AFP
Al elegir a un demócrata centrista, respetado por su integridad moral y su independencia de espíritu, Al Gore intenta desmarcarse de los repetidos escándalos de la era Clinton y a la vez neutralizar la ofensiva republicana para ganar a los electores independientes y de centro.
“Se trata de un demócrata respetado, moderado en los grandes temas y un ejemplo vivo de la defensa de valores morales”, indica Lichtman.
Lieberman, uno de los primeros y más fieles promotores iniciales de Clinton, fue también uno de los primeros en criticarlo por haber mentido sobre su relación con Mónica Lewinsky, la joven becaria de la Casa Blanca.
Gore envía así un claro mensaje de que “toma muy en serio los asuntos de carácter y de moralidad”, indica el profesor Thurber.
Para el jefe de la minoritaria bancada demócrata en el Senado, Thomas Daschle, la elección presidencial del 7 de noviembre “se jugará en el centro. Con la fórmula Gore-Lieberman, los demócratas tienen una oportunidad de apoderarse de ese centro”.
Pero no todo es maravilloso: Lieberman también tiene debilidades. “No es muy dinámico, ni tampoco un buen orador” y además no aporta nada en términos de poder electoral, pues proviene de Connecticut, un pequeño estado del nordeste estadounidense, de escasa relevancia, explicó Lichtman.