“Jaguar Honorario”

Tito Rondó[email protected] Debo confesar que estoy muy orgulloso y muy agradecido a la Universidad Americana, su vicerrector, el Lic. William Lau, el manager de su equipo de béisbol, Rafael Mendoza, y todos los jugadores. Les doy las gracias porque decidieron por pura bondad y cariño hacerme el honor de nombrarme “Jaguar Honorario”, haciéndome el regalo […]

Tito Rondó[email protected]

Debo confesar que estoy muy orgulloso y muy agradecido a la Universidad Americana, su vicerrector, el Lic. William Lau, el manager de su equipo de béisbol, Rafael Mendoza, y todos los jugadores.

Les doy las gracias porque decidieron por pura bondad y cariño hacerme el honor de nombrarme “Jaguar Honorario”, haciéndome el regalo de una gorra y una camiseta del equipo.

De paso, la camiseta lleva el número 2000, por lo que Rafael me permitió empatar su récord mundial de “número más alto en un uniforme de beis”.

Estoy orgulloso porque me gusta el espíritu deportivo de la UAM, que mantiene un equipo de los mejores de Nicaragua en la liga ACB (Asociación de Clubes de Baloncesto), la más fuerte del país; tienen un equipo de fútbol que acaba de ascender a Primera División, y un equipo de béisbol en el Campeonato Especial que si bien no clasificó para semifinales poco le faltó.

Lo principal, esos muchachos no se dieron nunca por vencidos, y le ganaron la serie del fin de semana a la Universidad Nacional de Ingeniería y casi los eliminan. Perdían el segundo partido 3-0 en la última bateada, y como uno de esos magos que sacan un conejo de un sombrero que todo mundo ha visto que está vacío, arrancaron una emocionante victoria de 5-3.

Me parece también que la UAM ha participado en un proyecto, el Beis Especial, que vale la pena. Es una lástima que nosotros los periodistas deportivos no hayamos podido convencer al público que vaya y llene los estadios para estos juegos.

De aquí salen las estrellas futuras. En esta liga se iniciaron Diego Sandino, Cairo Murillo y Oscar Torres, para mencionar a algunos, y juegan pelota buena. Hacen menos errores que, por ejemplo, los equipos de Primera División de los ochentas, y hay que ver a los chavalos cómo han aprendido de los profesionales. Los cátcheres pidiendo esquinas agazapados, los jugadores de cuadro esquivando a los corredores para realizar las dobles matanzas, los lanzadores tirando sliders y cambios.

El ambiente en los dos estadios el domingo fue fantástico. En el “Dennis Martínez” había poca gente, pero unos universitarios no se cansaron de cantar y animar a su equipo, la UNI. “Pareciera que hubieran mil personas”, me dijo un aficionado.

Mientras, unos doscientos aficionados aclamaban y aplaudían al Bóer, animando a sus jugadores que se inspiraron y ganaron 13 de sus últimos 16 partidos para clasificar a semifinales.

Algo de lo más emocionante y a la vez de lo más tranquilo. Como se supone que el béisbol debe ser. Un gran proyecto.

La colaboración de la UAM ha sido esencial para el éxito del proyecto. Y con todo esto, no han perdido de vista lo principal, que es la educación de los muchachos; las justas deportivas sirven de inspiración.

No puedo aplaudirlos en los estadios porque debo ser neutral para reportarle al público con la máxima imparcialidad, pero eso sí. Estoy orgullosísimo de ser un Jaguar.  

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