Mercedes Peralta – [email protected]
LEON.- Una tradición que se cumple con carácter de ley durante dos meses del año, en honor a los ancestros de los sutiabas es la “fajina”, o sea la limpieza de los cinco cementerios distribuidos alrededor del barrio indígena.
En los meses de mayo y octubre cada domingo a las cuatro de la mañana un grupo de tamboreros recorre las calles ejecutando sones conocidos como “Pases de Camino”, “Son de San Jerónimo” y “El Trago Amargo”, este último ya casi perdido.
Los pobladores al escuchar los tambores se levantan, toman sus azadones, palas y otros instrumentos y se encaminan hacia los cementerios, San Juan, El Zapote, San Pedro, San Francisco y San Sebastián, donde se encuentran sepultados sus deudos.
Aquí los esperan las mujeres que no pueden trabajar en la “fajina” y que han preparado para los limpiadores del cementerio, “grandes baldes de chicha, pozol o cacao para calmarles la sed”, cuenta Pedro Pablo Medrano, miembro del Consejo de Ancianos de Sutiaba.
“La tarea se realiza con el fin que el Día de las Madres, el 30 de mayo y el Día de los Difuntos, el 2 de noviembre los cementerios y las tumbas se encuentren limpias y se les pueda rendir el culto acostumbrado, rezos, ornamentación y visita”, explica.
Los cementerios de Sutiaba son autónomos y poseen sus normativas. Cada uno tiene su propia directiva que se encarga de administrar los terrenos del Campo Santo, que son donados a las familias que lo solicitan. “Sólo dan una pequeña contribución para su mantenimiento y cuando se recauda se les extiende un recibo. El trabajo de la “fajina” tiene un valor de cinco córdobas más o menos las dos horas, y ese valor se aplica a la contribución económica que dan”, agrega Medrano.