Hace 21 años los nicaragüenses derrocaron al régimen de Anastasio Somoza Debayle. Lo que fue la “vanguardia” de ese alzamiento hoy se presenta como un partido desgastado por la ambición del poder, según sus críticos.

FSLN llega agotado a la mayoría de edad

El FSLN cumple 21 años de haber alcanzado el poder, pero ahora, en vez de ser una Vanguardia triunfante, los desencantados del FSLN lo ven como un partido agotado, dividido, limitado a rendir pleitesía a la figura mesiánica de su caudillo, Daniel Ortega, al que la cúpula del FSLN ve como única garantía de conservar […]

  • El FSLN cumple 21 años
    de haber alcanzado el poder, pero ahora, en vez de ser una Vanguardia triunfante, los desencantados del FSLN lo ven como un
    partido agotado, dividido, limitado
    a rendir pleitesía a la figura
    mesiánica de su caudillo,
    Daniel Ortega, al que la cúpula
    del FSLN ve como única garantía
    de conservar sus privilegios
    y reconquistar el Poder
  • “Conozco al monstruo porque viví en sus entrañas”
    José Martí

RAPHAELE [email protected]

Se puede evaluar la posición de un partido en el sistema político a base del porcentaje de votos obtenidos en elecciones. En este sentido, y a pesar de una erosión cierta en la década pasada, el FSLN sigue siendo la segunda fuerza política de Nicaragua (con 41% de los votos para las elecciones presidenciales de febrero 1990, 28% en las elecciones de la Costa Atlántica de febrero 1994 y 37.7% en octubre 1996).

Sin embargo, el poder y la credibilidad de un partido se miden también mediante las posiciones ideológicas que defiende, sus valores internos y la imagen que proyectan sus principales líderes. Precisamente, las críticas que enfrenta el FSLN, sean de dentro del partido sean de afuera, están en torno a los principios políticos, éticos e ideológicos, o la ausencia de éstos, en el partido y su cúpula: Falta de ética, enriquecimiento ilícito, ausencia de democracia interna, alejamiento de las demandas del pueblo y colaboración con los liberales, tales son los principales elementos de un diagnóstico compartido por los entrevistados.

Los inconformes han tomado diferentes caminos, unos siguen luchando dentro del instrumento político que ellos mismos forjaron, otros optaron (voluntarios u obligados) por otros rumbos. Hoy en día, muchos de los sandinistas más destacados condenan la máquina política autoritaria del FSLN. Consideran que el Frente Sandinista, despojado de sus valores éticos y morales y alejado de sus ideales originales, traicionó al pueblo y al sandinismo de los orígenes. Un diagnóstico que revela la decadencia del FSLN pero que, según los disidentes, al mismo tiempo abre nuevas perspectivas políticas para que persistan los valores de lo que llaman el “sandinismo original”.

Mientras fue un incipiente movimiento guerrillero, y aún en los momentos de máxima gloria, el FSLN tuvo que enfrentar disidencia, como lo ilustra el caso de Edén Pastora, legendario guerrillero que estuvo dentro y fuera del sandinismo hasta que decidió hacerles la guerra definitivamente en 1981.

En 1985, Moisés Hassan entregó su renuncia porque enfrentaba “un conflicto entre su ética personal y las prácticas del Frente”. Pero fue la derrota electoral de febrero 1990 la que aceleró la dinámica de división dentro del FSLN: cuestionamientos, divisiones y disidencias surgieron a raíz de una reforma necesaria pero siempre postergada.

Al revelar la oposición entre una corriente ortodoxa (encabezada por Daniel Ortega) y una corriente reformista (incluyendo entre otros a Sergio Ramírez y al comandante Henry Ruiz), el Congreso Extraordinario de mayo 1994 subrayó las divergencias profundas dentro del Partido: los reformistas exigían la renovación de la cúpula del partido, la introducción de una verdadera democracia interna y volver a lo que llaman la defensa del pueblo. El Congreso de 1994 marcó una ruptura entre el FSLN y un “sandinismo amplio”, ruptura consumada en 1995 con la creación del Movimiento Renovador Sandinista de Sergio Ramírez. Hoy en día, los autoproclamados del “sandinismo amplio” apuntan, sin complacencia, a los errores históricos del FSLN.

EL NACIMIENTO DE UNA “NUEVA CLASE”

Para los críticos del FSLN, este partido se presenta hoy como un partido alejado de los ideales que defendía en sus primeros años de lucha a pesar de mantenerlos en su retórica revolucionaria. Y eso no tiene que ver con una nueva orientación política tomada por la cúpula del partido, más bien viene, señalan, de la falta de ética de los principales dirigentes del FSLN y de su enriquecimiento que les alejaron de los problemas del pueblo.

En su ensayo, El sandinismo, 20 años después, Oscar René Vargas habla de la conversión de los dirigentes del Frente en una “nueva clase” de empresarios y de propietarios enriquecidos. “Los principales cuadros del sandinismo ortodoxo conforman un gran estrato social, armado de inmensos recursos materiales y técnicos, embarcados en la lucha por sus propios intereses y ajenos a los intereses de la mayoría de la población”, afirma. Según Vargas, el enriquecimiento de la cúpula sandinista tiene dos efectos: por un lado demuestra la falta de ética de la cúpula porque se trata de un enriquecimiento ilegal (la llamada “piñata”) y por otro lado, hace que el programa político del Frente deje de tomar en cuenta las aspiraciones de las clases más pobres de Nicaragua. “El FSLN sacrificó los intereses populares a los intereses económicos de la “nueva clase”, escribe el autor.

Ex funcionario de relaciones internacionales del FSLN y ex teniente coronel del EPS, ahora miembro del Movimiento de Unidad Sandinista, Irvin Dávila, comparte la visión de Vargas. “Cuando éramos revolucionarios, guerrilleros y militantes de una organización político-militar, la causa era la causa del pueblo, la lucha contra la pobreza, la explotación, por la honradez, la fraternidad… esos valores, a partir de 1990 y de la ‘piñata’ son olvidados. La ‘piñata’, y más de la ‘piñata’, conlleva a un enriquecimiento que provoca la contradicción de carácter ético y moral dentro del Frente”, analiza.

Para muchos de los sandinistas críticos del FSLN y para la casi totalidad de los antisandinistas, la conversión de los dirigentes históricos del movimiento en una clase enriquecida constituye sin duda un pecado si remisión. Según Carlos Guadamuz, concejal de Managua, ex militante del FSLN y ex director de Radio Ya, “la piñata era una idea justa que fue traicionada, se trataba de dar propiedad a los que no tenían, pero la cúpula se repartió casas, fincas y terrenos en Las Colinas y en Santo Domingo, con una voracidad terrible”, dice.

Sin embargo, para Moisés Hassan, el enriquecimiento de los dirigentes del FSLN remonta a los primeros años de ejercicio del poder. “La corrupción se manifestó al principio como un abuso generalizado de bienes del Estado (que intentaron legalizar con la ‘piñata’) y luego con la compra de bienes por el gobierno a precios mucho más altos que los del mercado”. En un país en ruina, el estilo de vida lujoso y ostentoso de los cuadros del partido entraba en contradicción con la ética de un partido que se decía revolucionario. Con “la constitución de una casta militar parecida a la de Somoza, la historia se estaba repitiendo”, recuerda Hassan.

Para los entrevistados, la contradicción entre un discurso de justicia social y el abandono de toda ética por parte de la cúpula, marca la decadencia del partido y explica, entre otros, el pacto con el gobierno de Arnoldo Alemán. De dentro del sandinismo amplio, el pacto no se juzga como una táctica para conseguir un espacio político, sino como un compromiso con los liberales para proteger los intereses de la “nueva clase” sandinista y mantenerse en el poder.

UNA CÚPULA CUYO UNICO INTERÉS ES EL PODER

Según Dora María Téllez, ahora presidenta del MRS, el FSLN es un partido político que se va erosionando porque carece de un programa y se ha convertido “en una cúpula cuyo interés único es el poder y por eso ha coincidido con la cúpula del PLC para pactar y mantenerse en el poder”. Irvin Dávila también contempla la idea de que el pacto que une al PLC con el FSLN no es más que una maniobra para proteger los intereses de la cúpula del Frente. Él considera el pacto como “la convivencia de dos grupos políticos que se enriquecieron ilícitamente y que, hoy en día, han cometido demasiadas ilegalidades e inmoralidades frente al pueblo y a la comunidad internacional, razones por las que ellos están obligados a protegerse mutuamente”, opina. Con el pacto, al FSLN se convierte en un blanco fácil para los ex miembros del FSLN que, desde el principio de los años noventa, amenazan el FSLN con el argumento moral y ético.

En este sentido, Hassan considera que los disidentes que despertaron después de la derrota electoral, son faltos de credibilidad. “Sus críticas no son falsas pero el momento de hablar para salvar la revolución era poco tiempo después del triunfo (…) su situación en los ochenta era muy cómoda, porque estaban cerca del poder, y no quisieron perderla”, dice Moisés calificando también al movimiento de renovadores de “oportunista”, porque cuando él emitió las primeras críticas, nadie la apoyó.

LA FALTA DE DEMOCRACIA INTERNA

Otro argumento que comparten los críticos del sandinismo es la falta de democracia interna, sin duda porque ellos mismos fueron víctimas del sistema interno del partido. El caudillismo, como rasgo de la cultura política de Nicaragua, se encuentra en el FSLN pero, dicen los entrevistados, el autoritarismo, el verticalismo y la obediencia a Daniel Ortega impiden cualquier crítica constructiva dentro del partido. Para Dávila, “la democracia interna del partido es nula; el caudillismo dentro del partido no es solamente el hecho de que una persona, Daniel Ortega, se autoproclama jefe, también tiene que ver con la creación de un instrumento político que le demuestra fidelidad al jefe y que el jefe mantiene gracias a prebendas y protecciones”, explica Irvin Dávila.

El caudillismo se desarrolló durante los años ochenta, pero a partir de los noventa, el poder que era compartido entre los miembros de la Dirección Nacional “pasa a ser exclusivamente ejercido por Daniel y Humberto Ortega”, según Moisés Hassan. A su juicio, hoy en día el partido está sustentado por Daniel, convertido en “caudillo indiscutible”, y su hermano en la sombra. Para él, no cabe duda de que la militarización de la campaña electoral del FSLN la está impulsando Humberto Ortega. Considera que la única manera de verdaderamente poner en peligro al FSLN sería al despojar a Daniel Ortega de su imagen de todopodersoso.

Para ilustrar el hecho de que, según ellos, el partido está todavía sustentado en la eliminación de toda crítica al interior del partido, Irvin Dávila y Dora María Tellez citan el caso de Carlos Guadamuz que ambos consideran como un ejemplo obvio de perseguido político, “el caso de persecución política más aterradora de Nicaragua”, insiste Dora María Téllez. El mismo Guadamuz se considera como una víctima de la máquina política sumamente autoritaria del FSLN: “Me expulsaron de manera brutal, sin darme el derecho a la defensa”, explica, y agrega: “La cúpula te arranca la cabeza si querés presentarte, porque ha secuestrado los cargos de la dirección del partido como los cargos a las elecciones populares. Entonces, los diputados son completamente obedientes, una obediencia ciega para Daniel Ortega porque hay un chantaje en el sentido de que si no te sometés, no vas a dobletear”.

Además, hoy en día la falta de democracia interna está acentuada por el fenómeno de militarización del FSLN, según Guadamuz y Dávila. “Ya hemos logrado un nivel de paramilitarización del partido que impide totalmente el desarrollo de la democracia interna”, afirma Dávila. Explica Guadamuz que la misma mentalidad de los militares va a profundizar la actitud excluyente y segregacionista que ya prevalece en el FSLN: “Piensan, como Somoza, que están lo más seguro rodeados de militares, pero están aislados; además, han creado rechazo dentro de las bases”, considera Guadamuz.

EL FSLN ESTÁ AGOTADO

Para Dora María Téllez, Guadamuz y Dávila, el FSLN no tiene futuro como fuerza política y su capacidad de renovación es limitada o casi ausente, sin embargo piensan que hay un futuro para “el sandinismo fuera del FSLN”. El partido, según ellos, no tiene el monopolio del sandinismo legítimo y eso por dos factores: la ausencia de un verdadero proyecto político y social para la población y la dominación de una cúpula cuya ambición es mantenerse en el poder.

Para Dora María Téllez, “el único error del Frente es el de no tener programa político, no tiene nada que ofrecer al pueblo sandinista, tampoco rumbo político y credibilidad. Con el PLC son dos partidos idénticos, sin programa, sólo queda una maquinaria política”. Agrega Irvin Dávila: “el instrumento que nosotros habíamos forjado se volvió obsoleto nos provoca desencanto, decepciones, frustración y a muchos también desmovilización política”.

Pero los críticos del Frente no son decepcionados del sandinismo. Según ellos, el sandinismo sigue siendo una opción para Nicaragua. Todos hacen la distinción entre el pueblo, los ideales sandinistas y la actuación política del Frente Sandinista. “En el pasado no se podía concebir a alguien que fuera sandinista sin pertenecer al FSLN, pero hoy en día el nivel de deterioro del Frente es tan grande que podemos hacer una diferencia entre el FSLN y el sandinismo amplio. Porque el FSLN se ha convertido en el danielismo y no hay futuro para el FSLN”, afirma Dávila

Para Dora María Téllez, “la esencia del sandinismo es la misma, es una esencia nacional, democrática, cuya primera opción es por la gente con más necesidades y que se coloca frente a la cuestión étnica, medio ambiente, globalización, nuevos desafíos del siglo 21”.  

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