- Actores, periodistas y controladores de la Radio Mundial conformaron un verdadero “equipón” de profesionales de talento
- De esos bares recuerdo el de La Chalía, que quedaba en la Calle 15 de Septiembre, propiamente frente a Chico Ché Repuestos. Las dueñas eran dos señoras, la Rosalía y una española llamada Alicia, ambas niñas viejas aunque liberalizadas del carácter
Mario Fulvio [email protected]
“Cuando allá por los años cincuenta a don Manuel Arana Valle se le ocurrió mejorar el local donde funcionaba la Radio Mundial, contrató al famoso “Chimino”, apodo que pertenecía a don Guillermo Altamirano, un “hace de todo” que se las picaba de maestro constructor.
“Chimino” instaló el radioteatro de la susodicha emisora y dos estudios de grabación, uno para las radionovelas y el otro para conferencistas como Carlos Bravo, Luis Pasos Argüello y el padre Narciso de Arenys.
Quien evoca estas cosas en La Peña del Viejo Solitario se llama Carlos Ocón Rodríguez. Su visita a nuestro mítico club ocurrió el domingo, fue una sorpresa grata ver entrar a nuestro fornido amigo que aún mantiene sobre sus gruesos labios un bigotillo casi invisible, con sus cuatro grenchas peinadas para atrás sacando a luz su frente descomunal.
¿Por qué Carlitos –como cariñosamente le llamamos–, nos sale con el cuento de Chimino? “Sencillo, por medio de Chimino mi mamá consiguió trabajo en la radio, y yo con el pretexto de ver a la autora de mis días me fui metiendo ahí y aprendiendo los trucos de los musicalizadores hasta que llegué a emplearme como “controlista tapón”.
LIGADO POR FUERZA A LA BOHEMIA
A partir de aquel momento mi vida comenzó a mezclarse con la de los muchos perdularios de la radiodifusión y del periodismo, a reconocer su gran valía y acompañarlos en su vida bohemia que ellos deshilachaban en las cantinas famosas de aquellos tiempos.
De esos bares recuerdo el de La Chalía, que quedaba en la Calle 15 de Septiembre, propiamente frente a Chico Ché Repuestos. Las dueñas eran dos señoras, la Rosalía y una española llamada Alicia, ambas niñas viejas aunque liberalizadas del carácter.
Atraídos por las boquitas típicas –chicharroncitos, fritito, quesito, tamalitos–- y el guaro fino que allí ofrecían, se convirtieron en parroquianos del local entre otros Bosco Parrales, el Tío Popo, Francisco Carranza, Fabricio Escobar, Francisco Ruiz Zapata, Ignacio Briones Torres y su carnal “Nikita” Quiroz.
La tertulia báquica era amena, se hablaba de artes, política y literatura y se criticaba sin piedad a cualquier títere que allí quedaba sin cabeza. Claro que hubo sus “encabes”, entre uno muy famoso cometido por Nacho… Pero no lo contaré por respeto a ustedes, aunque chiles de esta clase deben quedar plasmados en la historia humorística del periodismo nacional.
EN EL BAR LA CHALIA, CON LAS POQUIANCHIS
A las dueñas del bar La Chalía nosotros les decíamos “Las Poquianchis” haciendo similitud con el caso de unas mujeres que en Ciudad México tenían un orfanato donde practicaban hechicerías y en el que aparecieron asesinados varios niños huérfanos.
Después del terremoto La Chalía se trasladó allá por la Aceitera Corona, poniendo un rótulo que decía “Aquí está La Chalía”.
Otra cantina que visitábamos en compañía de Eduardo López Meza –que esos tiempos no era doble A–, era la de Pedro Tuco, que quedaba detrás del Hospital General. Con sus buenos farolazos Eduardo se ponía a cantar tangos, maña que todavía le acompaña en el club que llaman de “los gardelianos”.
Otra cantina reducto de periodistas era el “Guadalajara”, que quedaba detrás del Gimnasio viejo, donde llegaban, después de las veladas de boxeo, los narradores deportivos de ese tiempo, como Evelio Areas, Armando Provedor, Orlando Meza y otros.
Y aquí les cuento una anécdota ligada al “Guadalajara”, y es que allí celebró Armando Provedor el haberse sacado el premio mayor de la Lotería. Pero aquel premio mayor tenía cola. Armando debía el billete a la Lilly Cano, esposa de Rafael Cano. Ocurrió que Provedor andaba narrando en el extranjero cuando se dio el sorteo y por tanto debía el valor del billete a la susodicha señora. Pero la Lilly, honrada a carta cabal, a pesar de saber que el billete estaba premiado con el mayor, esperó que Provedor –que jugaba el número fijo–, regresara al país para entregárselo. Otra gente no hubiera procedido así, se queda con el premio y santas paces.
Otras cantinas famosas fueron el “Guayacán Número 1”, ubicado donde después fue la Mansión de Luis Somoza, y el “Guayacán Número 2”, cercano al edificio de la Aduana y que fue el primero que introdujo el servicio de meseras en minifalda y las bocas de jamón con piña. Dirigía ese centro doña Margarita, una agradable señora que introdujo en su local las “comidas granadinas” hechas con garrobo, iguanas y tortugas verdes.
,B>DONDE CACHECHO, CON LA BALLENA MIADA
Donde “Cachecho”, que vendía guarito pelón, concurrían entre otros Fabricio Escobar Zelaya. Como era un gordo chele le decíamos “Ballena Miada”, era bueno a los “catos” y en cierta ocasión le inflamó el ojo a Pepe Barrantes (Zanate), porque éste, como gerente de la 590, lo sancionó por ausentarse de su trabajo.
Fabricio se casó con la primera actriz radial Sofía Montiel, una agradable dama con la que procreó dos niñas, sin embargo ese matrimonio culminó en divorcio y poco después Fabricio volvió a casarse, esta vez con doña Coco, la dueña de una cantina que quedaba por El Colonial de la cual eran asiduos visitantes Luis Hernández, Panchito Bravo, Danilo Aguirre, Oscar Robelo, el profe Trejos, Xavier Chamorro y Carlitos Sánchez.
El bar de doña Coco era famoso por sus sopas de mondongo y gallina con albóndigas, y por los lomos enteros que ponía adornados con arroz, ensaladas y tostones deliciosos.
Fabricio Escobar tuvo un trágico final, pues manejando su auto con sus buenos tragos se estrelló contra un paredón de la carretera a Granada y ahí murió.
Recuerdo otro antro que quedaba por el Cine Rosario, era la cantina de la Ana Julia Carvajal, la famosa “Vieja Maldita”, que puso de moda el trago con dos bocas, todo por 15 córdobas. La Ana Julia fue pareja de Justo Castillo Collado y de un famoso jugador de béisbol cuyo nombre se me escapa.
Le decían “Vieja Maldita” porque tenía las “tapas premiadas”, y porque además acompañaba a los narradores en los viajes que éstos hacían para narrar las peleas de Alexis Argüello. Allí era famoso el plato de gallo pinto con carne desmenuzada, al que ella llamaba “carne de pobre”. Se daba el lujo de pasar un remedo de menú de bocas en un cartoncito recortado.
En cierta ocasión llegó un ofice-boy de La Mundial y le dieron el menú. Este lo revisó y con sorna preguntó: “¿Y no hay por casualidad boca de caballo?”.
“¡Sólo que te mate a vos hijo de la gran p…!, contestó furiosa la Ana Julia.
Donde la “Vieja Maldita” llegaban como habitúes el Gordo Guevara, Koriko, Eugenio Leytón, Carlos Doña, Julio Vargas, Manuel Salazar, Bayardo Arce y otros más. Esta gente llegaba a instalarse y para eso se quitaban la camisa y se sentaban al fondo y comenzaban a empinar por horas el sagrado codo.
Y miren lo que son las cosas, después del terremoto la “Vieja Maldita” se hizo evangélica y canceló su local. Pero ahí trabajaban como cocineras la Sara y doña Beba, que en vista del cierre decidieron poner su propio negocio, así nació el “Sarys bar” ahí por El Nuevo Diario, donde los tragos los servían con jugo de frutas.
Cantinas de guaro lija o pelón fueron las de Cachecho, el Gato Abraham, el Nilo Blanco, El Abanico, el Chele Irías y la de Agripito, quien limitaba los tragos en virtud del aguante del cliente.
Un cliente muy original de Agripito fue “El Chino” Mauricio León Carranza, el del puro, que entraba y ordenaba de una buena vez: “Poneme cinco en fila”, después se los lanzaba y salía de allí “a escupir a la calle”.
Ya entrada la noche Carlitos Ocón concluyó sus anécdotas, prometió continuar en otra ocasión, pues apenas comenzaba a inspirarse en aquel pasado bohemio donde consumió buena parte de su vida.
RINCONES FAVORITOS DE LOS BOHEMIOS
Aquellos famosos actores, periodistas y controladores de la Radio Mundial fueron grandes profesionales, pero también fueron fanáticos adoradores del dios Baco.
– El Bar de La Chalía, ubicado en la Calle 15 de Septiembre, era uno de los sitios más visitados por los bohemios de la radiodifusión por las boquitas como los chicharrones, tamalitos, pero sobre todo por el guaro fino que allí se ofrecía.
– Los más fieles parroquianos del Bar La Chalía eran: Bosco Parrales, el Tío Popo, Francisco Carranza, Fabricio Escobar, Francisco Ruiz Zapata, Ignacio Briones Torres y su carnal, “Nikita” Nicoya.
– Otras cantinas famosas en donde concurrían los bohemios de la radiodifusión eran: “La Guadalajara”, “El Guayacán No 1 y No 2”, “Chaleco”, “El Bar de doña Coco”, entre otras.