- Ex trabajador de empresa del
Ejército asegura que Walter Solís
lo torturó mientras lo tuvo
detenido ilegalmente durante 10 días en la Estación Seis de la
Policía de Managua - Le apodaban “Perro Pequinés, porque era chiquito y a todo
mundo quería morder” - “Fijate que nos sacaban en pelota (desnudos) y ahí nos tenían en
posición incómoda. Llegaban a humillarnos”, relató Luis
JOSE ADAN [email protected]
Luis Manuel Pérez Manzanares trabajaba como chofer en la Empresa de Acopio de Perecederos, propiedad del Ejército Popular Sandinista, la cual estaba ubicada en el Mercado de Mayoreo. Pérez Manzanares supuestamente fue asaltado en 1988 y junto a once compañeros de trabajo decidieron denunciar el hecho delictivo ante las autoridades.
Pusieron la denuncia en la Estación Seis de la Policía de Managua, pero ese mismo día fueron detenidos por el jefe de Investigaciones de ese departamento: el teniente de la Policía Sandinista, Walter Solís, quien los detuvo bajo sospecha de haber robado a una empresa estatal.
Pérez Manzanares afirma que estuvo diez días preso junto a otra decena de personas más y durante ese tiempo Solís, junto a otros oficiales, presuntamente lo torturó varias veces a medianoche.
LA PRENSA intentó confirmar esta historia con Solís y pese a que había prometido conceder una entrevista para hablar de su vida, ayer a las 3:30 de la tarde, cuando nos presentamos al despacho en los juzgados capitalinos, éste dijo que no podía atendernos hasta hoy.
Pérez asegura que Solís los sacaba desnudos, los mojaba y los exponía al aire acondicionado para que “confesaran” el delito. Pérez, quien al inicio no quería identificarse por temor a que le pase algo a él o su familia, aseguró que el ahora juez le repetía constantemente que confesara que él había sido el autor del robo, y que si no lo hacía apresarían a su esposa para violarla.
Durante el tiempo que Pérez estuvo detenido, sostuvo que indagó entre los mismos policías y con gente por el sector de La Subasta y comprobó que Solís era uno de los oficiales más temidos como investigador, y que por su carácter represivo y violento lo apodaron “El Perro Pequinés”.
“Porque era chiquito y a todo mundo quería morder”, recuerda Pérez. Sus jefes inmediatos en esa estación eran Pedro Escobar y Pedro Aguilar, quienes fueron denunciados ante el entonces jefe de la Policía, René Vivas, por las actuaciones poco profesionales en el ejercicio de sus funciones.
En respuesta a la denuncia contra Solís, René Vivas envió al temido procesador a la Policía de Ciudad Sandino en el Distrito Uno.
LA PRENSA: ¿Cómo fue la situación?
Luis Manuel Pérez: Yo hacía un recorrido todos los días a las cuatro de la tarde con todos los operarios y estibadores de la Empresa. Pasamos sacando a los compradores. Uno de los compradores vivía de la MABER para el lago (norte) y por ese sector nos encañonaron dos “majes”.
Cuando miro que me llegan a encañonar y me bajan del vehículo, arrancan y se llevan el vehículo.
El jefe de Investigaciones era Walter Solís, que tenía el rango de teniente. En esa estación policial había tres oficiales: Pedro Escobar, que era el jefe de la sección; el segundo jefe era Pedro Aguilar, que sigue siendo policía, y el jefe de investigaciones que era Walter Solís.
A partir de ese momento nos tuvieron presos diez días y comenzó un calvario para todos nosotros, que no tenés ideas. Nos trataron como delincuentes, nos tomaron las huellas digitales como lo más último. Nos sacaban en la mañana y en la noche. Durante toda la noche, y el que dirigía toda las investigaciones era ese Walter Solís.
Fijate que nos sacaban en pelota (desnudos) y ahí nos tenían en posición incómoda. Llegaban a humillarnos. Se alternaban entre los tres. A mí nunca se me olvida eso porque a mí nadie me había hecho tanta tortura, y menos por ir a poner una denuncia.
LP: ¿En qué año fue eso?
LMP: No recuerdo. Fue entre 1987 y 1988, no recuerdo bien el año.
LP: ¿Usted recuerda la fecha exacta?
LMP: Fijate que no recuerdo. Ha pasado tanto tiempo, pues, pero aunque yo traté de olvidar eso, no se me olvida, no se me olvida nunca.
LP: ¿Después de los diez días salieron libres?
LMP: Después de diez días la empresa se portó huevona y nos mantuvo la comida. Era una empresa del Ejército que era mantenida por dos tenientes.
LP: ¿Usted nunca puso la denuncia, posterior a eso?
LMP: Después, cuando nosotros salimos, yo tenía un cuñado que era fotógrafo de LA PRENSA, se llama José Rojas Espinosa, y estando detenido hice una nota para denunciar todo lo que nos estaban haciendo, las torturas y humillaciones a que nos sometió. ¿Sabés todo lo que nos decía Walter Solís?: Que si yo no decía quién era el ladrón, iban a mandar a traer presa a mi mujer y a meterla; a ver si me iba a gustar.
Cuando me agarraban los tres juntos me decían lo mismo: que iban a meter presa a mi mujer. Por eso te digo que usaron hasta lo más último. Si actuó así como policía, qué no hará ahora como juez.
LP:¿Esa nota que usted envió a LA PRENSA se publicó?
LMP: No. La requisó Solís y la quitó. Cuando salimos, me dice Walter Solís, no se me olvida nunca: “mirá gordito, porque yo padecía de la presión y esa chochada me estuvo afectando, ya van de viaje, pero cuidado vas a hablar locura a los periódicos”.
Cuando salimos hicimos una carta y se la enviamos a René Vivas para denunciar las torturas y para limpiar el expediente. Después sacamos la carta en un periódico, creo que era LA PRENSA pero no me acuerdo bien.
René Vivas los mandó a llamar a los tres ellos y nos llevó al edificio y ahí estaba Pedro Escobar, Walter Solís y nos carearon y nosotros les dijimos lo que nos hicieron. Luego supe que lo enviaron a la Policía de Ciudad Sandino y hasta ahora que lo estoy viendo de flamante juez.