- Su incremento se produjo cuando las tropas de ocupación norteamericanas, en un intento de reducir la base social en la zona de Sandino, dispusieron militarmente reunir a todos los habitantes de la región del Río Coco y zonas aledañas, obligándolos a reconcentrarse y construir casas que con el tiempo se volvieron permanentes, en lo que ellos denominaron como “campos de concentración cívica”, en el lugar que hoy ocupa el casco urbano del municipio
ORLANDO VALENZUELA – Redactor [email protected]
Hasta el 16 de agosto de 1956, a San Juan de Río Coco sólo se llegaba en mula atravesando las espesas montañas de pinos, cedros, caobas y robles de lo que entonces era parte de la inmensa zona de Las Segovias, célebre por haber sido escenario de la lucha del General Augusto César Sandino contra las tropas de intervención norteamericanas allá por la década de los años 30 del siglo pasado.
Hasta antes de ese día, los habitantes de este caserío esperaban con ansiedad las noticias, ya que el periódico, al igual que las cartas del correo, llegaban cada ocho días en zurrones de cuero montados a lomo de caballo. Igual cosa ocurría con las cervezas, aguardiente, gaseosas, ropa, sal, azúcar y todos los productos que se consumían en el pueblo, sólo que éstos entraban casi diario en caravanas de hasta 30 mulas provenientes de Telpaneca, que era el pueblo más cercano hasta donde llegaba la carretera.
Para entonces, la única forma de comunicación “moderna” era el viejo telégrafo de dinamo y baterías que transmitía los mensajes por los famosos “puntos” del universal Código Morse. Para entonces, los sanjuaneños alumbraban sus casas con candiles y las calles con hachones de ocote, ya que la luz eléctrica era un invento que sólo algunos habían visto en las calles de la vecina Telpaneca.
HISTORIA DEL POBLADO
El pequeño caserío de San Juan, que entonces pertenecía a Telpaneca, había surgido a mediados del siglo XIX en los planteles y campamentos de los trabajadores de la mina Babilonia, ubicada a pocos kilómetros del actual pueblo. Pero su verdadero incremento se produjo cuando las tropas de ocupación norteamericanas, en un intento de reducir la base social en la zona de Sandino, dispusieron militarmente reunir a todos los habitantes de la región del Río Coco y zonas aledañas, obligándolos a reconcentrarse y construir casas que con el tiempo se volvieron permanentes, en lo que ellos denominaron como “campos de concentración cívica”, en el lugar que hoy ocupa el casco urbano del municipio.
Pero aquella tarde del 16 de agosto, cuando el tractorista Daniel Pérez, después de 500 horas al frente de su D6-B, luego de subir y bajar guindos y abrir en medio de la montaña una trocha de 28 kilómetros, al llegar a la entrada del pueblo, le prestó el timón de la máquina al sanjuaneño Pablo Mergara, que había aprendido a manejarla en los ratos en que Daniel le permitía “travesear” el tractor.
Y así fue cómo ese día, Pablo Mergara, timoneando el potente vehículo de cuchillas de acero y con el héroe de la comunicación al lado, el maquinista Daniel Pérez, cruzó el arco adornado con flores que la población había instalado a la entrada de San Juan para recibir a tan ilustre visitante.
Daniel Pérez Martínez y su ayudante Cipriano Rodríguez fueron objeto de homenajes de las autoridades locales, quienes les obsequiaron regalos y organizaron una fiesta en conmemoración del histórico acontecimiento. Sin embargo, como no había luz eléctrica, con los mismos focos del tractor encendidos se alumbró el patio donde todo mundo se puso a bailar al son de las guitarras y los violines de talalate. San Juan de Río Coco, al fin, estaba comunicado con el mundo.
“Ese hombre sí sabe volar la cuchilla de un tractor. Cuando andábamos haciendo carriles por El Portillo, los ocho trabajadores y yo teníamos que correr porque ahí venía detrás, echando palos encima, rompiendo camino por esos guindos. Los tractoristas de ahora sólo son ruido de máquina, sólo gasto de combustible y no hacen nada” dice don Pablo Mergara, a 44 años de aquellos memorables días.
A pesar del progreso que la comunicación llevó a San Juan de Río Coco, don Pablo recuerda con nostalgia aquellos días en que el pueblo era un pequeño caserío donde vivía gente que era “oro en polvo”, porque, según sus palabras, “era gente buenísima, muy sana, respetuosa, que no le hacía un mal a nadie, era honrada, donde no habían documentos, porque el documento era la palabra, pero cuando entró la carretera, trajo beneficio y vicio, porque vino gente de toda clase…”
San Juan de Río Coco, que obtuvo su título de “Pueblo” el primero de octubre de 1964, es un lugar de agradable clima, ya que su estratégica ubicación, en medio de las estribaciones montañosas segovianas y a dos mil trescientos pies de altura sobre el nivel del mar, le provee de una fresca temperatura que oscila entre los 22 y 23 grados centígrados.
San Juan de Río Coco es uno de los municipios del departamento de Madriz y está ubicado a 240 kilómetros de Managua. Para llegar a este bonito lugar, se debe entrar primero a Palacagüina, doblando a la derecha del empalme de Pueblo Nuevo, que queda en el kilómetro 190 de la Carretera Panamericana. Una vez en este pueblo, se sigue la ruta que lleva al poblado próximo que es Telpaneca, de donde sólo distan otros 28 kilómetros para llegar a este pueblo de cafetaleros.
Antes de llegar s San Juan, el visitante aún tiene la oportunidad de disfrutar el bello espectáculo natural que ofrece la “Gruta de Lourdes”, cascada de ciento veinte metros de altura adornada con una Virgen de Lourdes erigida sobre monumental pedestal en medio de la caída de lo que popularmente llaman el “Chorro de la Virgen”.
UN PUEBLO CON AROMA DE CAFE
San Juan de Río Coco, que en un tiempo fue un pueblo minero, continúa viviendo la fiebre del oro, pero no del metal que brilla, sino del “grano de oro” que se siembra en sus montañas y hasta en los patios de las casas y del que se cosecha el más rico y aromático café del mundo, exactamente de la misma calidad que se produce en Matagalpa y Jinotega.
Pero este pueblo, de unos 22,500 habitantes y que cuenta con más de 4,500 fincas cafetaleras en todo su municipio vive una paradoja, ya que depende de lo que ocurra a miles de kilómetros de distancia, en Brasil, que es el primer productor mundial de café, pues si este país tiene excelente producción el precio del grano baja, pero si hay helada en sus cafetales, el precio internacional de este producto sube automáticamente.
Pero además de café, San Juan tiene una excelente producción de guineos cuadrados, la que es comercializada en regiones tan distantes como Estelí, Somoto y hasta Managua. Igualmente, en la zona existe una considerable producción ganadera.
En el pueblo, sin embargo, lo que más abunda son los pequeños negocios de ferreterías tiendas de ropa, calzado, granos básicos, productos agrícolas y comedores populares, los que en épocas de corte no dan abasto a tantos trabajadores que llegan de diferentes municipios y que convierten la calle principal en un verdadero e intransitable mercado al aire libre, pues sobre la misma se juntan cortadores, comensales, vendedores ambulantes, camiones cargados de vacas, cerdos, jinetes “enchichados”, compradores de frijoles y hasta más de algún estafador en busca de un incauto con el gastado cuento del Loteriazo o el Checazo.
Las casas de San Juan son como casi todas las del norte de nuestro país: de taquezal las más antiguas y de adobes las más recientes, con techo de tejas de barro, aunque existen muchas construcciones modernas hechas de bloque y zinc, como el nuevo palacio municipal, de dos pisos, que es el mejor edificio del pueblo.
En la parte baja del pueblo se encuentra el estadio de béisbol, construido por la propia comunidad a la orilla del río que lleva el mismo nombre del municipio y que sirve de afluente al gran Río Coco o Yare, que en lengua indígena significa “arenas de oro”, con un recorrido de 750 kilómetros, hasta salir al mar por el Cabo Gracias a Dios, es el más extenso de Nicaragua y de Centro América.
LAS FIESTAS DE SAN JUAN
A pesar de estar alejado de las grandes ciudades, en San Juan funciona un núcleo de la Universidad Nacional y de la Universidad Rubén Darío, donde se preparan los futuros profesionales del pueblo y municipios vecinos en Administración de Empresas, Contabilidad y Ciencias de la Educación. Además, en el poblado existen 1,210 estudiantes que en los próximos años estarán demandando su entrada a la educación superior, según indicó la directora del Centro Escolar Modesto Armijo, quien aprovechó para solicitar apoyo para los integrantes de la banda musical estudiantil de su centro, que corren el peligro de no desfilar en las fiestas patrias por falta de instrumentos musicales.
Cada 24 de junio, los sanjuaneños celebran las fiesta patronales en honor a San Juan Bautista, las que por lo general atraen a sus misas y procesión a miles de fieles devotos de diferentes municipios y comarcas aledañas. Estas festividades se caracterizan además, por la “invasión” de comerciantes de otros departamentos, los que instalan chinamos para vender vigorón, “agua colorada” (Chicha o fresco de piña con rodamina) ropa, juegos de azar como ruletas montecarlo, toro rabón, dados, peleas de gallos, carreras de cinta, juegos mecánicos, bailes, corridas de toros y hasta adivinadores con sus chocoyos del amor y la suerte.
Así es San Juan de Río Coco, de gente dinámica, amistosa, alegre y muy trabajadora. Si alguien quiere conocer este lugar, no se preocupe por el alojamiento, pues varios hospedajes esperan a los visitantes.