EDGARD RODRIGUEZ [email protected]
Una tarde le confesé a Pedro Ramos, el cubano que jugó con los Yanquis, que José Canseco era mi bateador favorito entre los cañoneros actuales.
“Eh, no eres tonto. También lo es de Ted Williams”, dijo Pedro.
Y en efecto, dicen que en cierta ocasión Williams se abrió paso aprisa tras salir de un ascensor, para ver batear al cubano… “No puedo perderme un solo turno de él. Aún cuando se poncha es excitante verlo”, dijo Williams, para los expertos lo más próximo al bateador perfecto.
Ciertamente no ha habido un bateador más espectacular que Canseco aún cuando abanica. Ni siquiera McGwire o Sosa, han tenido el carisma del cubano, a cuya popularidad contribuyó también su controversial personalidad.
Ah claro, Canseco no es el mismo. Ha quedado rezagado. El valor de sus acciones se ha precipitado y los Yanquis han tomado un riesgo al adquirirlo con el afán de reforzar su alineación. Sin embargo, algo debe quedar de su explosividad.
Y desde luego, lo más determinante para adquirirlo, es que el dueño de los Yanquis George Steinbrenner, es un fanático de Canseco y de vez en cuando realiza ciertos movimientos, empujado más por su corazón, que por su cerebro.
En algunas ocasiones, eso le ha funcionado a Steinbrenner. En cierto momento dijo que quería a Darryl Strawberry. Lo consiguió y el artillero los ayudó. Antes había hecho lo mismo con Dwight Gooden y también fue un buen movimiento.
Canseco tiene 36 años y una espalda adolorida, pero aún puede empujar la bola con potencia, como lo hizo la tarde del sábado ante David Wells, a quien le disparó un jonrón. Lo esencial es que parece estar saludable. Esa es la clave.
América Latina ha producido grandes jugadores como Clemente, señores bateadores como Carew y valores de enorme presencia de momentos decisivos como Tany Pérez, pero ninguno ha sido espectacular como Canseco más allá de las cifras. Y no olvide que Canseco está próximo a los 500 jonrones y eso no es juguete.