- El embargo decretado por la ONU contra Irak está vigente
- EE.UU. no ha podido acabar con el régimen de Hussein, su «enemigo público número uno»
J. Cierco – Corresponsal del ABC
JERUSALÉN.– Ya han pasado diez años desde que la madrugada del 2 de agosto de 1990 Saddam Hussein ordenara la invasión de Kuwait. La osadía desencadenó la Segunda Guerra del Golfo pero ni la operación «Tormenta del Desierto», ni «la madre de todas las batallas», ni el embargo de la ONU fueron suficientes. Es más, Saddam sigue en el poder y Bush, hijo, puede volver.
El décimo aniversario de la entrada de las tropas iraquíes en Kuwait ha coincidido con la convención republicana en Filadelfia, penúltimo paso de George W. Bush para hacerse con los mandos de la Casa Blanca. El hijo del hombre que derrotó a Saddam Hussein en la Segunda Guerra del Golfo puede convertirse así en el mayor enemigo del mayor enemigo de su padre.
Saddam, en efecto, sigue siendo el amo y señor de un Irak sumido en la miseria, en donde las sanciones internacionales nunca levantadas han causado, según la UNICEF, la muerte de más de medio millón de niños; en donde el programa «petróleo por alimentos» no ha limpiado la conciencia de la comunidad occidental; en donde se suceden los bombardeos aliados sobre las zonas de exclusión aérea; en donde el contrabando es el único negocio próspero; de donde los observadores de Naciones Unidas que intentaban evitar la fabricación de armas de destrucción masiva fueron expulsados.
EL EMBARGO, VIGENTE
Todo ha cambiado en Oriente Medio, (proceso de paz iniciado en Madrid meses después de acabado el conflicto, nuevos y más jóvenes líderes políticos), pero todo sigue igual. El embargo decretado por la ONU apenas cuatro días después de la toma iraquí de Kuwait sigue vigente. La incapacidad norteamericana para acabar con el régimen de su «enemigo público número uno» sigue siendo una realidad. Rusia, punta de lanza de una antigua URSS por entonces al borde del colapso, sigue sin levantar cabeza.
La división de los árabes no ha sido salvada, como lo demuestran las dificultades para convocar una cumbre en apoyo a Yaser Arafat y a sus reivindicaciones sobre Jerusalén. E Israel sigue siendo el enemigo con el que a pesar de que algunos han hecho las paces desde entonces, caso de Jordania, por ejemplo, nunca se reconciliarán del todo.
ERROR DE CÁLCULO
Hace diez años, Saddam Hussein envió sus tropas a Kuwait en un error de cálculo que le costaría caro. Más a su pueblo que a él. El jefe del Estado iraquí concentró tropas durante una semana junto a la frontera. Saddam acusaba a Kuwait de robar el petróleo y las tierras iraquíes. La locura se consumó.
Nunca hasta entonces se había puesto en marcha una coalición aliada de tamaña magnitud. Un total de 58 países se movilizaron, de los que 38 enviaron soldados sobre el terreno, incluidos algunos tan significativos como Siria o Egipto. Israel se mantuvo al margen para evitar la respuesta negativa del mundo árabe y musulmán. No pudo aislarse del todo. Algunos misiles «Scud» iraquíes cayeron sobre Tel Aviv, Haifa, Dimona o Ramat Gán. Otros, los más, fueron interceptados por los cohetes «Patriot».
El despliegue fue tal y la actitud de los medios de comunicación occidentales tan poco crítica respecto a las razones de la guerra, que el mundo creyó enfrentarse a un monstruo de varias cabezas capaz de acabar por sí mismo con el bienestar. Ahí estaba la batalla por el control del petróleo, de unos y otros.
LA MADRE DE TODAS LAS BATALLAS
La realidad, pasados los meses, salvada la crisis de los rehenes retenidos sin sentido por Saddam Hussein, comenzada la «Tormenta del Desierto» que sucedió a la operación «Escudo del Desierto», se impuso. El monstruo comenzó a perder cabezas y quedó desnudo y ridículo.
Los soldados iraquíes, que calzaban chanclas y no botas, que caminaban sin munición y sin armas, se rendían sin oposición, una vez desatada «la madre de todas las batallas», a los… periodistas que cubríamos, de lejos y a escondidas, la guerra.
El enemigo no fue tan fiero. Washington decidió no llegar hasta Bagdad. Craso error. Diez años después, Saddam sigue en el poder. Diez años después el otro Bush, el hijo del padre que salvó a Kuwait pero no a Irak, está a punto de volver a la Casa Blanca. Diez años después, todo ha cambiado, todo sigue igual en Oriente Medio.
(Tomado del ABC digital de España, 2 de agosto del 2000).