Rigoberto Calderón: Un brazo explosivo

“Hasta que estoy moradito”, indica sin perder su buen humor al referirse a las infernales jornadas bajo el sol que debe atravesar todos los días “Me preparo a la brava. Yo mismo me regaño cuando las cosas me salen mal” “Mi sueño es romper la marca de Vélez”, reitera al tiempo que vuelve a proyectar […]

  • “Hasta que estoy moradito”, indica sin perder su buen humor al referirse a las infernales jornadas bajo el sol que debe atravesar todos los días
  • “Me
    preparo a la brava.
    Yo mismo me regaño cuando las cosas me
    salen mal”
  • “Mi sueño es romper la marca de Vélez”, reitera al tiempo que vuelve a proyectar la barra metálica a 70 metros de donde realizó el último impulso para soltarla

Hijalmar [email protected]

Cuando decide tirar una pelota desde el fondo de los jardines no alcanza ni las 85 millas de velocidad mientras juega béisbol en las ligas Mayor A en Nagarote, pueblo donde reside después de nacer hace 30 años en La Paz Centro, León.

Pero cuando Rigoberto José Calderón Martínez decide disparar la jabalina hace volar el dardo hasta más de 70 metros con un poder que asombra.

Calderón Martínez es uno de los siete atletas nicaragüenses que participarán en los XXVII Juegos Olímpicos de Sydney, Australia, 2000.

“Aunque sea por medio centímetro tengo que romper la marca de Donald Vélez”, asegura. “Lo quiero votar a ese malvado”, agrega con buen humor.

Efectivamente. Desde que en marzo pasado tras superar una lesión en su prodigioso brazo derecho reinició la preparación para competir en Sydney, Rigoberto ha vivido concentrado en derrumbar la marca de 72.12 metros impuesto por Vélez en 1970.

SU PROPIO ENTRENADOR

De extracción humilde, Calderón es un verdadero ejemplo del joven que se destaca mediante el deporte en Nicaragua casi por su propio esfuerzo.

Se entrena por sus medios, empero más que por sus propios medios por sus propios conocimientos y decisión.

Durante los 14 años que lleva tirando la jabalina siempre ha sido su propio entrenador aún cuando ha pasado ciertas épocas asesorado momentáneamente por instructores cubanos y rusos.

Su esposa Rosa María Hernández y sus hijos Rigoberto y Yulesny significan su principal inspiración.

“Ella es quien siempre me apoya. Ahí vive haciéndome ‘sopita’, cuando me tocan duro los entrenamientos”, reconoce.

Aparte de su familia, Calderón Martínez generalmente es quien se anima, quien se inyecta una fuerza brutal en su prodigioso brazo derecho al tiempo que se entrena solitariamente en el silencioso campo del Estadio Municipal de Nagarote.

“Me preparo a la brava. Yo mismo me regaño cuando las cosas me salen mal”, expresa sin poder esconder la enorme satisfacción que siente por brillar con luz propia.

Los últimos cinco meses han sido más duros que los otros en la agitada y comprimida vida de Calderón.

“Hasta que estoy moradito”, indica sin perder su buen humor al referirse a las infernales jornadas bajo el sol que debe atravesar todos los días.

A lo largo de los últimos 180 días ha dedicado dos o tres horas por la mañana a la técnica del lanzamiento.

Igual cantidad o tal vez un poco menos de tiempo lo ocupa por la noche a levantar pesas en el único gimnasio de la ciudad, donde precisamente labora como instructor.

“Mi sueño es romper la marca de Vélez”, reitera al tiempo que vuelve a proyectar la barra metálica a 70 metros de donde realizó el último impulso para soltarla.

“Si fuera ésta una competencia oficial sería un récord”, dice en broma y en serio cuando mide la distancia que pasa por encima de los 70 metros en el pasto del Estadio Municipal de Nagarote.

TIRADOR POR ENOJO

Rigoberto Calderón nació para sobresalir en atletismo.

“Me arrechó que un ‘grandote’ no sirviera para nada. Que nuestro colegio perdiera esa medalla”, relata.

Fue representando al Instituto Nacional Autónomo de Nagarote que el personaje que nos ocupa dio sus primeros pasos en la exigente prueba de jabalina durante los Juegos Escolares Nacional “Carlitos” que se celebraban para la década de los años 80.

“De chavalo me gustaba correr. Era un cabro viejo para hacerlo”, cuenta con una sonrisa en su rostro.

Calderón dice que se enfadó mucho cuando un compañero de equipo llamado Rodolfo Orozco no mandaba lejos la jabalina, pese a tener una complexión corporal admirable.

“Le dije a “Chechito”, nuestro entrenador en esos tiempos, que me diera la oportunidad para demostrarle que yo sí podía”.

Y lo hizo. Sin necesidad de impulso Calderón Martínez envió el “dardo” a unos 30 metros.

Lo logró cuando tenía 16 años de edad, no pesaba más de 120 libras y era tan lánguido que ni su misma mamá, Concepción Martínez, creía que un día llegaría a medir 1.76 metros de estatura y alcanzar un peso de aproximadamente 180 libras.

A partir de entonces empezó a tirar con tanta efectividad y furia la jabalina que posee los mejores registros en Juegos Centroamericanos, Campeonato Nacional Mayor de Atletismo, Copa San Salvador, Unidad Centroamericana, Torneos de Atletismo “La Pedrera” de Guatemala y Juegos Universitarios Centroamericanos y del Caribe.

“Ni tamaño tengo, pero sí un brazo bien explosivo”, acota Rigoberto Calderón, orgullo de Nagarote y de Nicaragua entera.

PERFIL

– Nombre: Rigoberto José Calderón Martínez

– Edad: 30 años

– Ocupación: Profesor de Educación Física.

– Hobby: Jugar béisbol y billar

– Idolos: Jan Zelezny (República Checa, medalla de oro en Atlanta en Jabalina)

wAspiración: Estudiar Derecho y romper marca nacional de 72.12 metros en poder de Donald Vélez.

Marcas

– Récord de 68.14 en los V Juegos Centroamericanos de El Salvador en 1994

– Se arrimó a la barrera de los 70 metros con 69.58 en los Juegos Panamericanos celebrados en Mar del Plata, Argentina, en 1995.

– Récord de 71 metros flats en los VI Juegos Centroamericanos de San Pedro Sula, Honduras, en diciembre de 1997. Con esta misma marca igualó otra para la región en ese entonces.

– Su mejor temporada la atravesó en 1997 al superar en cinco ocasiones el récord en lanzamiento de jabalina.

– Tiró la jabalina sobre 71.62 metros lo que justamente constituyó una marca en los Juegos Universitarios Centroamericanos y del Caribe realizados el 17 de julio de 1997 en Guadalajara, México.  

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