- Gore supera notablemente (10 puntos) a su rival republicano
- George W. Bush cree que la política no es una ciencia exacta y asegura que estos vaivenes de la campaña no son más que parte de la aventura
María Luisa Azpiazu (EFE)
WASHINGTON.- El republicano George W. Bush tiene que replantearse su estrategia ya que, según las encuestas, va diez puntos por detrás de Al Gore y la historia demuestra que nadie que pierde así a dos meses de las elecciones presidenciales de EE.UU. ha conseguido ganar en noviembre, al menos desde hace 50 años.
Aunque los expertos indican que todavía la campaña puede dar muchas vueltas y, respecto a las estadísticas históricas, reconocen que son las excepciones las que confirman la regla, lo cierto es que el panorama político de la campaña de Bush es bastante menos brillante que el de su contrincante demócrata Gore.
El vicepresidente Gore, que justo antes de la Convención Demócrata de Los Angeles, a mediados de agosto, era un candidato en busca de definición, parece haber encontrado la medida de su discurso y ha conseguido, incluso, vencer su rigidez y su frialdad.
En estos momentos está sorprendiendo a propios y extraños hasta el punto que, según las encuestas, va ganando terreno día a día a su rival republicano.
Nada más terminar la Convención Demócrata, las encuestas indicaban una ventaja de Gore sobre Bush de no más de cuatro puntos, es decir, una diferencia poco significativa ya que era similar al “margen de error” que todo sondeo acarrea.
Sin embargo, la última encuesta a gran escala hecha por el semanario “Newsweek” asegura que, si las elecciones fueran hoy, Gore ganaría a Bush por un margen de diez puntos.
Si bien esta encuesta podría ser “una más”, lo cierto es que se produce en uno de esos momentos que los politólogos estadounidenses consideran “cruciales” en la campaña presidencial y por ello advierten que los republicanos deben reaccionar inmediatamente.
La historia electoral de este país desde que la opinión pública se convirtió en ciencia, si no exacta sí fiable, demuestra que desde 1952, con una excepción, ningún candidato que a la altura del Día del Trabajo (que se celebra el primer lunes de septiembre en EE.UU.), perdía en las encuestas, consiguió ganar en noviembre.
La única excepción fue la de Ronald Reagan contra Jimmy Carter en 1980. Por el Día del Trabajo, estaban más o menos empatados, pero finalmente Reagan consiguió ganar al entonces Presidente Carter que buscaba la reelección.
Estas estadísticas, aunque parezca mentira, se han convertido en un nuevo frente de batalla para Bush, quien, además de tener que replantearse su futuro electoral, debe hacer frente a esta especie de infalibles históricos que crean, si no opinión, sí animosidad entre políticos y periodistas.
Por ello a Bush le ha faltado tiempo para restar importancia a esta especie de “dogma” y echando mano de la experiencia de las campañas de su padre, gusta de recordar episodios victoriosos de las mismas.
En una entrevista que publicó el sábado “The New York Times”, Bush indica cómo su padre, entonces vicepresidente, ganó a Michael Dukakis en 1988, aún cuando el llamado “factor Van Buren” asegura que ningún vicepresidente en activo había ganado la Presidencia desde que lo consiguiera Martin Van Buren en 1837.
Por tanto, George W. Bush cree que la política no es una ciencia exacta y asegura que estos vaivenes de la campaña no son más que parte de la aventura.