El Tamarindón, escenario de leyendas

Mercedes Peralta – [email protected] LEON.- Un legendario árbol de tamarindo se erige en el corazón de Sutiaba, como testigo mudo de una parte de la historia del pueblo indígena. Se le atribuye haber sido escenario de la muerte del Cacique Adiact. La leyenda del “Tamarindón”, narrada en doble versión se ha trasladado por siglos de […]

Mercedes Peralta – [email protected]

LEON.- Un legendario árbol de tamarindo se erige en el corazón de Sutiaba, como testigo mudo de una parte de la historia del pueblo indígena. Se le atribuye haber sido escenario de la muerte del Cacique Adiact.

La leyenda del “Tamarindón”, narrada en doble versión se ha trasladado por siglos de generación en generación y ha cautivado a los leoneses y a los foráneos nacionales y extranjeros, algunos de los cuales aceptan como hecho cierto “la muerte del ahorcamiento del Cacique Adiact, valiente guerrero de la tierra de hombres grandes, ejecutada por los españoles”, en su esfuerzo por invadir el territorio indígena.

Mientras su hija Xóchitl Asalt o “Flor de Caña”, que regresaba de cumplir una misión, al ver colgado a su padre decidió quitarse la vida arrojándose a una hoguera, en un lugar montañoso cerca del Tamarindón. Esto es lo que oyó Jesús Angel Antón Arauz (58), de boca de su abuelo don Jesús Antón.

La otra versión menos divulgada indica que la joven había sucumbido a las pretensiones amorosas de un capitán español y su padre Adiact al enterarse de la ofensa “prefirió la muerte que la humillación y se ahorcó en el Tamarindón. Su hija, al conocer la noticia, avergonzada se suicidó”.

Lo cierto es que el árbol tres veces centenario es considerado patrimonio de los sutiaba. Ha sobrevivido al tiempo, los fenómenos naturales y el despale. Es para los pobladores de ese barrio “un símbolo de la resistencia indígena en contra de la colonia española y un ejemplo de la preservación y respeto de los recursos naturales”.

Sutiaba es rica en leyendas. Entre ellas se encuentra la del “Punche de Oro”, espectro que se pasea algunas noches del año entre Poneloya y las ruinas de Veracruz, cuidando el tesoro enterrado de la comunidad indígena. Los abuelos de Sutiaba aseguran que el misterioso “Punche de Oro” es el espíritu de los sutiaba que los ha dirigido en sus bravas luchas y que el día que lo atrapen liberarán el espíritu del Cacique Adiact, ahorcado en el “Tamarindón”.  

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