EDGARD RODRIGUEZ [email protected]
Dicen que Geraldo Guzmán parece una mezcla de Pedro Martínez y de Jim Morris.
Su recta y su físico lucen como una réplica del astro del Boston y el camino que lo ha llevado a Triple A y ahora a las Mayores, es similar a la historia del profesor de Wisconsin que tras diez años de retiro, debutó con Tampa Bay.
Claro, no es Pedro, aunque el jueves tiró como él ante Houston. Tampoco es Morris pese a que su destierro de la colina fue de ocho años. Firmado por Montreal en 1989, Guzmán colgó su carabina en 1991 y se dedicó a ayudar a su familia en Tenares, Dominicana, en el taller de carpintería.
Sin embargo, tras ser observado el año pasado por el scout Junior Noboa, la carrera de Guzmán pareció revivir. Noboa le consiguió un espacio en un club en Taiwan y el año pasado lo firmó y lo envió a Doble A con Arizona.
“No es una amenaza para Matt Mantei o alguno de los abridores, pero es un hecho que dentro de poco será una adición importante en nuestro staff”, dice Tommy Jones, director de operaciones de ligas menores de los Diamondbacks. Su recta camina 95 millas y este jueves ante Houston probó que tiene algo más.
No obstante, lo esencial no es lo que Geraldo haga o deje de hacer. Lo esencial es que recibió un chance después que pareció cohete quemado. Montreal lo botó en 1991 y ocho años después, Noboa le abre un espacio y está en las Mayores. Bueno, Junior hizo lo mismo con Alex Cabrera. También con Erubiel Durazo y otros más.
Ah, Noboa también firmó a Vicente Padilla, pieza clave en el futuro de Arizona. Y usted sabe que al nica lo habían descartado los Yanquis y Seattle. Tomó a William Juárez y andaba en busca de Walter López. Tampoco es que se trate del Rey Midas pero da la impresión que lo que firma se vuelve un éxito.