Madre e hija terminan 37 años de separación

IVÁN OLIVARES [email protected] Si dos décadas fuera de la patria son mucho tiempo, 37 años sin ver a tu madre lo es más, y aunque es poco probable que una persona pueda vivir ambas desgracias en el corto tiempo de una vida, eso es lo que le pasó a Johanna Matamoros, que pudo encontrar a […]

IVÁN OLIVARES [email protected]

Si dos décadas fuera de la patria son mucho tiempo, 37 años sin ver a tu madre lo es más, y aunque es poco probable que una persona pueda vivir ambas desgracias en el corto tiempo de una vida, eso es lo que le pasó a Johanna Matamoros, que pudo encontrar a su madre, de la que fue separada a principios de los años sesenta.

Ambas mujeres lloraron –la hija, en Nueva York; la madre en Corn Island–, al enterarse que un llamado de LA PRENSA preguntando por Rosa Morgan (luego de una gestión de Claudia Paniagua, de la Fundación Nicaragua Nuestra), había logrado el milagro, gracias al poder de un medio de comunicación como éste, y a la maravilla del correo electrónico.

Ahora las dos están en contacto por medio del teléfono, y esperan encontrarse pronto para tratar de recuperar el tiempo perdido.

A continuación, la carta de Johanna, la hija en Nueva York, expresando sus sentimientos al saber que había reencontrado a su madre:

Iván Olivares:

Señor Iván, estoy muy contenta por la noticia y le doy gracias a Dios primero y a ustedes del Diario LA PRENSA, por el interés que han puesto en este caso.

Esto es realmente un milagro de Dios pues todo comenzó cuando un día yo, que casi no uso el internet, estuve hurgando en todo lo referente a Nicaragua, pues cuando uno está lejos de su país, siempre busca un paisaje o algo que lo acerque a su tierra lejana, y encontré el nombre de una fundación que se llama Nicaragua Nuestra, la cual presentaba todos los logros hechos en diferentes comunidades.

Sentí una voz en mi corazón, que me decía “ellos te ayudarán a comenzar la búsqueda de tu madre”. Desde entonces he podido experimentar la mano de Dios en cada paso que se ha ido dando hasta el día de hoy que me encontré con la noticia de su mensaje.

Yo estaba en un retiro de tres días fuera de la ciudad. A mi encuentro estaba mi hijo mayor con deseos de decirme algo, pero luego dijo: “Si te lo digo no es sorpresa”. Yo creía cualquier cosa. Luego de registrar la casa pregunté ¿qué pasa? a mi esposo y mis dos hijos.

Ellos dijeron “revisa el mensaje en la computadora”. El corazón me comenzó a latir a millón porque me sospechaba una noticia de mi madre, sólo que no creía fuera tan pronto.

Le he dado tantas gracias a Dios que usted no se imagina, y tras leer el mensaje electrónico, mi esposo me informó que mi abuela verdadera llamó, pues mi madre Rosa estaba tan conmovida que después de tantos años yo la estuviera buscando, que no podía hablar de la emoción.

Le dijo que tengo una hermana y posiblemente llega a Nueva York en los próximos días pues está en Alaska en asuntos de trabajo en un barco y hará escala en Nueva York.

Extiéndale mi agradecimiento al Sr. Eduardo Enríquez, que también ha puesto interés en este reencuentro familiar y a todos los involucrados en hacer posible este milagro de fe y amor.

A todos, gracias.

Johanna Matamoros Soto.  

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