- Sufro un acoso continuo de los periodistas
- Arce es un delincuente que le robó a Don King
- Rizo está empeñado en destruirme
Ramiro GonzálezDiario La Opinión
LOS ANGELES.- Rosendo “Búfalo” Alvarez tuvo que sufrir en carne propia las aberraciones e insultos de que fue objeto por sus propios paisanos, para finalmente poder comprender que los ídolos son meramente de barro.
Sí, el ex monarca mínimo de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB) cayó como por arte de magia del pedestal en que se encontraba, al ser destruido por la prensa de su país: Nicaragua.
Actualmente, el nativo de Managua busca su segunda corona en dos divisiones, pues el 11 de agosto combatirá en el hotel París de Las Vegas ante el colombiano Antonio “Baby” Mendoza, por el título minimosca de la AMB.
“En Nicaragua hay mucha gente de la prensa que me ataca, y sé quiénes son. Miguel Mendoza y Enrique Armas eran mis amigos y de repente me atacaron hablando mal, en vez de apoyarme. Le están creyendo a un tal Ricardo Rizo, quien según él sabe todo lo que hago en Estados Unidos”, dijo el nicaragüense Rosendo Alvarez durante una entrevista en Los Angeles.
“En Miami escribieron que estaba preso, cosa que no es cierto. Todo esto es una campaña negativa con ayuda de esos periodistas. No culpo a toda la prensa en Nicaragua, pero Mendoza y Armas andan detrás del apoderado Mario Arce, un delincuente que le robó a Don King y firmó a peleadores que no tenía. Lo demandaron y le cobraron la bolsa. Esas cosas no las publican, pero todo lo negativo de mí, sí”, afirmó.
RECONOCE LO JUSTO
Además de buen peleador, Rosendo es un fiel creyente de Dios, y por tal motivo acepta sus errores, pero tal y como fueron.
“Lamentablemente un día me fui a una discoteca y me pasé de copas. Se me arrimaron dos muchachas que me dijeron que yo era su ídolo. Después me acusaron de que las había robado. Yo puse mi denuncia en la policía, pero al final yo fui el perjudicado, siendo que yo era la víctima.
Me acusaron de muchas cosas porque querían acabarme, y lo lograron”. “Definitivamente en Nicaragua sufro de un acoso continuo.
Hablan a la casa a todas horas aconsejados por Rizo. Al parecer los cambios que hemos hecho con nuestra promotora les ha dolido bastante a toda esa gente y por eso nos atacan. Nosotros ayudamos a los peleadores.
Ellos no ganan lo suficiente para vivir, y no es justo quitarles lo poquito que ganan”, denunció Alvarez.
Sobre los últimos acontecimientos y sobre lo que planea hacer, indicó: “Quiero vivir mi vida en paz recluido en casa con mis hijos, dedicarme a mi carrera y a mi esposa, a quien quiero mucho en esta vida”.
“Ya no quiero tener problemas con nadie. Ya me he reconciliado con Dios y con la afición de mi pueblo, y quiero que me respeten conforme vaya haciendo méritos y vayan viendo mi transformación, pues ya soy otro hombre diferente”, admitió.
NO ES MONEDITA DE ORO
Según Alvarez, no toda la gente centroamericana está en contra de él, pues hay varios países donde lo apoyan.
“La prensa de Nicaragua me odia, pero en Panamá la gente del medio me quiere y sabe lo que fui. Lo que hice ante Ricardo ‘Finito’ López nadie lo había hecho”.
“Ricardo es un buen peleador y lo tiré. Salió bien cortado, pero eso no lo valoran. Le gané al campeón tailandés Chana Porpaín el 2 de diciembre de 1995 y estaba invicto.
Ese combate, al igual que el del ‘Finito’ López, fueron nominados como las peleas del año”.
“Me critican por un error que todo hombre comete, pero como soy exitoso, me atacan sin cesar, pero no publican lo bueno, como que ayudo a mi pueblo, sino lo negativo”.
“Doné seis mil dólares en alimentos para los damnificados por el huracán Mitch. Doné un colegio en el barrio donde nací, en Ciudad Sandino. Ahí crecí, y a una cuadra de donde vivía mi mamá compré un terreno y los cristianos construyeron un colegio para los niños de escasos recursos, y también doné unas plantas eléctricas afuera de Managua donde no había luz”.
“Visito a los reos que viven muy mal y les llevo comida. Me quieren y todos ellos me consideran su padrino.
¿Quién va a ir un 24 de diciembre a visitar a los criminales? Nadie”.
“Les llevo la Biblia, pues provengo de una familia muy cristiana. Por eso creo que mi desobediencia de irme por el camino equivocado, de tomar licor y creer en amistades falsas, me costó un castigo de Dios”.
“Uno es el culpable por aceptarlos. Le doy gracias a Dios por todo lo que me ha pasado. Es la cosecha que sembré.
Agradezco que todo lo malo que me pasó me ha hecho recapacitar y me ha acercado a Dios y a algunas amistades sinceras que he encontrado en el camino de mi vida”, afirmó.
POR EL BUEN CAMINO
Rosendo Alvarez fue reclutado obligatoriamente por el gobierno para servir en el Ejército, donde aprendió las técnicas del boxeo.
“Tenía 17 años cuando me obligaron a cumplir el Servicio Militar. En Nicaragua era obligatorio. Vi muchas cosas que no quiero recordar. Me sacaron de la unidad de combate y me llevaron a la unidad deportiva, donde aprendí a boxear”.
“Empecé a boxear en 1980. Curiosamente a partir de ese año y hasta 1990 se prohibió el boxeo profesional. Lo practiqué con la finalidad de ir a la Olimpiada. Seguí como aficionado hasta que en 1992 se revocó esa ley por una orden de la presidenta Violeta Barrios de Chamorro. Ella vino a mejorar la situación”, recordó Rosendo.
Ese aprendizaje en el Ejército fue valioso para el pequeño peleador centroamericano, quien jamás pensó que llegaría a campeón mundial.
“Debuté el 12 de diciembre de 1992 ante Pablo Torres, a quien noqueé técnicamente en tres asaltos en Managua, y el 2 de diciembre de 1995 me coroné ante Chana Porpaín”.
“Sin embargo, lo que más recuerdo de mi carrera fueron las dos veces que enfrenté al ‘Finito’ López, un peleadorazo en todo el sentido de la palabra, con quien empaté y luego me ganó. Precisamente a raíz de esa derrota mi vida fue un caos, y más por lo inobjetivo de la prensa amarillista de mi país, que le dio por quererme acabar”, puntualizó Rosendo, e indicó que el jueves le llegó el contrato para enfrentar el 11 de agosto al colombiano Antonio “Baby” Mendoza.
“Por último, quiero enfatizar que yo no le pego a ninguna mujer, y mucho menos a la mía, porque la quiero mucho y Dios me la dio como compañera. Ella es mi actual manager. Me siento muy contento y ha sabido hacer bien el trabajo.