FSLN, expresión organizada del verdadero sandinismo

RAPHAELE [email protected] A partir de la derrota electoral de 1990, el Frente Sandinista entra en una nueva fase de su historia, se vuelve un partido electoral cuyo nuevo “combate” es llegar al poder democráticamente. Según Wálmaro Gutiérrez, tal etapa de la historia del FSLN favoreció las “fricciones y las divisiones”. Sin embargo, a las críticas […]

RAPHAELE [email protected]

A partir de la derrota electoral de 1990, el Frente Sandinista entra en una nueva fase de su historia, se vuelve un partido electoral cuyo nuevo “combate” es llegar al poder democráticamente. Según Wálmaro Gutiérrez, tal etapa de la historia del FSLN favoreció las “fricciones y las divisiones”. Sin embargo, a las críticas hechas por los disidentes y los decepcionados del FSLN, este diputado que se describe como “un militante de base”, miembro de la junta directiva de la bancada sandinista, tiene respuestas firmes y bien preparadas.

A su juicio, la consolidación del FSLN dentro de las reglas del juego electoral ha generado tensiones que culminaron en el Congreso Extraordinario de 1994. “La verdadera y única disidencia que ha existido en el FSLN ocurrió después del ‘sismo político’ del Congreso de 1994”, considera Gutiérrez, pero no fue por motivos ideológicos sino por ambiciones de poder. “No fue una lucha ideológica o de principios políticos sino que era un grupo muy reducido de personas que sencillamente no vieron satisfechas sus ambiciones de poder estructuralmente dentro del FSLN”, dice.

Gutierrez considera que los señalamientos y los elementos que utilizan los críticos del FSLN para justificar su ruptura con el FSLN no son fundados. “Relativo a la democracia interna, yo creo que el FSLN ha dado ejemplo de desarrollo institucional y democrático”. A su juicio, el hecho de que el partido elige a los diferentes cargos públicos de elección popular por la vía de la consulta popular, y el hecho de que la base organizada elige a la estructura política e institucional del partido en un voto directo y secreto, demuestran el nivel de democratización interna del FSLN.

Además, la discusión interna es libre, afirma Gutiérrez dando como ejemplo las reformas constitucionales de 1999 y 2000 que, según él, fueron ampliamente discutidas. Y cuando se le pregunta acerca del “caso Guadamuz”, Gutiérrez explica que la expulsión de Carlos Guadamuz procede de un quebrantamiento de las normas del estatuto del partido, de una falta de respeto a la dignidad humana del resto de los militantes y a las decisiones políticas del partido. A su juicio es esencial, para la credibilidad de cualquier partido, hacer respetar sus propias reglas internas.

En cuanto a la falta de ética y a la corrupción a las cuales apuntan los críticos del partido, Gutiérrez insiste en distinguir entre “los hechos individuales y el FSLN”. Para Gutiérrez, el verdadero sentido de la “piñata” es un proceso de redistribución de tierras, de viviendas y de acciones de las empresas públicas a favor de los más pobres, proceso del cual se dice muy “orgulloso”. Sin embargo, agrega que “si en el marco de un proceso de transición miembros del FSLN se amararon en un enriquecimiento ilícito, ellos tienen que responder directa y personalmente ante la justicia del país independientemente de quien haya sido”.

Sostiene además, que el enriquecimiento de algunos – “que se debe de perseguir y castigar”– no significa que el FSLN se haya enriquecido como partido. Asegura que “el FSLN no tiene bienes, propiedades, derechos o acciones generados por el proceso de transición o que me lo demuestren con documentos…”.

Argumenta también que las críticas que hacen los ex miembros del partido tienen poca credibilidad ya que, según él, “muchas de las personas que ahora critican la supuesta llamada ‘piñata’ en un momento u otro participaron de la misma y, yo no sé con qué autoridad moral y con qué autoridad ética ahora vienen a hacer señalamientos”.

Para él, a pesar de las divisiones, el FSLN sigue siendo la expresión organizada del verdadero sandinismo y él rechaza las críticas que hablan del alejamiento del FSLN, de sus bases y de sus ideales originales. “El FSLN es la primera fuerza política en este país y la movilización popular para el candidato Herty Lewites demuestra el apoyo de las bases a nuestro proyecto”, dice. “El pacto con el PLC no significa que nos alejamos de nuestros ideales o que nos comprometimos políticamente, se trata de una conquista del Estado y de sus instituciones para el pueblo que representamos”.

“Nosotros pretendemos ser la vanguardia de un proyecto de nación y todo el partido trabaja en este sentido”, afirma. A las acusaciones de arcaísmo y caudillismo Gutiérrez responde que el FSLN trabaja con dos orientaciones: “El liderazgo político de Daniel Ortega representa la seguridad de no menos del 25 por ciento, es una realidad objetiva de la que no podemos huir y los dirigentes históricos del FSLN tienen una valía enorme; sin embargo, el partido tiene también un proyecto de formación de nuevos cuadros y de una nueva generación de líderes”, explica. Con tal combinación, piensa que el FSLN puede enfrentar los desafíos electorales y las críticas.  

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