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Hace unas semanas, en la revista argentina “El Gráfico”, leí una entrevista al zurdo Guillermo Vilas, descalificando a la mayoría de tenistas actuales… “Falta consistencia, no hay dominio, el espectáculo ha desaparecido”, dijo quien fue un fiero rival para Borg, Connors, Nastase, Orantes y McEnroe en aquella época de los 70.
¿Tuvo tiempo Vilas para ver ayer el duelo Agassi-Rafter ganado espectacularmente por el australiano en cinco sets, después de batallar casi tres horas y media?
Ese puede ser el juego del año… Lo tuvo de todo, intensidad, ritmo alucinante, emoción por toneladas, asombro constante, diagonales increíbles producto de la habilidad para manejar una geometría destructiva, piernas para viajar de Londres a Roma y regresar a tiempo para devolver un globo medido milimétricamente.
Agassi ofreció lo mejor de su repertorio: sinkers, sliders, nudillos, rectas de humo, cambios, pero Rafter, amante de un tenis casi suicida, fue temerariamente a la red, no cuando las circunstancias lo recomendaban, sino cuando se le antojaba, sorprendiéndonos a todos, incluso él mismo, y consiguiendo, a base de unos reflejos que ridiculizarían a un tigre joven, y una prontitud matemática, devoluciones sólo posibles por medio de Nintendo.
Rafter ganó el primero y el tercer set, perdió el segundo y el cuarto, y tuvo más reservas físicas para acelerar a fondo en el último y doblegar al tenaz y combativo Agassi, congelando su inspiración.
Qué juego señores, y ahora el Tigre Rafter enfrentará a Pete Sampras en la final del domingo, que, si los problemas musculares no afectan al norteamericano, puede ser tan sensacional e impredecible, como el visto ayer por NBC… Muchas pantallas de televisores saltaron hechas añicos en vista de la violencia del match.
Todos los deportes han evolucionado, incluso el Tenis señor Vilas… Este Tenis que se juega hoy, con saques encima de los 200 kilómetros, cortes que parecen cuchilladas, bolas muertas con amortiguación de Ferrari, llegadas a la red para fajarse como si se tratara de una pelea de boxeo, es mucho más exigente.
Y es natural… Uno ve la final del 70 entre Brasil y México, y la compara con un juego Holanda-Francia, y es fácil captar la diferencia en todo, rotación de hombres, cambios de posición, vertiginosa circulación de la pelota, dificultad terrible para encontrar espacios vacíos, falta de tiempo para levantar la cabeza.
Por supuesto, existen Monstruos para todas las épocas como Borg, Connors, Nastase, Billie Jean King, Margaret Court, Navratilova, Graf, pero hoy la jungla está más poblada de fieras… Rivales temibles aparecen en cualquier esquina.
¿Qué pasará hoy entre Venus Williams y Lindsay Davenport en la final de mujeres?… Eliminadas Hingis, Serena, Mónica, Arantxa, Mary Pierce y resto de las mejores cartas de la baraja, todo queda entre Venus y Lindsay, la primera más veloz y con mucha fortaleza, la otra con poder y astucia…Steffi Graf que estará en las tribunas, no se atrevería a subestimar a ninguna de ellas como lo hizo Vilas con las fieras del momento.