- No se acuerda que el 12 de septiembre
de 1980 dio conferencia de prensa junto
a Lenín Cerna, jefe de la Seguridad del
Estado, para acusar a Bernardino Larios
de conspirar para asesinar a los nueve
comandantes de la Dirección Nacional - “Yo me condolía mucho de los presos y fui acusado de arbitrario porque yo los ponía en libertad”, asegura Borge
- Borge admite “exageraciones”,
fusilamientos y “represión
contrarrevolucionaria”
EDUARDO [email protected]
Tomás Borge ahora apela al olvido. Pero el 12 de septiembre de 1980, acompañado de un desafiante Lenín Cerna, jefe de la Seguridad del Estado y un cabizbajo comandante Walter Ferreti, informó al mundo en conferencia de prensa de supuestos planes para dar muerte a los nueve comandantes de la revolución sandinista.
Un Borge de gruesos espejuelos, vistiendo su clásico uniforme verde olivo, aire de desenfado y hastío, presentó a Francisco Antonio Martínez Rodríguez, ex teniente de la Guardia Nacional, quien atestiguó que el ex coronel GN Bernardino Larios, lo involucró en el supuesto complot para asesinar a los nueve comandantes de la Dirección Nacional.
Larios fue arrestado al filo de la medianoche del 9 de septiembre de 1980, en su casa de habitación, la No. 78 de Villa Fontana Norte, junto a su sobrino Roberto Larios López. Una amiga suya también sería arrestada posteriormente.
Dos días después LA PRENSA publicó una carta dirigida a Tomás Borge Martínez, ministro del Interior sandinista.
En la carta, Larios afirma que la Seguridad del Estado ha interrogado a sus amistades para saber si tiene contactos con la Central de Inteligencia Americana (CIA) y si era capaz de sublevarse contra los sandinistas después de haber conspirado contra los Somoza.
La carta es más bien un grito de descontento político y no evidencia ninguna conspiración.
“A nosotros se nos niega el carácter de revolucionarios y por eso estamos expuestos a ser llamados contrarrevolucionarios, reaccionarios, enemigos de los intereses del pueblo, etc., etc. En realidad no somos nada de eso; apenas somos personas que no pensamos como usted”, le dice Larios a Borge en la carta.
Agrega: “usted sabe que yo no soy marxista leninista y yo sé que usted sí lo es, y que mientras permanezca en el poder, tratará siempre y con todos los medios a su alcance de implantar el comunismo en nuestro país, sin embargo no lo censuro por eso, porque lo considero coherente con su ideología”.
Hay que recordar que los sandinistas en aquella época renegaban en público de tener vinculación con el bloque socialista y las ideas comunistas. La carta costó a Larios pasar tres años y medio de su vida en prisión.
Borge le respondió a Larios durante la conferencia de prensa en aquel septiembre de 1980: “El ex coronel Larios no está detenido por no ser marxista leninista, ni por ser cristiano, sino por atentar contra la Revolución… Si tuviéramos que detener a todos los cristianos y a los no marxistas, tendríamos que detener a la casi totalidad de la población nicaragüense”.
Veintiún años después, Borge dice que desde inicio de los ochenta tenía una buena impresión de Larios, ya que se rebeló contra Somoza “con actitudes patrióticas”.
Asegura que no recuerda por qué lo encarceló, aunque asevera que “en aquel momento había tácticas conspirativas de algunos, seguramente Bernardino Larios las tuvo, pero existía la tendencia a la exageración de parte nuestra, vivíamos amenazados permanentemente por los Estados Unidos y por la contrarrevolución, entonces nuestros mecanismos de defensa estaban como erizados y yo me imagino que algunas conversaciones de Bernardino Larios con otros, sobre descontento con la situación, debe habernos inducido a exagerar los riesgos que implicaba cualquier conspiración por muy insignificante que fuera”.
LA PRENSA: O sea, comandante Borge, que había cierta paranoia en la Seguridad del Estado…
TOMAS BORGE: “No paranoia, ese es un término patológico. Había una justificada desconfianza proveniente del odio visceral que emanaba del gobierno de los Estados Unidos y de los sectores sociales afectados negativamente para sus intereses por la Revolución. Nos odiaron mucho. Vivíamos a la defensiva y esta actitud se expresaba en actitudes ofensivas.
La represión contrarrevolucionaria nunca fue exagerada, pero también hubo cierto grado de represión como producto de ese estado de suspicacia permanente a que nos condujo la agresión de la que era víctima el proceso revolucionario”.
LP: Bernardino Larios publicó una carta el 11 de septiembre de 1980 donde lo señaló a usted de ser marxista-leninista. Al día siguiente fue detenido, en la carta él solamente dice que su pecado es pensar diferente a usted. ¿Eso le molestó?
TB: “A mí eso nunca me ha molestado, todo el mundo ha dicho que somos marxistas leninistas”.
LP: Y en efecto, ¿Usted ha sido marxista-leninista?
TB: “¡Para qué me hacés esa pregunta! Me parece mal intencionada”.
LP: No, ¿Por qué?
TB: “Claro que sí. Para que yo diga “Soy marxista leninista”. O diga que no lo soy. Si digo que no soy marxista-leninista estoy renegando de mis principios y si digo que sí, dirán que soy el peligroso monstruo marxista-leninista. No creo que él haya sido detenido por decirme marxista-leninista”.
LP: Pero la Corte Suprema de Justicia absolvió (a Larios) de los supuestos delitos de intentar secuestrar a los nueve comandantes del FSLN…
TB: “La Corte lo absolvió, lo cual refleja que había un estado de derecho”.
LP: Pero Bernardino Larios permaneció tres años y medio encarcelado, siendo inocente…
TB: “Por eso, pero la Corte lo absolvió. Tal vez esos tres años y medio fueron excesivos, puede ser que haya sido producto del momento histórico que estábamos viviendo, donde cualquier cosa… claro, hay algunos que estuvieron presos por muchos años, y fueron asesinos. Otros que no estuvieron presos pero que también eran asesinos y merecían estar presos. Todos ellos fueron puestos en libertad producto de las negociaciones que se sostuvo con los adversarios de la Revolución”.
LP: Bernardino Larios lo acusa de haberlo amenazado de muerte en la cárcel, afirmando que a Franklin Montenegro y al Chele Aguilar les habían prometido ejecución y les cumplieron…
TB: “El pobre Bernardino está inventando allí. ¡Cómo voy a ser tan idiota yo, para decirle que voy a ir a matarlo al igual que a Montenegro y el Chele Aguilera, un torturador!. No recuerdo si el Chele Aguilera murió, si fue así, debió ser en los primeros días de victoria de la Revolución, debió haber sido pasado por las armas por las fuerzas revolucionarias, no lo recuerdo exactamente. Pero sí recuerdo que el Chele Aguilera era un famoso torturador de León.
Después de la victoria hubo muchos fusilamientos, bastantes, en Granada, algunos aislados en León, pero de eso ni cuenta nos dábamos nosotros, e incluso, mi intervención fue para parar precisamente esos métodos con los que yo no estaba de acuerdo. Yo llegaba con frecuencia a las cárceles, visitaba a los presos, llegaba a darles consuelo, ese era mi estilo. Todo el mundo lo sabe. En la seguridad del Estado y en la Policía”.
LP: Lo que sostiene Larios es que usted llegaba a burlarse de los reos…
TB: “¡Pobrecito!… Al contrario, tenía fama entre los mismos presos de ser generoso con ellos puesto que yo había estado encarcelado durante la dictadura somocista. Yo creé las cárceles de régimen abierto, donde los ex guardias, contrarrevolucionarios y delincuentes estaban en granjas sin ninguna vigilancia. Yo me condolía mucho de los presos y fui acusado de arbitrario porque yo los ponía en libertad, sin orden judicial. Yo no le tengo antipatía a Bernardino Larios, me parece explicable que ahora esté hablando en contra nuestra, debe tener algún grado de resentimiento, lo cual es totalmente explicable”.