- Son ganaderos estadounidenses
los que están asumiendo la
responsabilidad de patrullar la
frontera entre Estados Unidos y
México, capturando a un número
cada vez mayor de emigrantes
ilegales
(TIME)
Primera de 3 partes
Hace algunos años, cuando los mexicanos cruzaban el desierto y llegaban tambaleantes al rancho de Helen Hoffman en Douglas, Arizona, la familia montaba una pequeña mesa para los visitantes sedientos, les daban agua y comida y quizás trabajo durante algunos días. Pero eso cambió.
Ahora, cuando su esposo Robert sale a controlar el ganado que pasta en sus 200 hectáreas en Douglas, cerca de la frontera, ve “cabezas que se asoman por encima de los arbustos”, dice Helen. En varias ocasiones, bandas de inmigrantes ilegales intentaron apoderarse de su camioneta y entrar en su casa rodeada de altos álamos, para robarles.
Unas noches atrás, Robert, de 84 años, se había acomodado delante del televisor con la desagradable sensación de que alguien lo estaba observando. Levantó la vista y vio cuatro pares de ojos que lo miraban fijamente a través de la ventana. Robert, quien recién se está recuperando de una operación de bypass coronario triple, se demoró un poco en tomar la escopeta que ahora guarda detrás de la puerta. Para cuando lo hizo, los merodeadores se habían esfumado en la oscuridad. Desde entonces, Helen rara vez sale al patio sin su pistola de 9 mm, ni siquiera a plena luz del día.
“No soy racista. ¿Por qué habría de serlo? Tengo una nuera mexicana”, comenta Helen, de 78 años, una mujer robusta y de gran tenacidad. “Pero estamos padeciendo una verdadera invasión en este país y a nadie parece importarle un comino”.
La ira contra la ola de inmigrantes ilegales está creciendo rápidamente entre los residentes de las fronteras de los estados de Arizona, Texas y Nuevo México, gente de espíritu independiente y acostumbrada al uso de armas de fuego. En los últimos tres años el número de emigrantes ilegales filtrándose a través de la frontera ha permanecido constante. Llegan desde México, donde un tercio de la población vive con 2 dólares al día, y de otros países donde la pobreza, los desastres y la inestabilidad política han generado un éxodo de refugiados.
Desde principios de los años 90, la policía ha establecido las operaciones Hold the Line (Mantener la línea) y Gatekeeper (Guardabarreras) para sellar la frontera de California.
Pero estas medidas no han logrado disuadir por mucho tiempo a los inmigrantes ilegales y a los coyotes que los guían. Por el contrario, los han llevado hacia los desiertos del sudoeste, donde buena parte de las tierras adyacentes a esta frontera sin alambradas entre EE.UU. y México pertenece a rancheros y residentes rurales. Son personas como los Hoffman quienes ocupan hoy la primera línea de combate en la batalla que libra el gobierno de Clinton para asegurar su frontera sur, una batalla que está perdiendo.
Muchos norteamericanos que creen en el derecho de los ciudadanos a defender su propiedad y a portar armas, ven a estos rancheros como verdaderos patriotas que hacen lo que debería estar haciendo el gobierno.
Algunos como Roger Barnett, de Douglas, quien se jacta de capturar emigrantes ilegales en su propiedad —hasta 170 en un día— se han convertido en héroes de los activistas que se oponen a la inmigración en todo el país. Grupos como la Patrulla Americana y la Coalición de California para la Reforma en la Inmigración, suelen compararlos en su material de propaganda con los milicianos de la guerra de la independencia de Estados Unidos.
Pero esa propaganda también ofrece un lado desdeñable. En la localidad de Douglas se han dejado ver pasquines que ofrecen a los voluntarios la posibilidad de unirse al “viejo individualismo del Oeste” para ayudar a los rancheros a atrapar a los emigrantes.
(Tomado de CNN digital).