- El Ferry fue un punto de recreación social en el que la élite unionense realizó lujosas fiestas, durante los paseos
nocturnos, por el Golfo, mientras bailaban y
comían al compás de
orquestas musicales
traídas desde
San Salvador
NOEL HERNANDEZ [email protected]
La esperanza de revivir los días que el Ferry navegó como el Rey del Golfo de Fonseca, se acrecienta entre los habitantes de los viejos puertos de Potosí en Nicaragua y La Unión en El Salvador, a medida que se escucha hablar de su inminente reactivación.
La gente que lo vio piensa que la vida volverá a ser como antes, cuando navegó por el Golfo en la década del setenta.
“El Fonseca”, como se le bautizó, no sólo fue un medio para transportar todo tipo de vehículo de carga y pasajeros, también fue fuente de trabajo y recreación.
Los recuerdos todavía viven en la mente de muchas personas que evocan los momentos cuando navegaron en el Ferry, como don Alejandro Pérez, un salvadoreño de La Unión que dice sentirse orgulloso por haberse subido.
El Ferry fue un punto de recreación social en el que la élite unionense realizó lujosas fiestas, durante los paseos nocturnos, por el Golfo, mientras bailaban y comían al compás de orquestas musicales traídas desde San Salvador, relata Pérez.
Cuando se acercaba al puerto se escuchaba desde lejos el sonido de la sirena anunciando su llegada, era entonces cuando las vendedoras salían a su encuentro.
“Cuando venía de noche vendíamos fresco, pan, café, éramos como 20 mujeres, la vida era buena porque los furgoneros nos compraban y vendían cosas de las que traían de El Salvador”, cuenta Dinorah Díaz, quien junto a su hermana trabajó vendiendo alimentos para los viajeros del Ferry.
Después de atracar, los 22 tripulantes de la embarcación se encargaban de dirigir la salida de los vehículos de carga y los pasajeros que viajaban a bordo, el puerto recobraba su vida, “había trabajo para las vendedoras, carrilleros y demás trabajadores de oficina”, recordó Antonio Ramos Martínez quien fue responsable de carga del Ferry en Potosí.
Según los pobladores, en Potosí siempre hubo problemas con el abastecimiento de agua potable, por lo que cuando atracaba “El Fonseca” en el muelle la gente se subía con baldes para que los tripulantes les regalaran agua.
Durante su travesía de tres horas por el Golfo los transportistas y pasajeros descansaban, ponían hamacas, otros jugaban naipes, mientras que otros sólo se dedicaban a observar el amplio paisaje del Golfo.
«NUEVOS HORIZONTES”
La sirena del Ferry sonó por primera vez el ocho de diciembre de 1971 cuando el general Fidel Sánchez Hernández, Presidente de El Salvador, y el general Anastasio Somoza Debayle, Presidente de Nicaragua, inauguraron las terminales portuarias ubicadas en La Unión y Potosí.
El Ferry fue originalmente un barquito que traía un camión, desde El Salvador a Nicaragua, con el tiempo y la necesidad de incrementar su capacidad de transporte, se pensó en lanchones más grandes con capacidad para tres camiones que eran arrastrados con barcos remolcadores, recuerda Antonio Ramos Martínez, quien trabajó de responsable de carga del Ferry en Potosí.
Un viejo recorte de un periódico salvadoreño titula el acontecimiento como el descubrimiento de “Nuevos Horizontes”, por ser un puente marítimo en el Golfo de Fonseca.
Ramos dice que el Ferry fue un proyecto que surgió producto de cierre fronterizo que Honduras impuso a El Salvador con “La Guerra del Fútbol” en 1969.
Pero al poco tiempo se inauguró “El Fonseca”, que según Ramos, tenía una capacidad para transportar 9 furgones, 22 camiones, tres vehículos pequeños y 300 pasajeros al mismo tiempo, y bultos a granel.
Quienes lo dirigieron recuerdan que el Ferry le pertenecía a Nicaragua, pero todo el tiempo fue administrado por El Salvador, “porque en ese entonces decía el general Somoza que había muchos problemas en Potosí con las guerrillas”.
Después vino El Tamarindo en 1972 donado por los Estados Unidos al momento de traer ropa para las víctimas del terremoto de Managua, pero al poco tiempo falló y trabajó como un Ferry remolcado con lanchas, hasta 1976.
TARIFA SE COMPARÓ CON COSTOS DE OPERACIÓN TERRESTRE
Elida Valle de Díaz, administradora y esposa del gerente dependiente que estuvo a cargo del Ferry en La Unión, manifiesta que las tarifas de transporte del “Fonseca” estaban ajustadas a los costos que los de operación que los transportistas tenían por carreteras.
Dice que para definir las tarifas del Ferry se averiguó cuánto le costaba a un transportista cruzarse de El Salvador a Nicaragua, atravesando Honduras.
“Se apuntó todo lo que iban gastando furgones, camiones a doble eje, carros, para acoplar la tarifa a los gastos de carretera”, recuerda.
Durante el tiempo que operó el Ferry tuvo una frecuencia de un viaje por día y en cada travesía de ida y vuelta recaudando en promedio entre ocho mil y nueve mil colones (3,200-3,600 dólares de la época), relata Valle.
El declive del Ferry, según Ramos, fue después que Somoza perdió la guerra en 1979, el barco fue llevado a El Salvador, pero luego el gobierno sandinista lo recuperó y trabajó hasta junio del 1983, quedando varado en las costas de Potosí, junto a los restos del también corroído Tamarindo.
Hoy, 20 años después, el Rey del Golfo casi cubierto por la arena, pero vivo en la memoria de la gente su regreso trae de nuevo la esperanza de reactivar la frontera marítima entre Nicaragua y El Salvador.
Tarifas Moneda salvadoreña (colones)
Equivalente en dólares (2.5 colones por dólar)
Furgón: 720 288
Camión doble eje 430 172
Camión Sencillo 360 144
Camión tres toneladas 270 108
Carro Sencillo 112.50 45
Pasajeros 10-30 4-12
POTOSI Y LA UNION: HISTORIA DE DOS “CIUDADES”
Potosí, ubicado a 73 kilómetros de Chinandega y a 223 de Managua, está apenas poblado por 1,800 personas, en su mayoría pescadores que viven en chozas hechas con palmas, es una comunidad que dista mucho de su contraparte portuaria de La Unión un departamento con 75,000 habitantes ubicado al sur de El Salvador.
La Unión tiene una economía basada en el comercio de mariscos y la agricultura, también cuenta con grandes empresas y toda la infraestructura de servicios.
Está ubicado a 238 kilómetros de San Salvador y a tan sólo 34 kilómetros del puesto fronterizo hondureño “El Amatillo”, distancias que son fáciles de recorrer por el buen estado de sus carreteras.
Sin embargo, la realidad es otra por el lado de Nicaragua porque el acceso a Potosí está cubierto con 42 kilómetros de pavimento y 32 kilómetros de camino de piedra, recientemente rehabilitados por el Ministerio de Transporte e Infraestructura (MTI).
Desde que los gobiernos de ambos países firmaron un convenio para reactivar de nuevo el Ferry los habitantes de ambos lados del Golfo tienen grandes expectativas sobre el desarrollo que podrá generar en sus localidades.
Aunque aún no existen cálculos de cuánto puedan recaudar las municipalidades de ambos países, el Ferry podrá generar una serie de actividades comerciales en torno a él.
Tendrá que ofrecer servicios anexos y conexos como bancas, algún tipo de servicios básicos para los usuarios, donde se pueda tener restaurantes, hospedajes, “porque no todo el mundo va a estar en condiciones de hacer operaciones de un solo día”, manifiesta César Ruy Miranda, presidente de la Comisión Ejecutiva Portuaria Autónoma (CEPA) de El Salvador.
TENDRAN QUE CONSTRUIR NUEVOS PUERTOS PARA EL FERRY
Del viejo puerto en Potosí, sólo quedan el muelle de concreto donde arrimó años atrás “El Fonseca” y “El Tamarindo”.
También hay una bodega que sirvió de aduana y 14 manzanas invadidas por el monte donde antes hubo oficinas, agencias de aduana y bodegas.
Carlos Morice, presidente de la Empresa Nacional de Puertos (ENP), dice que la empresa que gane la concesión de la ruta del Ferry tendrá que invertir dos millones de dólares en la infraestructura que necesitará para el inicio de sus operaciones.
Por el lado de El Salvador el muelle “Punta Ruca”, situado en la bahía donde se asienta La Unión, no será utilizado nuevamente como terminal portuaria del nuevo Ferry porque es utilizado por la Fuerza Naval Salvadoreña.