- Muchas de las personas que sí regresaron a sus terrenos, tenían necesidad de ir a ver cómo quedaron sus casas, qué pueden recuperar de los despojos y de qué manera reanudar sus vidas
KARLA MARENCO [email protected]
Desolación y pobreza es lo único que se mira en las comunidades de la Laguna de Apoyo. Aunque mucha gente se quedó en la calle la idea de permanecer en sus terrenos guarecidos en champas hechas con plástico y ripios de madera, a espera del publicitado proyecto de “techo y piso” que prometió el Gobierno, es mejor que estar hacinados y limitados en un refugio.
Sólo 340 personas, unas 57 familias, que habitan en los planes de la laguna se quedaron en el refugio de la Escuela Laura Vicuña porque tienen miedo de regresar y revivir aquel terrible día en que lo perdieron todo. Además, ellos mismos dicen que no es cierto que los estén obligando a salir.
Muchas de las personas que sí regresaron a sus terrenos, tenían necesidad de ir a ver cómo quedaron sus casas, qué pueden recuperar de los despojos y de qué manera reanudar sus vidas.
LA PRENSA realizó un recorrido por los sectores de la Laguna de Apoyo, la gente se reúne en los patios a comentar una y otra vez la desgracia a buscar cómo desechar lo que no sirve y apartar trastos, ropa, enseres domésticos y otras cosas que les son útiles ahora que cesó la emergencia.
En realidad, la crisis económica y social apenas comienza en las zonas afectadas por el terremoto de la Laguna de Apoyo, porque aunque el Comité de Emergencia dispuso darle a cada familia que se fue de los refugios, paquetes de comida para dos semanas y 10 yardas de plástico para dormir en champas, el drama de no tener un trabajo entristece a la gente.
Uno de ellos es don Roberto Pavón, de oficio zapatero. El ahora tendrá que ver cómo se las ingenia para obtener el sustento diario porque cuando el terremoto botó su casa, uno de los muros aplastó la máquina que tenía para cocer los zapatos.
Para él, su esposa y sus cuatro hijos mayores, la situación económica se pondrá negra, porque antes del terremoto por lo menos vendían una docena de zapatos a la semana en el mercado a 30 ó 35 córdobas cada par, ahora no podrán hacerlo si no tienen la máquina para coser.
Don Roberto dice que le debe al banco 2,000 córdobas y si compra una máquina usada para reponer la pérdida, tiene que invertir por lo menos 1,500 córdobas y ese dinero no lo tiene.
Otra que trata de recuperarse es doña Nemesia Méndez Téllez, a quien encontramos buscando un espacio en su terreno para poner de nuevo su venta de “chucherías” y gaseosas porque afirma que no puede depositar sus esperanzas en el Gobierno.
Don Félix Téllez también es otro que se quedó sin empleo. El dice que ahora no podrá seguir haciendo labores de construcción en las casas de veraneo ubicadas a orillas de la laguna, porque considera que ningún turista querrá seguir construyendo en una zona sísmica.
TRISTEZA Y DESANIMO EN REFUGIO LAURA VICUÑA
Mientras tanto, en el Refugio Laura Vicuña, aunque hay un poco más de espacio para quienes se quedaron, hay mucha tristeza y desánimo. El Ministerio de la Familia está garantizando la comida. La Defensa Civil se quedó para apoyar el traslado de las personas hacia las comunidades y otras actividades.
El brote de diarrea que se presentó el lunes y afectó a más de 100 personas ya está controlado. La directora de Higiene y Epidemiología de Masaya, Soledad Cortés, sostuvo que el incidente no fue por falta de control de los alimentos, sino porque hay personas que cuando alteran su dieta con alimentos que no acostumbran comer, pueden sufrir problemas estomacales.
Por otro lado, un equipo de sicólogas y siquiatras enviadas por el SILAIS-Masaya, ayer conversaban con algunas señoras que tenían crisis emocionales porque no logran recuperarse del momento en que la tierra se movió y destrozó todo.
Las labores de salud mental que realiza el Ministerio de Salud, consisten en hablar con la gente para que se desahoguen. Muchos tienen pesadillas, pierden el apetito, están deprimidos. Hoy habrá una labor recreativa en el refugio Laura Vicuña para que los niños puedan expresar sus emociones negativas y positivas a través de dibujos y otras terapias.