Cazaron al boxeador ‘Patito’ Fuentes

Edgard Tijerino M. [email protected] ¿Cómo fue posible esa descarga, justamente cuando “El Patito” estaba en ruta hacia el trono OMB de las 118 libras?… No fue producto de una “cacería”, porque pese a la impresionante velocidad de manos del panameño Mauricio Martínez, a la precisión que mostró aplicando esas combinaciones de golpes, a esa resistencia […]

Edgard Tijerino M. [email protected]

¿Cómo fue posible esa descarga, justamente cuando “El Patito” estaba en ruta hacia el trono OMB de las 118 libras?… No fue producto de una “cacería”, porque pese a la impresionante velocidad de manos del panameño Mauricio Martínez, a la precisión que mostró aplicando esas combinaciones de golpes, a esa resistencia anormal que le permitió sobrevivir a tres derrumbes, la contundencia de Léster Fuentes además de establecer clara diferencia en puntos, le estaba permitiendo aproximarse al control de las acciones.

Después de tres caídas, una fuerte inflamación con cortadura debajo de su ojo derecho, esperábamos que la tenacidad de Martínez, decreciera en ese quinto asalto… Era lo natural, consecuencia del desgaste provocado al combinar el esfuerzo desplegado a través de una ofensiva intensa buscando cómo estrechar la distancia en las tarjetas, y soportar un castigo derrite esperanzas.

Pero… El supuesto “cadáver” se salió del ataúd asombrándonos. Súbitamente nos encontramos frente a un drama imprevisto: Martínez desbordado, con sus escopetas cargadas, realizó una descarga agobiante durante la cual, un golpe de derecha en la parte trasera de la cabeza del nica, lo aturdió, y quedó expuesto al golpeo del panameño… Y fueron tres arponazos de derecha, dos avanzando, empujando al “Pato” hacia las sogas con sus piernas descolgándose, y el otro, aprovechando un retraso del réferi, brutal, tratando de fragmentar la mandíbula, cuando mental y muscularmente, el nica no tenía el menor control.

La caída del nica fue tan dramática como aquella de Argüello ante Pryor… Había algo de similitud en las imágenes mientras nuestros corazones se arrugaban como pasas y comprobábamos que no existe un estado de ánimo más deteriorado, que el que nos empuja a maldecir.

De pronto, la victoria se había esfumado, la corona robada, la posibilidad congelada, y el Campeón era Martínez, un panameño de manos veloces, piernas obedientes, dueño de fulgurantes combinaciones, una capacidad de recuperación espectacular y obviamente, mucho corazón.

En la pelea de su vida, “El Pato”, alegremente destructivo, fue inesperadamente cazado.

Ah, si pudiéramos regresar en la máquina del tiempo a esos treinta segundos finales del cuarto asalto, con Martínez colgándose de su aliento, apoyándose para no caer en los latidos de su corazón, pidiendo con urgencia una transfusión de sangre, y “El Pato” atacando con firmeza, buscando el golpe que provocara una segunda caída en ese asalto, o que estallara en el pómulo derecho… Pero, milagrosamente, el canalero resistió evitando caer por cuarta ocasión en el combate… A un golpe de asegurar el título quedó “El Pato” en ese instante.

Sin embargo, la llegada del desenlace fue considerada un asunto a corto plazo, con Fuentes ejecutando la sentencia.

Cuando salió para el quinto asalto, el panameño se me pareció a Danton caminando hacia la guillotina y gritándole al verdugo: “cuando todo acabe, mostradle mi cabeza a la multitud, que bien vale la pena”.

La caída de la cuchilla nunca ocurrió… Martínez terminó con su cabeza atada al cuello, y encima de ella, una corona… Parte de los imprevistos que el boxeo proporciona.  

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