úrsulo Alberto Cruz Gago de 84 años, es el único hombre que nos puede contar la historia de la construcción de este muelle de Masachapa, ya que de los ocho hombres que trabajaron en su construcción es el único sobreviviente.
El anciano recuerda que en aquel tiempo, hace aproximadamente unos 64 años, el arquitecto Ofilio León Moreno, originario de la ciudad de León, empezó a construir un muelle propiedad del Ferrocarril, de estructura de madera de níspero, guapinol y almendro que medía 450 metros hacia adentro del mar.
Este trabajo no duró mucho tiempo, porque los pilotes del muelle no resistieron debido a que la madera fue afectada por un gusano que salía de una concha del mar conocida como “Broma”, el que cortaba la madera como si se tratara de un serrucho y luego toda la construcción se cayó.
“Ahí trabajamos ocho hombres: Juan Quintanilla, Natividad Rodríguez, Félix Enrique López, Juan José Portillo y los otros todos ya murieron, ganábamos cuatro córdobas con cincuenta centavos diarios, otros menos según el trabajo que desempeñábamos”.
Cuando el muelle se deteriora, don Ofilio ordena recuperar la madera que estaba dentro de las aguas del mar y posteriormente decide construirlo de concreto.
“Recuerdo que para ese tiempo este lugar era pura montaña, en la zona de San Rafael del Sur no existía la carretera que ahora existe. Eran sólo caminos de trochas y entonces el cemento se llevaba hasta la construcción en carretas haladas por bueyes, pero más tarde desistió en la construcción, porque el mismo ferrocarril decidió no continuar apoyándolo”, dice don Úrsulo.
Agrega que después la administración de la Cementera Canal, cuyo dueño en ese tiempo era el señor Pablo Dambach, decidió continuar la construcción del muelle que le serviría para transportar sus productos que pretendía comercializarlos a Costa Rica y Honduras.
Finalmente, la Cementera deja la reconstrucción por falta de maquinarias especialmente para construir muelles y sólo logra construir 80 metros y su objetivo era hacerlo grande, como el primero que no duró mucho tiempo.
Don Úrsulo dice que a ese lugar nunca llegaron barcos, ni lanchas, “yo no sé cuál era el objetivo del Ferrocarril, lo que recuerdo del muelle, ya por último era que llegaba una lanchita procedente de Costa Rica que transportaba el cemento”, concluyó.