Nicaragua lejos de ser el granero de Centroamérica

Estadísticas reflejan que la producción nacional no ha superado a Guatemala y presenta rezagos frente a El Salvador y Honduras El país no tiene tierras para expandirse, los suelos están deteriorados, los campesinos empobrecidos y faltan políticas para el sector MARIA ANTONIA LOPEZ [email protected] La madrugada del 22 de octubre de 1996, el recién electo […]

  • Estadísticas reflejan que la producción nacional no ha superado a Guatemala
    y presenta rezagos frente
    a El Salvador y Honduras
  • El país no tiene tierras para expandirse, los suelos están deteriorados, los campesinos empobrecidos y faltan
    políticas para el sector

MARIA ANTONIA LOPEZ [email protected]

La madrugada del 22 de octubre de 1996, el recién electo presidente de Nicaragua, Arnoldo Alemán, prometió convertir al país en el “Granero de Centroamérica”.

A mediados del año 2000, esa promesa sigue siendo una esperanza para los productores que ven ahí la única alternativa de desarrollo agrícola del país.

Pero en la realidad, el granero es un mito, tal como indica el investigador del centro NITAPLAN de la Universidad Centroamericana (UCA), Miguel Alemán.

“Que Nicaragua haya sido el Granero de Centroamérica es un mito, hay que analizar las condiciones en las que se producía en la década del sesenta y las actuales”, afirmó Alemán.

Estadísticas de producción registradas por la Organización Mundial para la Alimentación desde 1961 hasta 1999, son la prueba más fehaciente de que Nicaragua no ha sido el principal productor de granos básicos.

Para 1961 la producción de maíz de El Salvador fue de 176 millones 300 mil quintales; Guatemala acumuló 518 millones 100 mil quintales; Honduras 258 millones 402 mil y Nicaragua apenas alcanzó 140 millones de quintales.

En 1970, 1980, 1990 y 1999, pese a registrarse incrementos en la producción, Nicaragua reportó las cifras más bajas.

La producción de frijoles tampoco logró superar el comportamiento de Guatemala durante esos años. También fueron superiores las cifras de Honduras en los años 80 y 90, a excepción de 1999, por los negativos efectos del huracán Mitch al vecino país.

La ausencia de políticas agrícolas en Nicaragua ha sido la constante en las últimas cuatro décadas. A ello se debe la preferencia por rubros de agroexportación, como la caña de azúcar y el algodón en las décadas de los 50-60, que obligaron a pequeños productores de granos básicos a desplazarse a otras áreas del país.

Eso dio como resultado que estos campesinos ya empobrecidos buscaran nuevas áreas de siembra de granos básicos.

A la vez, fue la causa fundamental para el avance de la frontera agrícola y el establecimiento del cultivo de granos en la zona seca y semihúmeda del país.

“Es cierto que durante el gobierno de los Somoza, Nicaragua logró una alta producción de granos básicos en la Zona Central Este, pero sobre la base de la expansión de la superficie y no por rendimientos”, explicó.

Datos del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) reflejan que durante la década de los 80 Nicaragua dedicó el 78 por ciento de la tierra a la actividad de ganadería extensiva y cultivo de granos básicos.

Datos del Centro de Investigación y Estudios de la Reforma Agraria (CIERA), ya desaparecido, indican que hasta 1988 la producción de maíz estaba a cargo del 89.4 por ciento de pequeños productores individuales y cooperados, y en frijol era del 92.4 por ciento.

Añadió el investigador que “el sistema se mantuvo vivo mientras había más tierras, pero cuando se agota la calidad de la misma, ese sistema se cae y es lo que sucede ahora, que ya no hay hacia dónde avanzar, ni técnicas apropiadas para producir”.

Además, los campesinos “aprovecharon el fertilizante más barato, producido por la fertilidad propia que aportaron los bosques, podían producir granos sobre tierras buenas a costo cero, pero hoy necesitan de fertilizantes, sistemas de riego y otros que no tienen”, agregó.

Las condiciones actuales son totalmente distintas. El país ya no tiene tierras para expandirse, los suelos están deteriorados, el empobrecimiento de la masa campesina aumentó y las políticas dirigidas al sector son pocas y restringidas.

Según Alemán, convertir a Nicaragua en el “Granero de Centroamérica” aún es posible, pero depende de la articulación de una política real hacia los pequeños productores en quienes recae este tipo de actividad.

Estas políticas deben contemplar un efectivo programa de crédito, aumentar los rendimientos por superficie cultivada con un sistema intensivo y aumentar o mejorar la infraestructura productiva.

Asimismo, para garantizar la seguridad alimentaria nacional es necesario regular la cadena productiva en que los productores tengan estímulo con mejores precios, que los comerciantes no sean usureros y que los consumidores tengan acceso al producto.

“La sola oferta de producción de granos no garantiza la seguridad alimentaria”, afirmó el investigador de la UCA.  

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