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David Cone está en el montículo, no tratando de captar las señas del catcher y establecer la sincronización requerida, sino lanzando maldiciones hacia todos lados…¿Quién diablos le mueve la zona de strike para desajustarlo?…¿Cómo es posible que los bateadores sepan que les va a ofrecer y puedan anticiparse con seguridad, si se supone, que todo envío desde 60 pies 6 pulgadas, es un misterio como los trazados por Stephen King?
A los 37 años, ese brazo derecho que fue un brillante ganador de 20 juegos por sólo 3 derrotas en el 88 cuando trabajaba para los Mets, y obtuvo en Cy Young de 1994 con Kansas City, se está derritiendo dramáticamente, sin que el manager Joe Torre, los fanáticos yanquis y el propio Steinbrenner, quien autorizó su firma por un año, puedan hacer algo.
Después de 20 triunfos en el 98, Cone fue reducido a 12 en el 99, pero ganó dos veces sin perder en la postemporada, mostrando suficiente autoridad para atraer a los Yanquis hacia una atractiva oferta, aunque limitada en tiempo por naturales razones de prudencia.
¿Que se esperaba de Cone en este 2000?… El coach de pitcheo, Mel Stottlemyre, habló de unas 14 victorias, y todos lo consideraron algo factible, pero, a lo largo de 17 aperturas, Cone sólo ha podido ganar un juego el 28 de abril contra Toronto, perdiendo en 8 ocasiones con una inefectividad de 6.63…Según esas cifras, Cone debería estar ganando para un par de quesillos y una jícara de tiste, no la cifra millonaria garantizada.
Desde que construyó su obra maestra, el Juego Perfecto contra Montreal el 18 de julio del 99, Cone ha ganado tres juegos y perdido 13 con 5.86 en carreras limpias durante 30 inicios…¿No es eso algo catastrófico?…Bueno, no tanto como descubrir que se robaron las esculturas de Miguel Angel en Florencia.
Podríamos pensar, con esa frieza de una sola vía: qué buen ojo mostraron los Yanquis para no atreverse a ofrecerle algo más que un año de contrato, pero, ese no es el tipo de cálculo que están haciendo, sino lamentando el fracaso de un pitcher que debería haber proporcionado un estimable aporte.
Menos mal que Toronto también perdió la noche del lunes y los Yanquis, pese al naufragio de Cone, lograron conservar esa imperceptible ventaja de medio juego, con Boston amenazante al ritmo ofensivo casi alucinante de Nomar Garcíaparra.
“Pese a lo que ha estado ocurriendo, no estoy acabado”, dijo Cone… Esa es una vieja frase que nos sirve de estímulo temporal, a quienes vemos como el viento se lleva como si fuera hoja seca, lo mejor que en un tiempo pudimos ofrecer.
“Regresaré”, dice Cone, cómo se le escuchó a tantos Generales que nunca pudieron hacerlo.
El problema es agobiante: la velocidad de Cone no está funcionando, el movimiento extra en su recta ha desaparecido, su localización necesita un “ajustador” y cuando recurre a su bolsa de trucos, no encuentra nada donde usualmente había algo.
A los 37 años, el látigo de Cone ha envejecido, tiene canas y está sangrando…”No estoy acabado”, dijo al New York Post, sólo que está lanzando como si lo estuviera.