EDGARD RODRIGUEZ [email protected]
Hay cosas que para interpretarlas no basta con haberlas observado… Quizá por eso me cueste comprender lo que Cairo Murillo siente mientras cabalga sobre el lomo de un furioso y desbocado toro, que no intenta sino quitárselo de encima.
Murillo es un atleta valiente. Lo vimos saltar desde el béisbol de segunda división a la propia selección nacional donde desempeñó un rol de liderazgo en el Premundial de 1998 y luego en los torneos que le sucedieron. No le rehúye a los retos.
Pero de ser valiente a suicida, hay mucho trecho.
Cairo se ha vuelto una de las sensaciones en las fiestas patronales de Santa Ana en el siempre activo municipio de Nandaime. Y no propiamente porque impacte desde un montículo, sino porque se está robando el show como montador de toros.
El tiene derecho a hacer de su vida lo que estime conveniente… Y cabalgar sobre el lomo de un toro, quizá le permita un placer extraordinario, pero es triste soslayar el riesgo que con eso corre, mientras coloca su futuro sobre un cacho.
En Nandaime y gran parte del país, Cairo es la gran figura, la elección de la gente. Y atrapado por ese entusiasmo y el impulso que produce la embriaguez emocional, quizá sienta la necesidad de correr ese riesgo, pero eso no tiene sentido.
Murillo podría no ser espectacular como lanzador, pero si no es el mejor de lo que hay en la actualidad, es el que le sigue. En cambio como “torero” no alcanza entre los cien mejores y lo único que puede agarrar es una peligrosa lesión o algo más.
No existe siquiera una razón lógica para entender a Cairo y su deseo de empeñar su futuro en los cachos de un toro. Su futuro está en la colina y no en una barrera. Y si él no lo entiende, tienen que ayudarlo quienes están más próximos.
Ese deseo de subirse a un toro para deleitar a la gente, es sumamente riesgoso y un mal le hacen quienes le aplauden, en lugar de detenerlo. Lo de Cairo no es ímpetu juvenil. Es inmadurez extrema. Y ojalá logre entenderlo.
Para Nandaime y hasta Nicaragua entera, Cairo es más útil como pitcher que como montador de toros. Y aunque no conozco las remuneraciones de un torero, desde la colina debe obtener mejores dividendos y mayores prerrogativas.
Una lesión en un dedo de su mano derecha y otra caída con anterioridad, deberían ser una advertencia, pero Cairo no parece inmutarse.